LO QUE SE CALLA

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Después del episodio del M.V. Hondius con el Hantavirus de fondo, en Burdeos, Francia, un megacrucero con nada menos que 1.700 pasajeros a bordo, tuvo un caso de muerte, un anciano de noventa años, y más de ochenta infectados por un virus gastrointestinal que produce vómitos, diarreas, fiebre alta, etc… Un simple y vulgar virus, pero que se contagia como la peste, y en el que se precisa el aislamiento del enfermo hasta que sobrepase su etapa viral activa y todo eso. Un tipo, no sé si típico o atípico, de gastroenteritis con mala leche.

Naturalmente, saltaron todas las alarmas y se puso todo el mundo a correr, si bien que sin montar el circo que la oposición y el presidente canario montaron en España… Éste, Fernando Clavijo, según lo posteriormente sabido (EP,14/5, pg.13) parece ser que, en vez de consultar a expertos sanitarios, lo hizo con una I.A. de las que corren por ahí, que le respondió que, si había ratas en el barco, bien podían llegar nadando a las islas. Eso ocurre cuando se naufraga y en el caso que haya ratas que no se ahoguen. Pero el hombre solo vio lo que quería ver… Lo demás, es historia y los numeritos de siempre.

Pero yo quiero ir por otro lado en el de hoy… Y es en lo vulnerable que somos ante cualquier naturaleza adversa de este tipo, y la ignorancia que exhibimos en las consecuencias de los actos que nosotros mismos provocamos. Se sabe de siempre (no es nada nuevo) que los espacios acotados con acumulación de gente es el terreno idóneo para la propagación de enfermedades víricas. Y un crucero, no es ni más ni menos que eso mismo en mitad del mar. Cualquier aglomeración es “bocato di cardinale” para cualquier virus que se precie. Por otro lado, esos hoteles flotantes visitan un mogollón de países exóticos sin advertir al pasaje de las enfermedades endémicas en tales lugares (el Hanta se conocía en Argentina desde hace años). Pero, claro, el negocio es el negocio y todo eso puede espantar clientes.

Naturalmente, eso afecta a todo un estilo de vida hedonista, que es el alimento principal de unos intereses económicos gigantescos: el turismo, y cuanto más desaforado, mejor… Por supuesto, el narcisismo imperante (viajar y comer) en la sociedad actual no se va a reconocer, pues nos hemos vuelto ciegos al riesgo y sordos a la prudencia, y seguiremos montándonos nuestros safaris. Eso lo tengo muy claro. Pero también tengo clarísimo que la naturaleza seguirá montándose los suyos; y atacando a los que la atacan. Al fin y al cabo, actúa en defensa propia: nosotros promocionamos el turismo masivo y depredador, y ella responde legítimamente a tales ataques, según sus medios naturales. Pero la gente podrá ir en manada a pisotear la flora y fauna hasta la Patagonia, y volverse con un virus endémico local al que su organismo no opone resistencia por no estar preparado… Al fin y al cabo, es lo más normal y lógico del mundo.

Por supuesto, el discurso general y generalizado es no decir, ni reconocer, la verdad completa. Nunca… Y no se va a matar la gallina de los huevos que pagan como oro, cuando nos vengan podridos,  infectados o mal dados. Es la ley de la oferta y la demanda, sí, pero no deroga la de causa y efecto, que sigue vigente y muy vigente. Donde todos recogemos lo que sembramos… No se puede devolver al supermercado de consumo generalizado con ninguna queja.

Pero es aquí solo dónde se nos escamotea información de riesgo. También a la hora de vendernos seguridad… No sé si recordarán que, hace algún tiempo, escribí sobre un misterioso buque ruso, el “Ursa Major”, hundido en nuestras costas cartageneras, y que portaba material radiactivo con destino, parece ser, a Corea, con todo lo ocurrido envuelto en el mayor de los silencios y ocultaciones. Ocurrió en diciembre de 2024, y se ha callado hasta ahora.

Pues bien, es en este ahora cuando se destapa que la nave era una de las seiscientas que Rusia utiliza como “Flota Fantasma” – así se la conoce –  para esquivar las sanciones europeas, y que suelen llevar, según el propio capitán del Ursa Major, “combustible atómico”… Pero es que la Armada reconoce que, al menos unos sesenta de esos buques se han captado en aguas españolas (no aclara si interceptados)… Y esto está ocurriendo todos los días en la puerta de nuestra casa sin que se entere ni el gato que duerme en la alfombra de la entrada. Y afecta, eso sí que sí, a la seguridad nacional, que, en definitiva, es mucho más importante que esa difusa y profusa “prioridad” nacional. A esto, por cierto, Vox no dice ni pío.

Y es que vivimos – así lo creemos – en una Arcadia feliz, que se nos vende como lo que en realidad no es, a cambio de nuestro voto en urna y nuestra aportación al fisco. Todo lo demás es Pan, Circo e Inserso; el oro, incienso y mirra que los magos políticos nos traen a los ciudadanos. Y nosotros, encantados de la vida, nos dejamos comprar. El truco es el más viejo y sencillo del mundo: “dile a la gente lo que la gente quiere oír”. Y punto pelota. No hay mucho más allá de este juego de la Oca, pero sigo tirando cuando me toca.

José Múgica, ya saben quién digo, opinaba de los cruceros que eran “bombas humanas flotando en el mar, tanto para el propio mar como para ellos mismos”… Yo opino que todo puede ser mejorable en lo posible, pero ignoro si lo querremos mejorar. Además, ¿qué más da?.. Todo el planeta es un gigantesco crucero flotando a la deriva en el universo, y donde la tripulación que lo lleva se ha contagiado del virus de la locura. Échenle un vistazo por la claraboya al mundo, y luego vienen y me lo cuentan…

Miguel Galindo Sánchez / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.