

El impresionante avance de la extrema derecha en Alemania, a la que creíamos vacunada de su antiguo nazismo, y los más que infundados temores a su extensión por toda Europa, ha alcanzado niveles antes insospechados. La herramienta es el ultrapopulismo derechista, y la gasolina que se inyecta a los depósitos que mantienen sus motores en marcha, viene de las oligarquías financieras que mueven el mundo… Es así de elemental y sencillo… Farage, por ejemplo, el fascista británico, ha recibido donaciones por 85 millones de liras de un par de grandes empresarios de criptomonedas. Más que el resto de los partidos ingleses juntos.
El populismo saca sus votos del malestar y del miedo (creado) de distintas capas de la población – hasta la clase obrera vota a su enemigo natural, como sucedió en el ascenso de Hitler – y su burda estrategia es decirle a la gente lo que la gente quiere oír, aunque sean mentiras flagrantes. El método usado es convertir personas en gente, precisamente. Y es que, en el fondo, ese malestar existe, por causas múltiples, por supuesto, pero, sobre todo, la creciente desigualdad económica en las sociedades de los países, es un factor determinante de ello. Y eso es un fracaso de las políticas sociales aplicadas por los gobiernos que a sí mismos se llaman socialdemócratas… Súmenle a eso la sensación de impotencia ciudadana ante la más absoluta y vergonzosa incapacidad de los países para gobernar los flujos de capitales que mueven al mundo.
Destacados economistas se esfuerzan en denunciarlo… Y explican que otra organización económica y financiera global es posible. La deuda, la inflación, el precio del money, no están determinados por dinámicas incontrolables, si no, muy al contrario, por dinámicas interesadas del gran capital; decisiones de superricos humanos que se pueden, y se deberían, vigilar y modificar… Hace más de una década, tres grandes y reputados economistas del Banco de Inglaterra, Amar Radin, Ryland Thomas y Michael Mcleay, explicaron con meridiana claridad la forma como se crea el dinero, desmontando el cúmulo de ideas interesadamente equivocadas existentes sobre el tema, y en lo que se basa el engaño personal.
“La mayor parte del dinero en la economía moderna se crea mediante préstamos de la banca comercial”, tal y como la inventó el primer Rockefeller judío en su sostén económico al rey Jorge V… “La realidad es que los bancos no actúan simplemente como intermediarios, prestando los depósitos que los ahorradores colocan en ellos, y tampoco multiplican el de su Banco Central para crear depósitos y nuevos préstamos. La cantidad de dinero creada en la economía, depende, al final, de la política monetaria del tal banco central”. En román paladino: no existen reservas suficientes como para cubrir el dinero prestado, que es virtual, pero éste sí que genera intereses suficientes como para multiplicarse a sí mismo, en base a la usura aplicada. Lo que pasa es que se reparte entre los bolsillos de los grandes accionistas, y de los altos regidores de esa misma banca… La responsabilidad sobre la marcha de la economía se reparte entre esos pocos bancos centrales y esos muchos bancos comerciales. Lo demás, es puro cuento.
Hace un par de años, el filósofo Michael Sandl y el economista Thomas Piketty, avanzaban unos pasos más en esta cuestión. En su obra “Igualdad, qué es y por qué importa”, explicaron dónde está el dinero, con el fin de desmontar los argumentos de los más ricos, que se niegan a pagar impuestos en la proporción que los paga el tendero del barrio, o el peluquero de la esquina… Los ejecutivos les dicen que, como es su dinero, pueden enviarlo a un paraíso fiscal, y evadir los pocos impuestos que, en comparación, pagan. Pero Piketty les dice que no, que el dinero no es suyo, pues procede del trabajo colectivo de millones de personas y pequeñas empresas. Lo que ocurre es que unos muchos lo producen y unos pocos se lo embolsan.
Por eso mismo que no se puede mejorar ni equilibrar el mundo sin regularizar los movimientos y los “tocata y fuga” en el flujo de los capitales… Al final, estas oligarquías financian el populismo facha, para que embauque a los menos favorecidos en sus quejas, y así tenerlos a todos engañados al principio, y luego en un puño si hace falta. Es la lógica de su estrategia, y tiene su sentido. El Observatorio Fiscal de la Unión Europea, y el Centro de Investigación Fiscal noruego Skatteforsk, han publicado un mapa de paraísos fiscales, en un enjundioso informe bajo el muy explicativo título (en español), “¿Dónde están las ganancias que faltan?”.. Los datos de las “pérdidas” fiscales en toda Europa son tan sorprendentes como escalofriantes.
Todo este manantial de dinero derivado y “disipado” en los bolsillos más pudientes, sí que podría solucionar el grave problema social de los desequilibrios y desigualdades económicas, y tapar las grandes brechas, así como el cada vez mayor socavón en los servicios públicos, no tanto por lograr una mayor justicia social, como para evitar la peligrosa desviación hacia una extrema derecha que nos pude llevar a un nuevo nazismo. Recuerden la Historia: fue la masa obrera y los mineros los que subieron al Führer al poder. Luego, ya saben lo que vino después. La terrible y temible diferencia, es que esto está pasando hoy en muchas naciones a la vez.
Naturalmente, parar a esa extrema derecha, tan populista como el comunismo stalinista, exige medidas serias y enérgicas contra ese desmoronamiento de la “sociedad del bienestar”, y tapar la cada vez más profunda zanja de las desigualdades… Y no es culpa de la migración, en absoluto (eso es tan solo el gusano del anzuelo). Es culpa y resultado de una perversa organización económica mundial, que nos está convirtiendo en un inmenso panal de zánganos y obreros, bajo la dirección de media docena de abejas-reinas. El sistema vigente del (pésimo) reparto de la riqueza, nos lleva directamente hacia el peor populismo. Los mejores economistas mundiales no apesebrados lo están avisando para quiénes quieran saber de qué va esto. Los políticos están disimulando mientras calientan sus posaderas. Y los ciudadanos estamos pastando en los verdes valles del panycirquismo.
El dinero repartido es poder compartido; es democracia en derechos y libertades. Pero el dinero acumulado es poder acaparado… Parece mentira que estemos tan ciegos como para no querer ver lo que resulta tan evidente.
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com www.escriburgo.com
