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Si existe en EE.UU. un Pepito Grillo hecho a medida para el nazi Trump, es Bernie Sanders, un senador demócrata, curtido y veterano, que les canta las verdades del barquero a los del Make América Great Again; al que no se le encoge el ombligo, y que es considerado allí como un comunista radical, un peligroso izquierdista que llama a las cosas por su nombre… No hace mucho le hicieron una entrevista para El País semanal. Como dice de él Javier Cercas: “si eso es un comunista, que me apunten en su lista”… Y es que, en Norteamérica, a un socialdemócrata con los pies en el suelo lo confunden con Trotsky. No hace falta ser de izquierdas para decir, por ejemplo, que “Trump es el presidente más peligroso de toda la historia de los Estados Unidos”.
Cuando dijo esto aún no había atacado a Irak con su criminal asociado Netanyahu; bombardeando mercados y colegios de niñas, sin consultar con su Parlamento, ni con la ONU, ni con Dios ni con el Diablo (yo creo que, con este último, sí, pues es su principal asesor). Lo hizo, incluso en plenas negociaciones, sin la mínima ética, ni principios de ninguna clase… De hecho, cuando esto se escribe, anuncia más ataques “selectivos”, que luego pasan a ser indiscriminados, y dice que luego se va a merendar a Cuba de postre, puesto que ya ha puesto la fruta a madurar… La III conflagración mundial está más cerca que nunca, gracias a este onagro.
Pero de lo que quiero tratar es de lo que dice Sanders… No culpa a que Trump ocupe el poder, sino a quiénes lo han votado, y a una oposición acomodada y perdida que ha hecho que esos ciudadanos ignorantes lo voten. Incluso señala directamente al propio Partido Demócrata, asegurando que es una izquierda (¿?) necesaria que ha dimitido de sus principios… El expresidente de Chile, Gabriel Boric, también lo señaló en su país: “la izquierda que solo sabe culpar al adversario, está condenada a diluirse”. Refiriéndose a su propio país, en esa tal entrevista, repite que no hay que culpar a los magnates trumpistas, si no a los mangantes izquierdistas: “Creo que una de las razones por las que Trump ha ganado el poder, y esto es similar a lo que ocurre en Europa; es el fracaso de los partidos de izquierdas tradicionales a la hora de atender las necesidades de la clase trabajadora”.
Sin embargo, esta acusación clara, directa y sin ambages, a mí, personalmente, claro, me remite a un reflejo deslumbrante a la situación de España con respecto a esos mismos parámetros… Si la ultraderecha (ni siquiera la derecha) está ganando posiciones, es por la ineptitud de una izquierda que solo sabe mirarse su propio ombligo. La socialista, incapaz de autocrítica alguna, se ha convertido en un personalismo estático alrededor de un líder mayestático, eso sí, rodeada por rojeríos de pose y selfie, que viven lo contrario de lo que predican, y más desfasados que el arte del filtiré.
Pero los problemas de la gente se acumulan sin solución ni expectativas de solución. Aquí, los datos macroeconómicos de los que presumen por espectaculares, y su famosa Bolsa, están que se salen, pero a costa de una desigualdad económica y de unos índices de pobreza que aumentan a grandes zancadas; la vivienda ha pasado de ser un derecho a ser un lujo inaccesible; el estado de las comunicaciones viales son de un deterioro progresivo inatajable; si hablamos del estado de la sanidad pública, está en franco retroceso social; no hablemos de la enseñanza, vendidos sus propios principios; ni del costo de la cesta de la compra y el resto de la vida. Ejemplo sangrante es que el comportamiento inescrupuloso de la banca para con los ciudadanos. O las compañías de seguros, O… ¿Qué decir de un país que se considera la huerta del mundo, y cuyos productos le cuestan a sus propios ciudadanos más que en países a los que se exportan?.. ¿No parece todo esto el resultado de una mala política de derechas, más que una mediana política de izquierdas?..
…Sin embargo, ni sindicatos, ni trabajadores, ni ciudadanos, se tiran a la calle… ¿Cómo protestan?.. pues votando a la ultraderecha; y los más jóvenes, por más ignorantes, al extremo de más violentos a los que más prometen. Son las urnas las que transmiten el desencanto de ese joven supermasterizado que le aguarda un puesto de camarero, y de la abuela que ha pasado del Nestlé a la marca blanca de los supermercados y de cualquier otro servicio; y que tienen que pasar tres semanas para que la vea su médico de cabecera; y los que se juegan el tipo o su trabajo por coger un tren de cercanías que no se sabe cuándo, ni si va a llegar… En pocas palabras: la política de izquierdas se dedica a criticar a la oposición, en vez de hacer la política social y de izquierdas que le toca.
Por eso, ese mismo día 8 de Febrero en que el periodista español le hacía la entrevista al mediático senador Sánders, en Aragón se repetía el aviso, y hasta donde votantes de izquierdas votaron a Vox… Y yo le escuché a una vicepresidenta del Gobierno un análisis de la situación espeluznante: decía que había que aguantar a las Generales del 2027, que seguro volverá a ganar el Psoe, pues hay que dar tiempo a que la gente vea los resultados de los pactos PP-VOX, y se den cuenta del error de votar derechas. Acojonador. La estrategia de esta izquierda es esperar a que la derecha lo haga peor, no a que ellos han de hacerlo mejor… Unas izquierdas que hacen aguas en la política social, no es izquierda; y, encima, la fiscalidad redistributiva de hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, por bandera.
Bueno, pues eso decía el izquierdoso Sanders a la cabecera española, hablando del estado de esos estados, más o menos unidos, suyos, pero colocando un espejo de a cuerpo a muchos países de Europa y a la propia Europa… Y a mí, o así me lo parece, mirando muy especialmente a nuestra España cañí y festera. “Un proyecto político sin autocrítica, es un proyecto condenado a la extinción”, repite de retruque Javier Cercas. Y aquí, en este país al menos, hay mucho autobombo y ninguna autocrítica, y hemos construido una, grande, y libre, política: la del “Ytúmás, Tomás”. Con eso vamos tan contentos.
Pero yo voy un pasico más allá que el amigo Bernie, si se me permiten… y es que la responsabilidad es de la izquierda, dice, pero es que la izquierda está en los ciudadanos, no al revés, y, en democracia; son ellos, nosotros, los que hemos de mover ficha. Y si nuestra izquierda política no funciona ni hace lo que debe, es porque la izquierda cívica es un trampantojo que tampoco vale/valemos para nada que no sea trincar. La izquierda ha dimitido de su función; su supuesta ideología solo se utiliza para trepar, no para mejorar la sociedad. Sus demócratas, también… Mientras los gobiernos estén formados por individuos, todos somos los responsables de cuanto nos suceda… O así mismo lo creo yo.
Miguel Galindo Sánchez / www.escriburgo.com / miguel@galindofi.com
