

Me lo leí hace cuarenta años (durante la dictadura franquista estuvo prohibido en España), y perdí el libro en algún traslado o en alguna prestada no devuelta, no lo sé… Así que ahora, que me apeteció releerlo dadas las condiciones actuales, lo he tenido que comprar de nuevo. Se trata de “Psicología de Masas del Fascismo”, de Wilhelm Reich. Y me vuelven las ganas de repasarlo por los tiempos que estamos viviendo – o reviviendo – en que parece volver todo lo que creímos superado y enterrado: el fascismo en estado puro, de la mano de un Trump que ha sometido (y yo diría que sodomizado) a Europa, y, con sus fanatizados satélites, está dando fuerzas a un fascismo mundial. Un elemento alimañero de la especie de encarcelar a sus inmigrantes en una macrocárcel rodeada por un foso de caimanes – aligator´s – de lo cual presume.
El cómo puede ser posible tal barbaridad, entre otras muchas, solo se explica desde la decadencia intelectual de las masas… “La mentalidad del pueblo nunca ha sido otra que la manifestación de lo que se le ha hecho tragar desde arriba a la opinión pública” (Adolf Hitler). Otra mediocridad humana que llegó a lo más alto del poder con el concurso de su propia ciudadanía y que nos llevó a la II Guerra Mundial en un holocausto sin precedentes en la Historia. Si nos fijamos, la talla de ambos como personas es ínfima, pero han logrado embaucar a la gente y ser aupados como líderes de una humanidad cada vez más deshumanizada. Los modelos prototípicos de ambos son calcados. Los dos presentan un misticismo enfermizo e iluminado centrado en unos valores xenófobos y patrios fuera de toda lógica y sentido común. Es una combinación de racismo y economía que la gente, o la persona gentificada, cree a pies juntillas.
Hitler puso su foco en los judíos, y Trump en los inmigrantes (hoy los judíos se han convertido en verdugos de los palestinos). Por lo demás, nada parece haber cambiado. Los genocidios siguen siendo los mismos. Las matanzas y asesinatos, iguales. Y el mirar para otro lado del resto del personal, también… Y la Iglesia se coloca de perfil y se pone a contemporizar porque estos monstruos se califican a sí mismos de filiación cristiana… En aquél primer fascismo, su ideólogo, Rossemberg, propugnaba “ir introduciendo en las iglesias alemanas asignadas católicas el espíritu instructivo del nacionalsocialismo”. Cosa que fué factible por el cuasi-colaboracionismo de Pio XII, que le venía muy a bien a sus intereses. Exactamente lo mismo que hizo Franco con la iglesia española. Al fin y al cabo, nacionalsocialismo y nacionalcatolicismo son otros nombres del siempre mismo Caballo de Troya.
Trump también juega con eso. El concepto familiar de la “patria potestas” es igual en el nazismo que en el judaísmo, que en el catolicismo. Se eleva el concepto de Madre al de Patria, y el de padre (autóritas) al de líder. La Iglesia y el Estado se convierten en socios interesados a fin de tener al pueblo sometido a sus principios de obediencia máxima, o si no, pasiva y masiva…. Es el modelo ideal de cualquier absolutismo. Por eso en todo fascismo se dice lo de volver al modelo patriarcal donde todo se someta a una cabeza, una jefatura impuesta y no compartida, ni tampoco elegida. Donde todo está sometido a un solo y único sistema ideológico y moral, por inmoral que esto sea, donde la apariencia y lo amoral caminan juntos.
La diputada de Vox por Alicante, Rocío de Meer, llegó a afirmar los tres ejes básicos de la estrategia que usó Hitler, la que pregona Trump, y lo que promete su partido. El primero, el miedo: “España está en peligro de extinción; hay algo que no te han contado. Puede desaparecer la nación, las calles no son de los españoles”. El segundo, la solución: “si llegamos al poder expulsaremos a ocho millones de inmigrantes y a sus hijos”. El tercero, la santa cruzada: “acabar con el estado laico y sustituirlo por uno cristiano”… Esto es, volver al nacionalismo de tranca y al confesionalismo de retranca: “A Dios rogando, y con el mazo dando”.
Lo primero lo logra con la amenaza constante, el miedo, la mentira, la propagación de bulos y falsedades, y cuenta con un gran aliado: la enorme ignorancia de sus votantes y la incultura general de este país, que no es poca; lo segundo es para sumirlo en una ruina absoluta, puesto que la inmigración es el tercer pilar de nuestra economía, y expulsar a los que dicen, sería tanto como largar a la quinta parte de los habitantes (como hizo Isabel la Católica con los judíos); y lo tercero, mezclar política migratoria con el Evangelio de Cristo, prostituyéndolo, para hacer todo lo opuesto y contrario a su Mensaje. La propia Conferencia Episcopal Española se ha visto forzada a emitir un leve y débil comunicado, y eso es como para celebrarlo un montón. No durará mucho.
Por eso no puedo evitar pensar lo que pienso… Cojan la tercera sigla de voX, y a los extremos de su equis añádanle un palito hacia la derecha, y ahí la tienen: una svástica, la cruz gamada de la ideología nazi. Dado el discurso que cada vez más destapan, no me extrañaría que ya estuviese pensado desde un principio, e ir descubriéndolo conforme el propio y suicida ciudadanaje les vaya arrimando votos y otorgándoles poder y fuerza. De momento, tienen domeñado al PP, su natural cosanguíneo y principal partido de la oposición, hasta que lo rebasen y desbanquen… Y siguen sumando votos y adeptos.
La diferencia con el contenido de la obra de W. Reich es que el fascismo de ayer fué eminentemente europeo, y el de hoy es amenazadoramente mundial, pero las trazas son las mismas… Trump, Putin, Netanyahu, y la caterva europea de Le Pen, Meloni, Orbán, Abascal y demás jauría, forman una metástasis que amenaza con poner los valores occidentales de respeto, tolerancia y derechos humanos, de rodillas ante la internacional nacionalpopulista. De hecho, ya casi lo han logrado con la claudicación de Úrsula von der Leyen en el club privado de golf europeo de Trump, al igual que el mismo Trump lo hizo días después ante Putin con respecto a Ucrania. Y como Putin se ha doblegado ante China y Corea. No es para tener mucha esperanza.
Dice S. Juan en su Apocalipsis que, antes de la consumación de los días, “La Bestia” (el diablo /el mal) será soltada a sus anchas por el mundo por un cierto tiempo, antes de que Dios intervenga y lo condene definitivamente a las alcantarillas a las que pertenece… Por corto que sea, yo no lo voy a ver. Así que solo pido que Él me ahorre lo que anuncian los preliminares, si acaso fuera posible concedérmelo. Tan solo suplico que vivan ese “paraíso” aquellos que los crean, los desean y los hacen posible; ya que no quieren aprender de aquellos otros memos alemanes que los votaron y sufrieron, ya que así lo merecieron… Pero que “pase de mí este cáliz…” como decía el nazareno aquél.
Miguel Galindo Sánchez / www.escriburgo.com / miguel@galindofi.com
