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Cuando esto escribo, Sánchez se estaba pensando el anticipar elecciones. Su oportunismo político le dice que, tras su pésima gestión de lo de Ceuta, quizá el convertirse en adalid de los “sincasa”, tras el vapuleo de sus socios y de la oposición al par de apremiantes decretos, puede aprovechar el descontento en las calles para culparlos a ellos de no querer resolver el problema, y arañar algo a lo ya perdido… Sabe que, si intenta aguantar al final de la legislatura, puede enfriarse la cosa y no jugar a su favor. Y yo creo que el cálculo que hará será el adelantarlas y ver si salva los muebles.
Ya sé que el problema de los desahucios, la escasez de viviendas, y el precio de la explotación por parte de los fondos buitre, viene de muy atrás, e incluso que los aliados naturales de esos tales, siempre han sido las derechas más tradicionales; pero es igualmente cierto que, su tan cacareado gobierno progresista, tampoco ha hecho absolutamente nada en sus ocho años subido al machito… Ahora, deprisa y corriendo, presenta unas medidas chapuceras hechas con remiendos, que hacen agua por todas partes, y con fecha de caducidad, malcopiando algo de lo que ya tienen países europeos como Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia. Mantener el tipo mientras escampa en la Puerta del Sol. Pero el más vale malo que peor, no es una opción.
Sin embargo, el modelo que lo solucione lo tiene en casa. Precisamente en la misma Catalunya, que ha sido pionera en implantar un sistema para hacer frente al problema… Su primera Ley Autonómica de la Vivienda, en 1991, le permitió establecer una estrategia pública de información de precios en 2007. Por eso puede enfrentar mejor la crisis actual. Se adelantó desarrollando la protección de inquilinos prevista en la ley estatal de 2023… Ya Pere Aragonés aplicó una limitación de precios de alquiler, lo que rebajó un 4,7% de los mismos en Barcelona al año siguiente hasta hoy, mientras en Madrid, como en el resto de España, las zonas tensionales se disparaban. Después, ha fomentado las ayudas a la compra de viviendas asequibles; al alquiler joven; ha dedicado esfuerzos a la contención de la vivienda de temporada; a frenar la invasión de pisos turísticos (recién se les ha subido el Ibi un 150%), convirtiendo en residenciales 10.000 existentes en la capital. Si Jaume Collboni lo ha logrado, J.L. Almeida también podrá hacerlo, o nuestro Miras Lorente, o tantos otros que tanto hablan.
Por otra parte, Salvador Illa – que está muy desaprovechado en lo nacional – apretó las tuercas a la política de la oferta, tras poner ciertos y concretos topes a los precios. Lanzó su primera apuesta en Octubre de 2024, para construir 50.000 viviendas en cinco años, aportando fondos por 4.400 millones; agilizando la creación de suelo, los plazos de tramitación y entrega, y colaborando directamente tanto con empresas privadas como con ayuntamientos… Ya se han entregado 20.000, 26.000 están en proceso, y el resto en sus inicios… El pasado año, Illa lanzó otro plan similar para levantar otras 160.000 viviendas potenciales, examinando con detalle las posibilidades de su territorio; revisiones de edificabilidad, y colaborando en un sistema estratégico del sector privado con el sector público… Por eso dijo el ministro de turno, crípticamente, en el debate parlamentario, que “estos Decretos no afectan a Cataluña”, para sacarles el “sí” a los de Junts. Lo sabían pero no lo decían.
Pero la cosa no queda solo aquí. Mientras la Generalitat toca todas las teclas de su administración, se ha lanzado a comprar pisos a las multinacionales frustradas por estas políticas restrictivas para sus intereses, y que ya no en tanto negocio en lo que antes veían; también ha logrado solares de la Iglesia (lo que es un mérito y proeza rayana al heroísmo), y encima ha librado 25 millones de euros para constituir un fondo que evite y/o compense desahucios de personas vulnerables… Incluso, recientemente, ha destinado 225 millones para rehabilitar 500.000 pisos en situación precaria y en declive; así como ha impulsado la “compra compartida”, a medias, con mayores de 40 años, en dificultades económicas.
Entonces, claro, nos preguntamos, ¿por qué el resto de Comunidades Autónomas no aplican las mismas soluciones?.. Pues no lo sé, la verdad, pero es lícito sospechar que puede ser porque sus líderes políticos siguen y acatan las instrucciones de sus partidos, que atienden más sus intereses de siglas que el interés de sus conciudadanos. Si una puede hacerlo, cualquier otra, también, cada cual según su capacidad y medida. Si esa exitosa estrategia no se ha seguido, es por razones políticas más que por razones económicas, ¿no?.. ¿Dónde está aquí el trabajar por el interés del ciudadano?..
E igual me resulta muy extraño que el propio Sánchez, en su rancho Psoe-Corral, hayan silenciado en lo posible estas buenas y ya probadas soluciones que el socialista S. Illa está siguiendo en su feudo. No alcanzo a entender los motivos… ¿Quizá porque no quiere regalar triunfos gratuitos a la oposición, y así criticar su inacción en sus territorios?.. ¿Acaso por no crearse un posible rival en sus propias filas que le haga sombra?.. Ambas cosas, en su caso, pueden ser plausibles… Cada cual, y cuala, saque sus propias conclusiones.
Tampoco es tan difícil, ni hace falta sacarse un Nóbel de Economía para poder explicarlo… Aparte las políticas de cada taifa y sus taifeños, en esto, como en tantos casos, manda la ley de la oferta y la demanda. En la abundancia, los precios bajan, en la misma proporción que suben en la escasez. En lo segundo es aún peor, porque aquí actúa de lleno la especulación; los que acaparan para encarecer el mercado (cosa que debería estar prohibida, y no protegida). De ahí nacen los pequeños, medianos y grandes buitres. Y, el ponerles freno, es el trabajo y la obligación de las administraciones del Estado. Pero es en esos nidales donde medran los administradores que se venden a esos fondos buitre, y algún que otro íntegro que no lo haga. That is the question, como decía el de Elsinor.
No existe más magia que ésta. Los fondos buitre se ceban en la escasez para enriquecerse con la necesidad. Si hubiera suficiente harina, no subiría el pan… En la posguerra, los especuladores autorizados por el régimen, acaparaban el trigo llegado desde Argentina, enviado por Perón, para venderlo a precio de oro, enriquecerse, y repartir con la oligarquía mandante y mangante… Esto es exactamente igual. Los especuladores y los políticos son los mismos. Por eso, en un lugar sí se puede, y en otros, no. Si pudiéramos ver los canales que usan las oligarquías financieras para sostener, y hacer nacer o morir, partidos e ideologías, nos daríamos perfecta cuenta de lo que estoy hablando.
Miguel Galindo Sánchez
