

Cuando escribo éste se está realizando el operativo del traslado del pasaje del crucero MV Hondius, a los aviones que los llevarán a sus respectivos países de origen para ser puestos en cuarentena por la nueva alarma viral del Hanta… Hasta este preciso momento, no parece haber ningún infectado más, salvo los ya controlados como posibles, y el fallecido de a bordo. Pero salvo esta cuestión, si todo se resuelve bien, ojalá, todo quedará en un mal recuerdo. Eso atemperará la, por otro lado, inevitable reminiscencia del pasado coronavirus, que es lo que ahora está en el pensamiento de todo el mundo.
Pero yo quiero analizar otra cosa, si me lo permiten, y es el comportamiento humano. Un crucero de alto standing (los ricos también lloran) en la situación de verse en alta mar, sin asistencia posible y con la espada de Damocles pendiente sobre sus vidas, me pongo en el pellejo de cualquiera de ellos, y pienso, en el caso de haber tenido opción a las mismas noticias que nosotros hemos seguido, qué sentirían al ver que Marruecos les niega el auxilio en primera opción, y España y Canarias, como siempre, debatiéndose entre el egoísmo y la solidaridad, donde el presidente de las islas se negaba hasta el último momento de incluso la posibilidad de fondear; y el de la Nación (con la oposición en oposición, claro) en su postura de colaborar con la OMS como ayuda humanitaria internacional.
Al final, se hizo lo más razonable, si es que apreciamos en algo los ajenos sentimientos humanos, aparte los nuestros. La postura del de Canarias fue un tanto ruin, y no se puso a la altura, más bien se mantuvo en la abajura; lo un Feijóo pegado a Vox haciendo política rastrera y sin un solo ápice de ética, culpando al Ejecutivo de poner a España en peligro, es de miserables. No vale cualquier cosa para hacer política. Mucho menos una tragedia humana. Si llega algo a España – los dioses no lo quieran – no será por el operativo desplegado, sino porque hubo 24 pasajeros, algunos de ellos españoles, que bajaron antes, y escapan al control, como es el caso de los posibles infectados de Alicante y Barcelona. Han venido del exterior.
Yo no me fío de los políticos responsables que entonan sus cantinelas de quitar importancia a lo que, por otro lado, destinan tantos medios, vigilancia y preocupación. Lo segundo desmiente lo primero. Y disimulan. Claro que disimulan… Todos recordamos que, al indicio de la pandemia del Coronavirus, esos tales elementos dijeron exactamente lo mismo que están soltando ahora: que no había que preocuparse, que era un bicho que se espachurraba si se caía de la mesa, y que no era para tanto… No, claro que no, era para tontos: nosotros totus… Pero no creo que la solución sea negar la ayuda humanitaria a quiénes la necesitan, y menos ejerciendo el insulto y el ataque a los que están dispuestos a echar una mano, si tienen medios para hacerlo con toda seguridad. Esos malos, pésimos, políticos, se ponen a la altura del sátrapa marroquí. Unos de Mahoma, y otros de Cristo, que responden ambos con inhumanidad a los que necesitan humanidad.
Es que, resulta tristemente curiosa nuestra doble moral: acogemos con toda la fanfarria a cientos, miles, de cruceros petados de guiris, que vienen a dejarse la pasta en paella y abalorios, pero, por otro lado, le negamos la ayuda que necesitan cuando la necesitan… No es lo mismo el dar que el tomar; no es igual echar una mano que la caja registradora; y mucho menos, la generosidad que la avidez… Aunque nosotros queramos hacer de la necesidad virtud, a veces se nos ven las entretelas.
Ya sé que todas las personas no son así, pero todas las que se dejan llevar y engañar por ultras y extremistas, sí que lo son, pues, en el fondo, es lo que quieren y esperan de los que votan… Yo saco un par de conclusiones de este caso: que pone de manifiesto la dignidad y la indignidad de nuestros políticos y de nosotros mismos, ya que ellos son los que nos representan para bien o para mal. No obstante, cada cual saque sus propias conclusiones, que para eso estamos, para servir a Dios o al Diablo, según convenga.
Y digo esto, porque este caso tiene una causa: el Turismo. Un caballo de Troya en esto de transportar gentes y bichos varios que viajan arropados en la masa de las divisas. Esta vez ha sido un contacto con un ratón rabilargo de la Patagonia el que nos ha jodido el invento. Mañana puede ser otra cosa traída de cualquier otra casa. Y eso es porque no se toman precauciones para con los riesgos de ese turismo que, ya no solo es depredador del medio, es que también puede ser depredado… Argentina conocía la existencia de ese roedor tóxico y lo que transmitía, como sin duda la Oms conoce los endémicos de otros lugares, pero no se prevé que unos turistas se acercaran a su madriguera persiguiendo a no sé qué clase de pájaros… Y esto es un detalle a tener en cuenta.
O se dictan normas a nivel internacional para que todo turista dispuesto a viajarse el mundo se vacune de todas las posibles enfermedades, endémicas y virales, de los países que van a visitar, o a asolar, o no hay pasaporte que valga… Esta podría ser una de las medidas más eficientes para que no abunden más MV Hondius con bombas humanas a bordo. Quedarse en casa sería la otra opción… O asumimos que el turismo masivo trae estos riesgos, entre otros, y actuamos en consecuencia, o nos cargamos el invento. Y como el invento no nos lo vamos a cargar porque hemos hecho de él el mayor negocio del mundo, pues habrá que elegir alguna opción que ponga coto a tales riesgos., o a sufrirlos cada vez que vengan, aunque, como siempre, paguen justos por pecadores.
Uno veía como otro, diluviando como estaba, iba tan tranquilo por la calle, calándose hasta los huesos… “Corra usted, hombre de Dios, y póngase a resguardo hasta que escampe”, le instó para que se protegiera… “Es que delante llueve igual de fuerte”, le respondió el otro… Pues eso mismo es lo que pasa; que tan solo miramos a un palmo de nuestras narices. Es mi personal opinión, naturalmente.
Miguel Galindo Sánchez / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com
