PARA:


La escuela particular de don José (no reglada) estaba adaptada a una vivienda frente al mar, en el entonces aún no playa de la Concha, por lo que el recorrido entre ella y mi casa era costero… Podría tener unos siete u ocho años, cuando salí una tarde de clase, pegado al poyete marítimo (cantiles, para entendernos). Había reflujo de mar, y eso hacía desaparecer los contados “secos”, por lo que el agua pegaba un par de palmos de altura en el muro. A mitad de camino, vi un grupo de mújoles pequeño (galúas los llamábamos), boqueando en el cantil… “Son presa fácil para freírlos en la cena”, me dije a mí mismo.
Así que no me lo pensé dos veces: busqué por los atrios de las casas abandonadas al invierno, encontré un trapo viejo arrimado, quizá, por el levante, y, formando una bolsa de cuatro nudos, descolgué mi escaso cuerpo alargando el brazo cuanto podía a ver si podía atrapar a unos cuantos… Llegué a mi casa magullado, roto, empapado y sin ningún pescado.
Me ha venido esta vivencia de crío a la memoria al leer el “pacto político” al que ha llegado España y Reino Unido sobre Gibraltar…Nuestro país, como a mí me pasó, confiado en el trapo que Europa le brindaba, ha regresado a casa igual que yo entonces: magullado, mojado y sin pescado alguno que llevar a la sartén. O eso mismo es lo que me parece a mí, aunque muy bien puedo estar equivocado; pero a Gibraltar le hemos garantizado un globo de oxígeno demoliendo la verja y no dejando barrera fronteriza alguna entre el Peñón y La Línea… Sabido es que la colonia se nutre de “llanitos” que emplea en sus empresas, allí libres de impuestos, y, por lo tanto, ideales evasores de capitales y/o blanqueo de los mismos.
Al gobierno de Sánchez les han dado las del tocomocho dejándonos controlar el puerto y el aeropuerto junto a la policía gibraltareña, encima… Esto es: en vez de endurecer la libre circulación y asfixiarlos por el bolsillo, que es por dónde únicamente se les puede agarrar, por el contrario, les damos manga ancha en las entradas y las salidas, y a nosotros nos ponen de guardia donde menos podemos hacer por nosotros mismos, que es, en definitiva, de lo que se trata… Europa se quita de encima una mosca cojonera ahora que los ingleses amagan un acercamiento que les alivie su error del Bréxit, y España, que era la ganadora virtual de la salida y de todos los pulsos, tira sus triunfos por el cantil, y sale mojada, magullada y perjudicada. Igual que yo cuando creí que podía pescar unos peces tan a mano.
“El compromiso prevé un proceso de convergencia en los impuestos para “evitar distorsiones”, aclara en titulares la prensa nacional (E.P.12/6) y en primera página… pero yo me he leído las tres páginas interiores enteras que ocupa la información, y no me he percatado por ningún lado de nada de tales “distorsiones” que dice que hay que evitar en Gibraltar, y prefiero escribirlo rimando porque duele menos que timando… Aunque, la verdad, tampoco esperaba yo que nadie tirara cohetes, salvo, claro, los propios gibraltareños, como así ha sido. Les ha caído el Euromillón. Eliminación de controles de personas y mercancías en un mercado europeo del que España es socio y ellos no (con esto, ya como si lo fueran), pero de lo que se beneficia la Roca aún siendo colonia británica… Pues cojonudo, óigan…
Feijóo, en su desvarío como oposición insinúa que “el pacto oculta intereses personales”… Naturalmente, pero ¿de quién esta vez?, ¿de Sánchez?, ¿de su mujer?, ¿de su hermano?, ¿de su cuñao?.. Algo que habrá que buscar por ahí de alguna parentela con intereses espurios, en vez de acusar y señalar la incompetencia para defender los intereses de los españoles todos, que es lo que, en definitiva, se trata. Total y absoluta inoperancia en ese minimínister de opereta que tenemos… Pero, claro, naturalmente, a él tampoco le interesa más que a los suyos propios y los de su (mala) sombra; ni tampoco a su influencer DíazAyuso. Así que nada que objetar sobre tal particular.
La clave está – ha estado siempre – en esos quince mil trabajadores transfronterizados que viven de Gibraltar y de su tráfico, sea narco o no, dígase ya de paso y porque viene a cuento de aqueste cuento… Ningún gobierno, ninguno, ni dictatorial, ni derechas ni izquierdas, ha abordado la única solución: dejar de suministrarle vida a Gibraltar, potenciando la zona de Algeciras con industria suficiente como no tener que depender de la rica cueva de piratas vecina… Cuando la metrópolis (London) se hubiera cansado de sostener un punto que ya ni es estratégico ni es nada, lo soltaría y caería por sí mismo, pero ahora les pagamos nosotros los gastos.
Así que “el Campo de Gibraltar saluda una nueva etapa entre la cautela y el excepticismo” reza en banda ancha de esa misma prensa antes citada… Naturalmente: cautela, porque saben que esos herederos de Drake que son los gibretaños, van a seguir puteando nuestras aguas jurisdiccionales, ahora con patente de corsarios; y excepticismo, porque también saben que todo va a seguir siendo lo mismo, sino peor.
La verdadera verdad, la auténtica y genuina, es que a Andalucía le va de perlas que los “llanitos” le de de comer a su sur más pobre, mientras ellos viven como marqueses en sus casoplones españoles fuera de su rocódromo; e igual mientras el estado español, ¡olé!, se ahorra de tener que hacer inversiones multimillonarias para dotar el tejido productivo suficiente para cubrir los empleos que mamean del Peñón… Todo lo demás es patrioterismo del barato y del bastardo si me apuran… Aquello de “Gibraltar español” de aquel generalifato, ya no lo corean ni sus herederos confesos, ni sus abascaleros tentetiesos… Así que, como les dije al principio de este articulado artículo: mojado y sin pescado, sí, vale, pero alijos de contrabando no nos habrán de faltar. Es una forma de tenernos entretenidos mientras ellos se dan por servidos.
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / www.escriburgo.com / miguel@galindofi.com
