NACIONALSUICIDIO

Leo a Sergio del Molino y me gusta la analogía que hace sobre la tendencia actual de voto con la dieta prescrita por según qué medico al mismo paciente. Cuenta lo de que un enfermo, en su chequeo de salud, le encuentran todos los parámetros hechos unos zorros: el azúcar como un bote de leche condensada; la tensión arterial reventando el aparato con que se la toman; el colesterol con los triglicéridos disparados y disparatados… en fin, convertido en una bomba a punto de hacer explosión… Así que va a su médico y éste le suelta lo consabido: que restrinja la ingesta de grasas y azúcar, que haga ejercicio moderado, que ni fume ni beba, claro, y que lleve una vida con una dieta rígida. O eso, o el infarto lo tiene a la vuelta de la esquina, con riesgo, no ya de morir, sino de quedarse lelo “pá tós” los restos.

Como que el hombre se queda dudoso, resuelve consultar una segunda opinión con otro galeno. Y éste le dice que al revés, que todo lo contrario, que triplique la ración de dulces; que trinque grasas hasta que se le salgan por los ojos; que no se mueva del sofá ni haga ningún ejercicio; que fume, beba y no se prive de nada, puesto que, visto lo crítico de su situación, es mejor provocarle el reventón lo antes posible, y empezar de cero con los restos del naufragio a reconstruir lo reconstruíble.

Yo pregunto al lector: ¿usted, a cuál de los dos le haría caso?.. Él traza un paralelismo con la deriva política actual, asegurando que los pacientes (los ciudadanos) estamos eligiendo lo del segundo médico en vez de lo del primero, que reviente todo, a ver qué pasa. E incide que, para intentar arreglar los problemas de la democracia preferimos cargarnos la democracia y embarcarnos en dictaduras… Y lo cierto es que las previsiones sobre la intención de voto apuntan por ahí. Estamos a punto de un suicidio social en que los colectivos encumbran a partidos populistas y extremistas, en manos de personajes embusteros y alucinados, fuera de todo contexto razonable. Vamos a dinamitar lo defectuoso para construir lo monstruoso.

Y, la verdad, es que apunta al centro de la diana. Advierte el columnista que están floreciendo pseudointelectuales que ofrecen coartadas guiadas a este tipo de “democraticidio”… No digamos lo que infestan las redes con los típicos tópicos de hacer “memes” con todos los bulos y mentiras a su alcance. Me constan ambas cosas. Lo primero, porque lo sufro en los comentarios a estos escritos (cerrilismo vacui), y lo segundo, porque lo constato todos los días en esas llamadas “redes”, que, como dice el autor, solo parecen redes para pescar peces podridos… Sea como fuere, lo cierto es que cada día hay más votantes que prefieren partidos que provoquen un ictus fatal a los sistemas democráticos, por defectuosos que éstos aún sean. Es su manera de curarnos en política. La del médico que le receta suicidio porque espera heredar al paciente.

Porque, en definitiva, no nos engañemos, en la metáfora de los dos médicos, el segundo persigue ganarse la confianza del enfermo diciéndole todo lo que éste quiere escuchar, para luego deshacerse de él y quedar dueño del patrimonio de todo. Es usar al tonto lo necesario como para conseguir dejar de necesitarlo… ¿para qué necesitan una dictadura los votantes?.. Existe un tal Curtis Jarvin que propugna una “dictadura corporativa” mundial dirigida por todos los Trumps tentaculares del planeta… Con tres cuartos de siglo de retraso ha inventado el iluminado memo este aquella “dictadura orgánica” que ideó Franco para camuflar su pura y dura dictadura. Un sinsentido atroz y patibulario que siguen a pies juntillas miles de descerebrados jóvenes brazonalto que no tienen puñetera idea de lo que es aquello que no han vivido… Lo que todos estos políticos, ideólogos y ciudadanos que los votan no ven algo tan transparente y sencillo de entender. Padecen la peor ceguera de todas: la de los que no quiere ver.

Y no es otra cosa que lo que falla en la democracia es el factor humano, que es imperfecto en sí mismo, pero no el sistema, que es el menos malo posible de los sistemas… En una dictadura falla el mismo factor humano, pero entonces se convierte en cesarismo, en un absolutismo falaz y criminal… Lo estamos viendo y comprobando en un Putin, en un Netanyahu, en un Trump, y con todo el rosario de dictadorzuelos haciéndoles la ola desde muchos de nuestros países… Como vemos sus consecuencias sobre la ciudadanía que los sufren… Y el delirio de esos líderes de imponer una dictadura como remedio a los fallos de una democracia se está contagiando como la peste en los propios ciudadanos.

Pero aquí falla algo importante, regresando a los términos médicos del principio, y es que la mejor vacuna contra la enfermedad es padecer esa enfermedad. O eso dicen. Y la humanidad ya la ha padecido en muchas naciones con muchos sanguinarios regímenes (el último, el nazismo, con el resultado de una guerra mundial)… Pero resulta que no estamos vacunados; no hemos aprendido nada en absoluto sobre nada. Volvemos a ser gentes ignorantes de todo, hasta de las enseñanzas que procura la propia Historia.

Lo que necesita un enfermo es curarlo, no matarlo; y a la democracia hay que sanearla, no sacrificarla. Las utopías son buenas mientras se persiguen, pero cuando se consiguen, dejan de ser utopías, y eso es algo que deberíamos saberlo a estas alturas del cotarro… y del catarro, pues ya somos como aquellos que cuánto más tosen más fuman, y encima creen que se van a curar así.

Yo creo que todo reside en la clase de subcultura con que se nos suministra el forraje de la deseducación; en que cada vez somos más esclavos de todo con lo que se nos pace, y menos dueños de nosotros mismos; donde se nos ha anulado toda capacidad de librepensamiento y de crítica constructiva; donde somos más masa que gente, y más gente que personas… Los sistemas educativos se han convertido en herramientas de manipulación destructiva… Deberían empezar a abrirse escuelas libres, donde se enseñase a pensar por sí mismo y a ser personas colaboradoras y positivas; sitios de formación integral, no parcial; lugares que enseñen a abrir la mente, no a cerrarla… Se necesitan nuevas ágoras y nuevas aulas, nuevos foros de confrontación constructiva e inteligente.

Pero quizá, como dice del Molino, los que escribimos estos artículos anticuados e ingenuos; los que parimos estas columnas en las que cada vez menos se apoya nadie, seamos el último vestigio del hundimiento de nuestro Titánic… Puede ser, maestro, pero mantengamos el último vestigio de dignidad posible… ¿o tampoco?..

Miguel Galindo Sánchez / www.escriburgo.com / miguel@galindofi.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.

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