

De la tal Mari Carmen (d.e.p.), de 87 años, desahuciada de su vivienda, pagando religiosamente el alquiler durante 70 de ellos, ya se habla en pasado… Ahora es un fenómeno social que ha dado la vuelta a España, se convocan manifestaciones, se hace hueco preferente en noticiarios, periódicos y tertulianeo, y levanta lógicas y merecidas ampollas. Tanto, que en el Congreso de los Diputados (los verdaderos responsables de que ocurran tales atrocidades) se han ocupado del caso por la vía de urgencia… Por supuesto, no entonando el “mea culpa”, como hubiera debido ser, sino para tirarse los trastos a la cabeza, como suele acaecer. La culpa siempre es de los de enfrente. Y el caso de la cosa es que ha acabado en adelanto electoral.
En esos días nadie se acordó de otra mujer, Olga, que llegó a suicidarse por lo mismo, pero con un mayor recochineo si cabe, por lo que implica… Esta persona, de escasos medios, cedió su vivienda a un banco a cambio de una de esas que llaman “hipoteca inversa”, y que anuncian tan relamida como empalagosamente, tal que si estuvieran pariendo una obra social. No se fíen los que estén pensando en ello. De hecho, esa entidad bancaria, se la re-vendió a un fondo buitre, que hizo lo único que saben hacer: echar a las familias a la calle. La banca es un sistema podrido y sin conciencia, por muy legal que sea. No siempre la Ley es justa. A veces no es ni decente.
Pero todas, absolutamente todas, sin faltar una sola, de las administraciones, han puesto su grano de arena para permitir esta monstruosidad: un alcalde sacando pecho de que “no hará nada” para paliar la escalada de precios en la vivienda; una presidenta de comunidad autónoma que se vanagloria de recibir y animar a las entidades de inversión inmobiliaria; un Congreso rechazando deshonestamente las normas que limiten la compra de viviendas a esos inhumanos fondos; un gobierno central que, como solución a la crisis propuso beneficios fiscales a los propietarios, en vez de poner coto directo a la especulación desbocada… (lo legislado después, a traspiés, viene tarde y mal).
“Entre todos la mataron, y ella sola se murió”, reza el viejo refrán castellano… En Viena, por ejemplo, las políticas municipales están consiguiendo que a esos fondos/buitre no les sea rentable la compra masiva de viviendas; pero a nuestros dirigentes no les va el molestarse en informarse lo que se hace en otros países y ver si esas medidas pueden funcionar aquí. Lo cierto y verdad, es que no ha existido, hasta ahora, voluntad política alguna, a pesar del cacareo que se llevan a su costa entre unos y otros. En el fondo (buitre), no les interesa indisponerse con sus amos de la gran banca, de la que son acólitos perros falderos… Cuando una sociedad se echa en brazos de oligarquías financieras, donde priman más lo réditos que la vida humana, empieza su decadencia moral y material. Nosotros andamos en ello.
Y esos vampiros casi nunca tienen rostro. Actúan solapadamente a través de sus secuaces, los bancos, y de unas leyes laxas que permiten sus desmanes. En el caso de Mari Carmen ha saltado el nombre de Urbagestión, que, naturalmente, se lavó las manos en primera instancia, aunque luego diera marcha atrás por el escándalo de la calle. Pero se ha averiguado que tiene un par de dueños, los cuales, además, son titulares de más de una docena de empresas agroalimentarias e inmobiliarias; como igual se ha sabido que rechazaron en principio varias ofertas para evitar el desahucio de la octogenaria, incluidas algunas del propio Ministerio de la Vivienda… Una aberración; una total y absoluta obscenidad. Ellos dicen de sí mismos que son una Pyme. Hay que tener barra.
Pero no todas muestran su cara… Los fondos-buitre suelen ser conglomerados empresariales, sin alma ni conciencia, tras los que se esconden medianos y grandes inversores, incluso muchos muchísimos de golpes de pecho y misa diaria. Practican el anonimato del bolsillo (que no sepa tu faltriquera derecha lo que hace tu izquierda). Forman una salvaje entidad, pero no tiene identidad… Naturalmente, esto es como David contra Goliath, pero, encima, la onda está en manos del gigante. Pero la cuestión no es esa, es otra: ¿para qué están los gobiernos, si no es para proteger los derechos de sus ciudadanos?.. ¿De qué sirven tantísimo político, si se hacen asalariados de los más poderosos para ir en contra de los más débiles?.. ¿Por qué ocho años sin hacer nada?..
Y esto no tiene mucha vuelta de hoja.. ¿Por qué no se legisla en consecuencia de forma definitiva, y no para un par de años vista?.. ¿Qué intereses ocultos impiden que la justicia sea justa?.. No creo que tenga que bajar Buda para otorgarnos iluminación. Todos esos políticos, tanto del Gobierno – que se dicen progresistas – como los de la oposición – que se dicen españolistas – pueden, y deben, ejercer de legisladores para el bien común, y no esconder la cara y poner palos en las ruedas a los que intentan tirar del carro, aunque sea a las malas. Pero ninguno está a la altura de su nómina, mucho menos de su obligación ética y moral.
Dice el periodista J. Nicolás muy acertadamente: “La especulación vacía las ciudades de vecinos para llenarlas de rentabilidad. Y un sistema que permite eso, aunque sea legal, es un sistema que ha fracasado en su base, porque no protege los derechos de sus ciudadanos”… Se puede decir cuánto de alto ustedes quieran, pero no más claro. Existen decenas de miles de maricármenes, y de olgas, y de familias enteras con hijos pequeños, que se están viendo en la intemperie por un sistema legal que no entiende de moral. Y por una justicia que no entiende de justicia. Y nuestra ralea política, que es la única que puede hacer algo, utiliza estos dramas humanos como arma para atizarse entre ellos, tratando de embarcarnos a nosotros en la bronca del partidismo. Y picamos el anzuelo.
Yo entiendo que los policías tienen que ganarse el sueldo del que mantienen a los suyos, pero se les debe caer la cara de vergüenza cuando van en patrulla a desahuciar a un pobre viejo que no tiene más cobijo que ese techo… Incluso alguno puede llegar a pensar que su propia familia, sus propios hijos, pueden llegar a verse así, porque de estas mafias económicas y de sus aliados en política, no estamos ninguno a salvo. Ninguno. Nadie se libra, a poco que su banco le haya prestado para hacerle la ortodoncia al crío, mismamente… Ese banco es tan buitre, o peor, como esos fondos, pues participa de la misma naturaleza depredadora. Son el mismo perro con dos collares como dos colmillos; y detrás de cada buitre siempre anda un banco que le ha vendido su alma, como Fausto, y ya de paso, también las nuestras.
Miguel Galindo Sánchez
