LAS COSAS, CLARAS.

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Es lo que tengo, y no me voy a poner en disimulos a estas alturas. Considero que la verdad no hace ningún daño a la realidad. Tengo un cáncer de esófago que ha metastasiado a las cervicales… Vale, no me quejo, son las cartas que me han tocado, y debo jugarlas con la mayor dignidad posible. Me ha crecido alrededor una pequeña comunidad literaria de 500 amigos, que se disparan a unos 5.000 que no me creo, pero que, por si acaso… Y a ninguno quiero defraudar. Si mis aportaciones se ralentizan, sabed que es por incapacidad, nunca por abandono… Jamás por mi falta de ganas de compartir el conocimiento con vosotros, sino por falta de medios adecuados a  mi nueva situación, o porque he de economizar mis fuerzas con lo que me queda que estar en lo que soy, a fin de seguir siendo en lo que estoy, en lo razonablemente posible, claro.

A mi edad soy consciente de mi última batalla, por lo que no me llamo a engaños; pero no voy a negar que, por cada palabra de sinceridad y clara amistad en lo efímero del espejo, me salen otras al encuentro, que, a modo de chispazos de adrenalina, me dicen que aún son necesarias mis aportaciones. Me hacen reír y llorar. Y me conmueven. Y me ayudan. Lo único que quiero – y eso actúa como acicate –  es poder llegar a no decepcionarlos, y los años que me puedan quedar, sean benévolos, como vosotros lo sois conmigo… Lo demás es cosa del tiempo y de las personas, con las que se amasan los recuerdos. Las querencias son un bálsamo que se aprecia cuando vienen mal dadas, y pasan de palabras a sentimientos… Así que gracias, muchas gracias, por expresarme los vuestros.

Sé que cuento con los míos, con los más prójimos, y luego con una extensa comunidad indeterminada que, a lo largo de décadas, ha ido sumándose a mi alrededor como una excrecencia hecha a fuego lento, incluso sin darme cuenta real ni significativa, a la que hoy pido perdón por no haber sido del todo consciente, pero que me hacen notar que, a pesar de todo, están ahí, y eso me avergüenza un poco, y me hacen apreciar mi rectificación y mi reconocimiento… Ese empuje que viene de un aparente “atrás” desconocido, no es banal en modo alguno, os lo puedo asegurar.

Porque de algún modo que nos fue borrada la realidad, yo elegí, en algún nivel al que habré de regresar, ya más pronto que tarde, las circunstancias por las que estoy atravesando en la actualidad. Las razones las re-conoceré cuando regrese a ese sitio del que todos venimos, y sume las experiencias vividas al caudal de lo que llamamos “existencia”, y se me muestre lo que he podido aportar, y lo que aún me falta por encontrar para el camino de regreso a casa… Que no es otro caso ni otra cosa que lo que nos llevamos entre manos… Mi obligación humana ahora no es otra cosa que la negociación. Negociar con el/los que me toca, para intentar arañar algo de lo que aún puedo aportar si me mantengo en condiciones.  Pura y dura negociación con la propia vida, de alargar cuánto aún pueda ser negociable. Y eso, les prometo a ustedes, que lo voy a intentar. No por mí, por supuesto, sino por esos prójimos próximos, cercanos y lejanos, familiares o no; por esos míos que todos consideramos nuestros, porque algo nuestros son, y por los que me conocen bien, aunque yo los conozca mal; y por cuántos me dicen “sigue”…

Por eso que no quiero engañarles ni engañarme a mí mismo. Voy a seguir con el frente abierto, pero ya no sé si podrá ser cada día, como les tengo malacostumbrados. Procuraré hacerlo en lo posible, según mis mermadas posibilidades, humanas y técnicas, me lo permitan, naturalmente… Preveo estancias programadas hospitalarias que necesitarán de apoyos y artilugios que me conecten con las cabeceras que me publican, y por las que llego a ustedes, pues mi ordenátor casero se parece más a un arado para el jardín y no mucho más… Y luego es que exista el medio, aunque el chache esté peleando en el ring con un dolor que me supera con creces, o con un colocón de alguna quimio más allá que pacá. Ustedes me entienden.

Pero ese será el motivo, la función, el objetivo, la misión, o lo que ustedes quieran, para mantener el barco encarado a su proa, que es lo que siempre, en definitiva, he intentado hacer. Mientras exista un noray donde atracarlo, existirá una voluntad para hacerlo… Acompañaré a los que me acompañen mientras se me conceda el aliento y capacidad. Tampoco puedo ser más sincero con ustedes, los que me leen y los que me esperan. Ojalá pudiera prometer lo que no está en mis manos, aunque se diga, y no exenta de buenas intenciones, que es cosa de la voluntad.

Lo que sí puedo compartir con los que me siguen, es que, llegados al umbral de esta experiencia, nos cambia la apreciación de las cosas; la futilidad o la importancia con lo que baremamos nuestras valoraciones; se relativizan hasta los límites más super o infravalorados; todo nuestro mundo totémico tiembla, y calibramos con unas nuevas reglas y escuadras que no miden con nuestras medidas… Comenzamos a despreciar lo que se apreciaba, y, al revés, a dejar de lado mucho de lo que tanto parecíamos apreciar.. Es un cambio de valores objetivo, y no, nunca, subjetivo… En realidad estamos intuyendo lo que merece la pena y lo que no. Los ejemplos podrían llenar el espacio que nos queda, pero no se trata de enumerarlos, si no de sentirlos, llegado el momento.

Esa relativización debería quedarse grabada en nuestra escasa de valores, y una vez que se nos restituya el tiempo que, erróneamente, creemos que se nos debe… Algunas veces sucede, pero no siempre sabemos guardar y apreciar esa sensación. Posiblemente que construiríamos un mundo mejor, mucho mejor, que el que tenemos. Los profesionales médicos y de enfermería, que interactúan en esa dimensión, y que son más receptivos porque cambian el concepto de profesión por el de vocación, terminan por captarlo y hacerlo suyo, transmitiendo fuera aquello que aprenden dentro; y la mejor aptitud, que se convierte en actitud, reconvirtiéndolo en un cuasi sacerdocio…Hablen con ellos, y sabrán lo que les digo… Me dirán que estoy tratando hoy de una nueva dimensión. No. Les hablo de una nueva sensación. No sé si es la preparación para la batalla, o la inmediación del desenlace, pero, sea lo que sea, yo les seguiré contando hasta el final, que bien puede ser un nuevo principio cogiendo cierta perspectiva. Ya lo iremos viendo y viviendo.

Miguel Galindo Sánchez   www.escriburgo.com   miguel@galindofi.com  

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.