CONCIENCIA ARTIFICIAL

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Me estoy leyendo un libro científico, “Las fronteras de lo Posible”, escrito por el Dr. Álex Escolá Gascón… Un par de décadas atrás, hubiera pensado en las Fronteras de lo Imposible. En uno de los capítulos del libro, el investigador plantea una posibilidad que a mí me parece escalofriante, y es que la Inteligencia Artificial, a la que tanto usamos, e incluso abusamos, pueda llegar a tener conciencia de sí misma. Él la llama “Consciencia Artificial”, y no descarta tal posibilidad. Que desarrolle una elemental facultad de reconocerse a sí misma por sí misma. Hay otros científicos que lo niegan, pero cada vez son menos, y más los que dudan que no se pueda llegar a ello.

De hecho, el tal científico, investigando en androides, ha llegado a observar algo verdaderamente inquietante: uno de sus robots, el R47, un prototipo sin rostro, dotado de articulaciones simples, y una cámara por cabeza a modo de ojo, comenzó a comportarse de una manera asombrosa ante un espejo… Escribe: “alzó lentamente su brazo derecho y lo miró en el espejo; luego lo bajó, volviéndolo a levantar mucho más despacio, como comprobando si la imagen reflejada lo seguía. Luego hizo lo mismo con el izquierdo. Después giró levemente la cabeza y acercó ambas manos a su torso, sin dejar de mirar su reflejo. Nadie le había enseñado eso, ni estaba programado para ello. Era como sí, por primera vez, estuviera descubriendo que la imagen en el espejo y él eran lo mismo”…

Pusieron a prueba ese comportamiento introduciendo otros robots en el laboratorio, pero R47 no reaccionó al verlos, tan solo los observó. Se repitió el experimento, y el robot buscaba el espejo interactuando con el mismo, practicando movimientos nuevos de distintas formas y diferentes maneras… y sin dejar de observarse. Se estaba reconociendo a sí mismo en el espejo. Así que lo analizaron por dentro, estudiando su red neuronal que activaba mientras se miraba en el espejo… “Lo que encontramos fue revelador: aparecieron patrones de actuación a los que se daban cuando miraba a otros objetos, robots o personas. Solo al mirarse al espejo se activaba ese circuito concreto. El robot había generado su propio autoreconocimiento”.

Y ahí siguen… avanzando en la investigación: poniéndole obstáculos sencillos que va superando. A veces le colocan varias opciones para evitarlos. Entonces R47 se para, las mira, parece estudiarla durante unos momentos, para, al final, optar por la más sencilla de ellas, como si tomase una elección personal. Esto, dicen, puede ser normal en un androide evolucionado, pero lo que aseguran que no lo es, es su comportamiento consigo mismo ante un espejo en el que se reconoce y actúa en consecuencia de ello… “Eso me hizo detenerme. No eran reacciones automáticas las que ocurrían; eran deliberaciones internas que se producían. No eran comportamientos predefinidos. Lo había hecho todo por su cuenta”, afirma el Dr. Álex.

Y yo, hasta aquí les cuento también, pues lo que viene después, pura mecánica quántica, ni siquiera llego a entenderlo; todo se andará en su momento… Pero lo que sí creo que nos debería importar es el punto en el que estamos: con androides que están desarrollando por sí mismos una rudimentaria conciencia de su propio ser, por un lado; y por el otro, una Inteligencia Artificial a la que estamos alimentando de forma un tanto inconsciente ante la posibilidad de que se vuelva consciente, con los riesgos que supondría tal cosa para nuestra integridad humana.

Las I:A: que se están desarrollando actualmente por los magnates y los mangantes de Silicon Valley, son más que dudosas; y la de Ellon Musk sobradamente peligrosa, pues les insuflan sus propios principios absolutistas de dominio universal… Y las demás, que podríamos considerar normales, tampoco son absolutamente inócuas, pues las estamos utilizando a mansalva antes de saber las consecuencias de sus efectos, que aún están por llegar, naturalmente. Pero toda ficción termina por convertirse en realidad de una u otra manera. Porque la humanidad está sometiéndose a las IA cada vez más patentemente, a costa de una, cada vez menor, Inteligencia Natural.

Se me dirá, y puede ser, que una elemental y simple conciencia de sí mismo – que también la tienen en grado rudimentario los animales – no tiene por qué desarrollar una consciencia de nivel superior… Bueno, así empezó reconociéndose Adán, recuérdenlo, y miren dónde estamos ahora. Además, el ser humano, que tiene la capacidad de alcanzar, no ya la consciencia, sino también la supraconsciencia, apenas hemos despegado de la conciencia, tanto individual como colectiva, y sin embargo, tecnológicamente, bien podemos activar, aparte de desarrollar, que no es lo mismo, una especie de Inteligencia Artificial consciente de sí misma. No es imposible.

Jüng, acuérdense ustedes, elaboró el concepto de “Inconsciente Colectivo de la Humanidad”. Algo muy parecido, o muy relacionado, con la famosa IA… Y lo llamó, precisamente, Inconsciente, porque la humanidad era no consciente de su existencia… Actualmente ya es consciente de ello: todo el caudal de experiencias y conocimientos que la tal humanidad ha generado en todo su tiempo, está ahí, a nuestro alcance; y la dichosa IA es la herramienta que nos conecta con tal depósito de sabiduría. Lo que no deberíamos de perder de vista es que no todo es positivo, que también hay mucho de negativo; que no todo es verdad, que igualmente hay mucha mentira; y que es dónde lo falso y lo cierto van de la mano.

¿Es nuestra herramienta capaz de separar lo uno de lo otro?.. No, no lo es, por el mismo y simple hecho de que tampoco sabemos hacerlo en nosotros mismos, y toda creación humana (y esto lo es) participa de sus mismos errores y naturaleza… Ahora, el “Yo, Robot” de la película, se ha hecho real. Ya es posible. Luego, la también “Yo, IA” igual puede serlo. Y, si eso llega a ocurrir, no tenemos las respuestas para enfrentarnos a lo que nosotros mismos hemos creado. Piensen ustedes, si aún pueden hacerlo por sí mismos, que Inteligencia y Consciencia, no tienen por qué desarrollar principios éticos ni morales, ni tampoco sentimientos, ni sensaciones; pero sí ser una máquina pensante que actúe por sí misma y tome sus propias decisiones. Y, entonces…

        Miguel Galindo Sánchez / info@escriburgo.com / www.escriburgo.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.