DISPARATES

Un servidor tiene a sus hijos muy bien repartidos, laboralmente hablando, permítaseme el símil, pues yo no tengo obra ni parte, y ha sido solo la voluntad de cada uno de ellos. Quiero decir que tengo a una funcionaria, un empleado, y un empresario (autónomo, a su mayor gloria), si dividimos en tales tres los nichos de servicio y/o productividad de un país, y sin menoscabo de ninguno de ellos, pero sí con enormes diferencias entre los mismos ellos, válgaseme el intencionado comentario.

Vale… Si paso a la generación de mis sobrinos – que incluye, claro, varias generaciones -, de la docena que tengo, un par son empleados, otros dos andan enzarzados entre los arriesgados autónomos, y nada menos que ocho son funcionarios efectivos… Pero es que, si indago en mi media docena de nietos, todos apuntan al funcionariaje. Estoy hablando de números porcentuales y de tendencias concretas, por lo que no me lo tomen como crítica alguna, si no como la constatación de un hecho. Las cifras no tienen alma, ni culpa, pero tienen consecuencias. Y la consecuencia lógica de esta tendencia es la de una sociedad insostenible…

…O así me lo parece a mí, claro. Puedo estar equivocado, pero que alguien me diga si puede existir un país en que todos los que laboran sean funcionarios. El equilibrio reside en un trípode: empresarios (emprendedores, se les dice hoy) que generen empleo de calidad y garantía; y luego los funcionarios que hagan andar a la Administración y presten los servicios al ciudadano… Naturalmente, en los primeros se encastra lo de los autónomos, que es el que arriesga para que el negocio funcione. De los primeros nacen el mantenimiento de los segundos, y la generación de los distintos oficios que necesita toda sociedad.

De una sociedad, por cierto, que hoy habla mucho del término “SOSTENIBILIDAD” pero que no pasa de ser una teoría que no se aplica a la práctica. Producimos una desproporción enorme entre los formados para buscarse una salida funcionarial con los que se forman para adquirir un conocimiento profesional… y me refiero, por supuesto, a un oficio. Lo miremos como lo miremos. De hecho, los últimos cálculos oficiales lanzan para el próximo trienio un enorme agujero negro de más de siete millones de puestos profesionales por cubrir: electricistas, chóferes, soldadores, carpinteros, mecánicos, fontaneros, albañiles, y un etcétera más largo que una cuaresma de las de antes.

Una atrocidad, que es doble atrocidad, porque estamos, encima, manteniendo un paro de gente que no quiere trabajar en otra cosa en la que no ha sido formada y que ha elegido… Hemos construido una sociedad laboral tan inoperantemente garantista que va camino de ser absurdamente escapista. Me explico: formamos a, nuestros encima escasos, vástagos (estamos en crecimiento poblacional cero), para ser funcionarios, a ser posible de élite, para luego quejarnos que nuestro nieto no tiene el puesto guardado, y que los pobres no tengan otra salida que trabajar de camareros en temporada alta… Y decimos que “no hay derecho”.

Y, claro que no lo hay, aunque sí que lo hay: se ha construido sobre la base falsa de un supuesto falso, en que todos tenemos que ser lo que queremos, aunque no es así, pues tenemos que ser lo que podemos… Elige el que puede, y luego tiene que contar con que el inevitable mercado de la oferta y la demanda le ofrezca lo que desea, y no siempre ese milagro es posible… Así que si no equilibramos esos flujos laborales, estamos más perdidos que Carracuca. Y es así, precisamente, cómo nos encontramos: perdidos.

Lo que pasa es que nos fijamos poco, y como no nos fijamos, tampoco vemos lo que tenemos ante nuestras narices… Claro que, como dice el refrán, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, y el que no quiere ver se engaña a sí mismo… En España, lo creamos o no, nos está amortiguando el golpe la inmigración. Aparte de que el sector más duro – el primario – está siendo cubierto por el flujo continuo de los más necesitados, también el siguiente nivel: comercio, talleres, oficios, etc., está siendo ocupado (que no copado) por inmigrantes ya tiempo establecidos entre nosotros y con una buena formación profesional.

Esa gente nos sirve en nuestras necesidades, paga sus impuestos, y colabora a la Caja de las Pensiones en buena medida (ya sobrepasa el 20%)… Habrá quiénes no querrán reconocerlo, pero es así, tal cual. Y eso nos sirve de colchón mientras dure esta situación. Y lo digo en verso para que lo piense el no converso. Ya me entienden ustedes… Si no han perdido el hábito de saber sumar y restar – lo del pensar es otro nivel – tan solo que conserven esas dos reglas de cuatro, podrán hacer los cálculos, aunque sea con un golpe de imaginación.

Así que eso mismo: imaginen que no los tenemos aquí, o que se expulsan a esos cinco millones que Vox quiere aunque Dios no lo quiera, en vez de regularizarlos para que trabajen, cubran esos puestos, y coticen. ¿Qué pasaría?.. ¿Se imaginan a todos nuestros zagales opositando para un puesto en la Administración con una carrera bajo el brazo, y toda la sociedad restante cerrada por falta de esos mismos brazos que curren los oficios?.. Todos seríamos médicos, abogados, profesores, pero no tendríamos qué comer ni nadie que nos arreglara el puñetero palier del puñetero coche, entre otras muchas cosas y casos… y hablo de necesidades de primera necesidad.

En mi edad de zagal había un dicho: “no puede haber más jefes que indios”… Y eso sigue siendo una verdad inamovible. Todos los indios, absolutamente todos, han de tener la misma dignidad, pero no todos pueden dedicarse a ser “Caballo Loco”… Las sociedades, o son plurales, o no pueden ser sociedades. Y es un principio tan simple – que no simplista – que puede llegar a ser un final… Y duele tan solo que pensarlo. Mucho más cuando hay gente incapaz de entenderlo. Lo de comprenderlo, ya es otra cuestión que escapa a esta dimensión.

Miguel Galindo Sánchez / www.escriburgo.com / miguel@galindofi.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.

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