Para MurciaEconomía

Sí, es cierto. Yo mismo me confieso repetitivo, pesado y cansino en muchas cosas de las que escribo… Pero ocurre que, luego, después, conforme pasa el tiempo, esas cosas se hacen presente en obras de autores mucho más formados que yo, de mayor relieve, con un crédito muchísimo mayor que el mío; y con un eco que en mi caso sería absurdo considerar. Estas cosas suelen ocurrir, y las ciencias físicas les dan un nombre: Sincronicidad. Y, aunque el tiempo parezca tener un rol en todas estas cosas, lo cierto es que ocurren en una especie de “tiempo sin tiempo”, permítanme la definición, y vayamos al ejemplo que hoy quiero comentar aquí con la venia de Vds.
Saben que desde hace bastante de ese tiempo… ¿un par de años o por ahí?.. vengo incidiendo en los paralelismos que existen en la instauración del nazismo con la subida al poder de Hitler, y las actuales circunstancias que se están dando en muchos países occidentales, y, en particular, en el caso español por ser el más familiar y cercano, y de mi mayor conocimiento, por supuesto…Y saben el tole/tole de mi mantra cada vez que toco el tema de la política actual. Todo viene por la poca Historia que llevo leída sobre el tema, hace ya más años que Espartero… Aunque ya se están quitando las caretas y no hace falta acudir a ella: ayer mismo, en una manifestación contra el gobierno de Sánchez promovida por Abascal, ya se vieron brazos en alto, banderas franquistas, vivas al propio Franco, e incluso vivas a Adolfo Hitler.
Pues bien, pues bueno, pues vale… El último que me leí en su tiempo, un muy detallado tocho de más de 500 páginas, de un historiador alemán, Walker Ulrich, cuyo título es “El fracaso de la República de Weimar”, dejó su poso, claro está, del cual he ido sacando esos paralelismos que, repetitivamente, comparto con ustedes cada vez que veo los comportamientos sociales y políticos de un hoy comparados con los ayeres más próximos, aunque no seamos los mismos prójimos. También opinan como el menda articulistas de prestigio como J.J. Cercas, etc.
Pero es que recién y últimamente, me tropiezo con libros reeditados en la más actual actualidad, como por ejemplo “Síndrome 1.933”, de Siegmund Guinzberg; o de nuestra compatriota Pilar Requena con “Los cachorros del nazismo”, o el de su “Populismo pardo”, que ponen el acento, con una muy mayor autoridad que la mía, por supuesto, en exactamente lo mismo que este servidor de vuecencias vengo exponiendo tan cansinamente… Si alguien pudiera estar interesado yo le recomiendo el del “Síndrome 1933”, no por nada en particular, sino por su mejor digeribilidad: apenas doscientas páginas, en que todos sus casos están extractados para mejor ser entendidos… Lo que quiero decir no es otra cosa que no soy el único que ve lo mismo que yo veo, y que transmiten lo mismo que yo transmito. Es un cierto alivio para mí el poder constatar que no soy un visionario loco que expone esas casualidades que devienen a causalidades.
Esto es: Ginzberg, con una autoridad muy superior a la mía, cita a Santallana en lo de su famosa “quien no aprende la Historia, está condenado a repetirla”, supone un respaldo serio a que yo repita la misma cita en éstos mis pobres artículos. Entiéndanlo… Y que hable encima sobre “los riesgos que anidan en las democracias liberales de hoy y, quizá, eviten los errores del pasado”, para ustedes no sé, pero para mí es un salvoconducto a que mis opiniones no van tampoco muy descaminadas por los senderos que actualmente andamos.
Vivimos tiempos de campaña electoral permanente; de partidos que se dicen todos “del pueblo y para el pueblo” y en todos los casos es mentira; con coaliciones insólitas siempre condicionados; voces de ambos lados del espectro que desean acallar el librepensamiento; con un gobierno y una oposición instalados en la más pura y dura demagogia; con una polarización encarnizada en la misma ciudadanía promovida por los partidos; y un triste etcétera que apunta a los síntomas de un claro deterioro democrático… Todo lo cual nos sitúa en el mismo escenario que, demostrado está cuando se repite, no fué superado cuando se presentó en su momento.
La diferencia que yo veo con entonces es que, en ese ayer, hubo un Hitler que aprovechó su oportunidad, y hoy existen docenas de ellos agazapados en todo el occidente dispuestos a repetir la historia desde sus respectivos países, y formar alianza entre ellos…Pero por el resto, es igual: los supuestos garantes de las democracias, instituciones del Estado, clase política, prensa y sociedad civil, están/estamos divididos entre nosotros y en el punto de mira de la neoderecha más irracional, copiada del nacionalsocialismo hitleriano. Con una derecha arrastrada y engullida por su extremo más ultra… igual, lo mismo que entonces.
Un solo ejemplo concreto de los muchos: el Gobierno necesita (no digo “quiere”) regularizar al menos medio millón de inmigrantes para poder cubrir la imperiosa y acuciante falta de mano de obra, especializada o no, en todo el país, y para el desarrollo de la industria y la producción… Pues el PP, a pesar de haber votado que SÏ a su tramitación, luego vota que NO a su legalización. Irracionalmente. No es coherente con sus propias decisiones, mucho menos con las necesidades del país… Pues así mismo andaban los de la República de Weimar entre ellos. Hacían cualquier barbaridad por joderse entre sí. Hasta pactar con el mismísimo diablo de derecha o de izquierda si se terciaba.
Y eso mismo hicieron: poner en bandeja a un loco extremista el gobierno de la nación, que, en cuánto se vio encaramado al poder, eliminó en pocos meses toda garantía democrática y de derechos humanos, e impuso la dictadura que llevó a la II Guerra Mundial… Trump ha reinaugurado la nueva era en el país más poderoso del planeta, a insta al resto de nazis a sumarse a él bajo taconazo y “¡heil!, Führer”… ¿Tan ciegos estamos que no vemos lo que es evidente?..
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / www.escribirgo.com / miguel@galindofi.com
