
Hace tres cuartos de siglo, quizá menos, el personal vivía según lo canónico: escuetos días festivos por Navidad; asuetos con recogimiento por Semana Santa; el día del Patrón o Patrona; domingos y fiestas de guardar…
Ahora, aún con el mismo almanaque y bajo las mismas etiquetas, las salidas son más dedicadas al consumo que al cumplimiento; más al hedonismo que a su contrario; más volcados al narcisismo que al cristianismo… Y no seré yo quién valore lo mejor o lo peor del cambio de modelo.
Pero a lo mejor, o a lo peor, no dejan de ser dos servilismos de contenido distinto pero con el mismo continente. De lo sagrado a lo profano; o más exactamente: de lo pastoral a lo pastoril.
Miguel Galindo Sánchez / www.galindofi.com/ miguel@galindofi.com
