
Hace la friolera de 13.800 millones de años, mes arriba, mes abajo, que se puso la primera piedra del macroedificio en el que estamos… Fue el principio del Big Bang con el que nos ilustró Stephen Wawkings, y la datación se ha podido hacer gracias a la radiación de fondo, que así llaman los astrofísicos a las microondas que aún nos llegan de esa explosión primigenia (pueden ustedes verla en esa “nieve” de fondo que capta su televisor)… Vuelvo a insistir, otra vez más, que Hawkings no se refirió al “antes de”, sino al “después de”. Él no indica nada sobre el arquitecto o el maestro de obras, ni con el tajo que contaba, o no contaba; ni siquiera con los medios de que pudiera disponer. Eso, como diría Willy Wilder, pertenece a otra película.
Pero el caso es que se tomó su tiempo. Despacio y buena letra, tuvo que decirse a Sí mismo y a sus Arcontes, o quiénes fueran que fuesen… Lo digo porque si el ser humano, como epítome de la Creación, apareció hace 300.000 años, resulta que arrimar y levantar todo el andamiaje, y la argamasa y el cemento, según los planos que hubieran establecidos, les llevó la friolera de 13.799.700 millones de años, más o menos. Quiero decir que no se dio mucha prisa en entregar el piso al Hombre. Una semana larga – según el Génesis – pero con días de casi dos mil millones de años cada uno, por hacerles el cálculo redondo.
Todo ese tinglado, para luego, al cabo de los eones, aterricemos por aquí, vivamos cerca de un misérrimo siglo exagerando, y nos larguemos con el mismo viento fresco que nos trajo…Unos cuantos segundos si lo comparamos con la magnitud que ha tardado esto en construirse para que nosotros lleguemos como los últimos piojos, y pongamos todo el tinglado en peligro… Naturalmente, hablo de nuestra “casa”, pero es que afecta a la galaxia, al sistema solar, al universo y al cosmos entero, por el simple hecho de ser partes de un todo. Por eso no me encaja – o me encaja mal – la explicación simplista de las religiones de guardia, con sus iglesias acomodadas al pastoreo de los creyentes.
Se queda escaso, corto, pobre de miras, falto de lógica y hasta de sentido común si me apuran… Algo más tiene que haber que se nos oculta sistemáticamente en beneficio de un modelo curial que se ejerce tan ricamente de pastores de un ganado que no se entera de la Misa la media. Las iglesias son cortes de poder que manejan todo el tinglado de las religiones. Pero solo puede haber una sola y única explicación que reúna todas las teselas del puzzle en también una sola y única Obra. Ellos mismos reconocen que el diablo es el agente que divide. Pues bien, que se apliquen el cuento ellas mismas, ya que todas están divididas en docenas de confesiones diferentes, distintas y distantes. A lo mejor, o a lo peor, el enredador es el mejor agente de esas comunidades que se llaman verdaderas a sí mismas y falsas a las demás… La católica ha tenido en la ciencia el nido ideal para situar a Satanás. Lo que pasa es que ese cuento, a estas alturas del cotarro, ya no cuela, o cuela poco, muy poco.
Así que volvamos los ojos a esa ciencia, que no es estática, como la religión, y que cada día amplía nuestros conocimientos, a la vez que no tiene empalago en corregirse a sí misma en su continuo avance, cuando se equivoca… Hace unos días, en un programa cultural de televisión, un antropólogo hablaba de un reciente descubrimiento. Parece ser que las comunidades neandertales se habían fusionado con sapiens más avanzados. Pero lo relevante es que lo habían hecho a través, casi exclusivamente, de sapiens femeninas. Dicho de otra manera: la evolución en la especie humana fue a través de la mujer.
La explicación reside en las mitocondrias, por si quieren ustedes darse por enterados. Son unos orgánulos celulares que solo se transmiten a través de la madre, no del padre. Lo siento, pero así son las cosas. Gol del feminismo al machismo. La sapiens mujer mejoró mucho al neandertal macho, más de obrar y actuar con la tranca, que en la cosa de pensar y mejorar la intelectualidad humana. Cosas veredes, amigo Sancho… A lo mejor eso explica la mayor receptividad de Eva a la sugerencia del de la manzana, y el cuento empieza a contarse de otra forma más racional y adecuada, ¿quién sabe?..
Posteriormente, en El País de 16/4, me tropiezo con una cabecera de investigación: “Los bebés neandertales se desarrollaban más rápido que los humanos modernos”. Eso encaja como consecuencia de lo descubierto anteriormente. Cuando se mezclaron hembras sapiens con machos neandertales, su genética adelantó el desarrollo de la especie… Más adelante, asevera el informe, “el estudio muestra que las dos especies tenían ritmos de crecimiento diferentes en sus primeros años de vida”… En la recreación científica de la pareja hombre neandertal y mujer sapiens, mueve a risa: Ella es mucho más alta y estilizada que él, y le saca un par de cabezas al mono retaco de “su hombre”.
Esta cuestión no está sacada de contexto en modo alguno. Es tan solo que el relato nos ha sido cambiado y lo hemos aceptado. Por ejemplo: a la ciencia le da lo mismo que la costilla viniera de unos o de otras, pero a la misoginia de los autores de aquel Génesis, y de los patriarcas, no podía permitirse un predominio de lo femenino sobre lo masculino bajo ninguna fórmula ni bajo ningún concepto. Un Yahvé con una semanica corta, poniéndose un día de descanso, y colocando a la vez a la mujer en su sitio, era lo más conveniente y apropiado. Y así se hizo. Y así mismo se hizo creer. A hombres y mujeres, a niños y ancianos; a los que vienen de paso y a los que se van por su peso… Pero a mí no me expliquen por qué, para un visto y no visto, esto me estaba esperando 14.000 millones de años, que se dice pronto…Aguardo pacientemente a que la ciencia, algún día, me lo pueda explicar, si no me voy antes por donde me han venido. Vamos, digo yo…
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com
