
Lo mejor para saber sobre economía es un economista; lo mejor para saber sobre la economía de verdad, esto es, la tapada, la ocultada, es un execonomista… Gary Stevenson es uno de los segundos a propia voluntad, uno de los economistas más brillantes de Gran Bretaña. Empezó a ganar dinero a los 12 años; lo expulsaron a los 16 de su instituto por sus trapicheos; a los 23 ganaba el doble que su progenitor, trabajando a comisión para Citigroup; a los 26 ya era millonario; y sobre los 30 descubrió las tripas sucias de la economía y de la política, se desencantó, se horrorizó, y hoy, ya con 36, se ha convertido en un activista a la contra.
Ha escrito un libro: “”El juego del dinero. Un intruso en la cima del mundo”, editado en España por Península… Es el típico libro árido sobre economía, pero dice verdades como templos, como esos templos de los que “no habría que dejar piedra sobre piedra”, como dijo Cristo, pero que son en los que se ora y desde donde se santifica y sacrifica desde la religión del dinero, que es paralela y sostén del resto de religiones… Se denuncian varias cosas importantes, pero, mientras los “creyentes”, como los “fieles” y “practicantes”, no tomen conciencia de ello, tan solo será una simple constatación de tan vergonzosos hechos.
Por ejemplo: La historia de los últimos 20 años es la edad del optimismo mal orientado. Donde se diagnostican y tratan los efectos, pero donde se ocultan y tapan las causas, porque no interesan a las poderosas financieras y oligarquías económicas. La prueba es que nadie mira la desigualdad creciente; la abusiva distribución de la producción; los opacos intermediarios de todo ese chanchullo… Y algo que debería ponernos las pilas: “a los políticos no les pagan por hacer lo correcto, sino para que ganen las elecciones por los métodos que sean”. ¿Les suena a familiar?.. Y acusa con nombres propios a políticos británicos, hijos y familias, que han terminado siendo multimillonarios tras su “vida pública” por hacer de correa de transmisión de esta degeneración.
Esto es extrapolable a todos los países, y aquí, en el nuestro, no digamos… Stevenson cita la cantidad desmesurada de suicidios (algunos como si lo fueran) que se dan en el ámbito laboral de la banca, donde se tiran desde sus elevadas torres; no solo inversores arruinados, también altos empleados encargados de arruinarles, agobiados por el peso de sus conciencias. La tasa de los que se quitan la vida por tal método – dice – es más alta de lo que se suele conocer, reconocer y confesar… Esto último, tan solo es el pequeño apartado de casquería con que se adoban estos casos.
“Los ricos se quedan con el patrimonio de los pobres, y los pobres cargan con la deuda”, afirma taxativamente exponiendo los datos, los cómo, la manera y los porqués… El futuro de la clase media lo ve cada vez más encogido y deprimido; el agente es la cada vez mayor desigualdad; la diferencia entre pobres y ricos; y el factor de disimulo son los medios de comunicación, pagados para desplegar un sentimiento de miedo, a la vez que hacer de tapadera de ciertos datos sociológicos.
“Hay mucha gente rica que poseen periódicos; periódicos que cada vez convencen más a la gente de que ese problema cada vez más emergente es de los inmigrantes”… Muy cierto, eso lo estamos viendo en el día a día de nuestra propia España, y habría que preguntarse qué tramas financieras están detrás de los partidos ultraextremos que fomentan tales falsedades, bulos y embustes para desviar la atención, y que, a través de esos medios, creemos bobamente, haciéndoles el caldo gordo a los que solo vienen a cargarse nuestra libertad e imponernos su dictadura. Es el premio y pago de los que los financian: los despojos del esclavismo.
“La derecha ha construido una narrativa que no es la correcta, ni la verdadera, pero que es convicente: usted cada día es más pobre por culpa de los inmigrantes, por ejemplo, cuando es porque los ricos y los hijos de los ricos son cada vez más ricos”, declara en EP:-22/05, como también añade: “…y la izquierda no tiene un mensaje claro, no es capaz de explicar que se podrían cambiar las cosas”… Y remata el alegato, a mayor Inri, con una afirmación que debería, no solo hacernos pensar, si es que aún guardamos tan capacidad de que no “nos piensen”; sino también removernos las conciencias, si es que también conservamos algún resquicio de ellas: “Nos movemos en una Europa más xenófoba, y podemos acabar donde estábamos hace siglos”.
Esto se solapa con lo que ha saltado recientemente de que Túnez, Marruecos y Mauritania, al menos, están utilizando Fondos de Ayuda de la Comunidad Europea para trasladar a contingentes de subsaharianos a mitad del desierto, sin agua ni alimentos, donde los abandonan para que mueran de sed e insolación (así se ahorran hasta las balas)… La apropia UE se rasga ahora unas vestiduras que, la verdad, no están muy limpias que digamos, y promete abrir una investigación al caso. Si no se sabía, malo; y si se sabía pero se callaba, peor. Yo, personalmente, no pondría la mano en el fuego, pues también España sabe lo que su mimado Marruecos está haciendo en su nombre, y hacemos mirar para otro lado a nuestras muy católicas – que no cristianas, claro – conciencias.
La estrategia de las oligarquías es financiar y provocar escándalos (sean falsos o inducidos), para ocultar y desplazar la atención de las auténticas causas de porqué “estamos perdiendo los estándares de bienestar por los que lucharon nuestros padres”… No es otra que la que usan los Miley (por cierto, pregúntense quiénes han financiado el poder al asno de la motosierra); y no es otra tampoco que la utilizada por Göebbels en el ascenso del nazismo, como por Stalin en la de su comunismo.
Y todo eso se puede llevar a cabo porque, previamente, se ha hecho un solar de la filosofía, las humanidades, la ética, el conocimiento, en el desmantelamiento de la educación con planes deseducativos orientados al efecto… Los receptores del plan es una humanidad cada día más aborregada y gentificada, ¿o se dice gentrificada?, cada vez más masa, cada vez menos persona… Cada vez más dependiente de un sistema hedonista de la vida, del que le van a privar en el momento en que su estrategia lo considere oportuno. Será el estallido final para el advenimiento del Gran Hermano huxleriano… Somos como los ciegos que no quieren ver, como los sordos que no quieren oir, de los que se desgañitó el galileo aquel de advertir…

