Para:

…Que diría el César. Unas elecciones extrañas, y envenenadas, y adelantadas… Unos comicios forzados por las calabazas dadas en cámara por sus socios al Gobierno, y motivadas por una apresurada Ley Antidesahucios que ha sacado a la gente a la calle, dado el “efecto Mari Cármen”, que así habrá de bautizarse de ahora en adelante. Una llamada a las urnas, enrarecida por los acontecimientos que la rodean, y por la convocatoria de una huelga general a su rebufo, ya de paso y porque viene, o no, a cuento.
Lo normal de las huelgas generales es que se convoquen contra el gobierno de guardia, por alguna mala, o deficitaria, gestión, o como protesta de algo… Sin embargo, ésta ha sido convocada por una indefinición que se quiere hacer pasar en contra de la oposición, por haber ayudado a tumbar los tales decretos-ley antidesahucios; y a las que se han sumado los principales sindicatos, para, aprovechando el tirón, y poniéndose a su rebufo, reivindicar la actualización de los salarios ante la carestía de la vida. Tampoco es que esto me parezca mal, pero es un autobús equivocado al que se han subido, me parece a mí.
De ahí que, de momento, la precampaña haya arrancado con el gobierno actual intentando identificar esa anunciada huelga general, como un acto contra la, también actual, oposición; así como igual esa misma oposición, está usando elementos de la misma queja, para cargar contra Sánchez y compañía… Me temo que nos espera un clásico más que manido: la película de “que vienen los fachas” contra la de “que vienen los rojos”. Y eso solo puede significar una cosa: que hemos retrocedido todo lo que adelantamos en la Transición. La democracia bien entendida, no es eso.
De momento, si no se desconvoca la tal huelga general, que la preveo descafeinada, ya que hay centrales sindicales que no se han sumado a ella, al menos por ahora, cuando esto escribo, esa convocatoria va a ser un mercadillo de reivindicaciones como el Rastro madrileño… Sea contra el Gobierno, sea contra la oposición, creo (quizá quiero) entender, que es contra ambos, contra toda la clase política en general; por su mediocridad y ombliguismo; por su partidismo y su suciedad. Sin distinción alguna. Contra los unos, porque no han hecho nada, en los ocho años de gobierno, con el problema que les ha estallado en los morros, y solo se han movido, chapuceramente además, cuando las han visto mal dadas. Y contra los otros, porque tan solo se han dedicado, en ese mismo tiempo, a poner palos en las ruedas, zancadillear e insultar, sin un mínimo asomo constructivo por su parte. En realidad, esa Huelga General, se debería haber convocado el mismo día de las elecciones, también generales. Huelga de votos, urnas vacías… Ninguno de ellos los merecen.
Y es que se nos convoca a unas Elecciones para repetir lo que hay y ya sufrimos. Los mismos canes cainitas con sus mismas jaurías… O un Pedro Sánchez que se ha hecho amo y señor de su partido, y ha convertido al Psoe en su finca privada; o un Feijóo que, por el contrario, es prisionero de Vox, esclavo de sus barones, y donangelsiseñor de su Cleopatra Ayuso…. No se nos ofrece ninguna renovación que pueda mover a una razonable esperanza… “No hay nada nuevo bajo el sol”, dijo el sabio rey Salomón. Y a España, majestad, se le ha secado la imaginación, que yo le añadiría al real dicho.
Tal que en esas nos andamos… Lo único que va a mover la campaña, en realidad, es la polarización existente en la ciudadanía; la radicalización que han procurado sembrar en la gente, y que está produciendo un clima preocupante de guerracivilismo, que solo puede conducir al enfrentamiento fratricida, a lo que somos tan aficionados en toda nuestra Historia… Por un lado tenemos, como siempre, una izquierda dividida en sí misma; un puzzle de siglas que a nadie beneficia, ni en nada vale. Y por otro, una derecha escorada a su peor extremo, que es el que se está llevando el gato al agua, precisamente.
Y, aún y así, a pesar de los gritos triunfales de su mascarón de proa, Feijóo, no las tienen todas consigo… No se fían del que, con la boca chica y temblorosa, dan por abatido. No es perroSánchez, como le llaman, es gatoSánchez, porque tiene siete vidas, y es un experto en resucitar, una y otra vez, de sus batacazos. Los de su oposición, son tan ciegamente torpes – quizá sea por su odio, que no les deja razonar – que idean estrategias las cuales, al final, redundan en bazas para su enemigo, como la absurda y ruin acusación del amaño del voto por correo… El mismo Feijóo fue Director General de esa Institución, y sabe, mejor que nadie, que, precisamente ese voto, es el menos dado a meter mano, por el protocolo seguido. Salvo, claro, que él sepa, por haberla usado, dónde está la gatera.
En fin, sea como fuere, tenemos a las puertas un “santa urna bendita, lo que nos da no se quita”, que es muy posible que haga cambiar de manos la tenencia del poder (hay que ser pésimamente malos, como para no aprovechar la ocasión que tan calva pintan)… Pero no va a cambiar de hábitos a los que manejen ese poder. Van a seguir utilizándolo para sus componendas, unos contra otros, y a repetir el mismo vergonzoso espectáculo en las Cortes. Ocupe quién ocupe cada bancada del Congreso. Son los mismos personajes que nos han llevado al malestar general de la huelga ídem. Y no van a cambiar sus nepotismos, ni sus proselitismos, ni sus hijoputismos… Queden ustedes advertidos. Que quién avisa – reza el refrán – no es traidor.
Miguel Galindo Sánchez
