SEGUIDORES CIEGOS

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Existe una gran, enorme, diferencia entre el “gnosticismo” y el “agnosticismo”. La gente los confunde creyendo que son lo mismo, sin embargo, son lo opuesto el uno del otro, aunque ambos vengan de la raíz griega de “gnosis”, que significa Conocimiento… Pero la “a” antepuesta al concepto, es una partícula negativa, y significa lo contrario. Esto es, mientras que uno que se dice agnóstico, es que no cree en nada, una especie de ateo; el gnóstico, al revés, es un amante del conocimiento. Esta es la sutil diferencia. No obstante, entre el querer, el creer y el saber, existe una determinada relación.

En mis listas de “amigos” que reciben regularmente estos escritos, (aparecen 5.000, pero yo no lo creo ni loco), constantemente se están dando de baja y de alta indistintamente. Lo normal es que nadie facilite ninguna explicación del motivo que lo mueve a hacerlo. Tampoco está obligado a ello, claro… Pero, en una ocasión, si se tuvo tal atención: “me borro porque mis convencimientos no coinciden con tus pensamientos”. Me entristeció mucho. Estaba admitiendo que su rigidez mental no le permitía una mínima flexibilidad intelectual. Y eso resulta patético. Pero esto, desgraciadamente, ocurre más, mucho más, de lo que pensamos.

Lo que llamamos polarización, por ejemplo, me estoy dando cuenta que, en realidad, estamos ocultando bajo la alfombra de esa palabra, otra cosa mucho peor, que es la radicalización… Claro que quiénes la originan siguen siendo los mismos: una clase política que está destruyendo la naturaleza de la propia política, basándola en una continuada confrontación. Por supuesto, no cabe la menor duda; pero los que nos radicalizamos somos nosotros, y lo hacemos por propia voluntad, cuando no por una ignorancia insumida, o por ambas cosas a la vez, y como lógica consecuencia la una de la otra. O qué sé yo… Pero lo cierto y verdad, es que se han conseguido radicalizarnos en posturas rígidas, violentas y extremas, como quién me comunicó la razón de por qué se borraba de leerme.

Aquí no existe flexibilidad, ni contemporaneidad de pensamiento ninguno: para unos, Sánchez es un borde comunista, corrupto, jefe de una banda de asesinos y ladrones, terrorista, que tiene la culpa hasta de que los perros se meen en las farolas… Y para otros, Feijóo es un calzonazos inculto, manejado por la mafia de los suyos, y que se vende al mejor postor o al que más le aprieta la entrepierna. Sin matices algunos. Los unos defienden a su líder a costa de lo que sea, y los otros al suyo, también al precio que sea… Y nadie ve la paja en ojo propio, sino siempre en el ajeno. Ambos bandos, o bandas, participan de los mismos defectos, que se achacan mutuamente; y ambos tendrán alguna virtud, aunque su encerrilamiento la tape. Mi personal parecer – y no me hagan mucho caso – es que el primero es el zar de un partido anulado por su personalismo, y el segundo, por el contrario, es prisionero de un partido en el que todos se creen zares sin serlo. Es lo que me parece a mí. Y si así lo expreso (aún existe libertad de expresión me parece) es para compartirlo, pero jamás, nunca, para imponerlo. Intento no caer en el fundamentalismo dogmático y fanático de la violencia oral que se ha sembrado.

Se nos ha hecho tan cerriles en defender y atacar a los propios y a los contrarios respectivamente, que hemos perdido la capacidad de dialogar, de examinar otros puntos de vista, de matizar, de elevar nuestra perspectiva… Y eso es culpa de que esos nefastos políticos nos hayan dado el cambiazo de los ideales por las ideologías. Los primeros son vivenciales, asequibles, dialogantes y convivientes; pero las segundas obedecen a consignas dogmáticas, son inflexibles e impensables, irrazonables. Un ideal es más respetable que una ideología. Un ideal no se impone, ni se exige, ni se plantea con exabruptos; pero una ideología sí, es más “manu militari” que otra cosa… A la vista está.

Decía al final de mi primer párrafo que el creer, el querer y el saber, están relacionados, aún por encima de lo que cada cual pueda pensar… Por un lado, están aquellos que creen pensar, pero que, en realidad, son pensados por sus respectivos ideólogos; como también están los que quieren creer aquello que piensan, sin estar convencidos, y por encima de su propia conciencia. Como igual los que creen que saben, pero se niegan a ver la realidad completa, solo por la parte que le interesa. Como aquellos que aún no saben que querer no es creer, sin molestarse en saber lo que debieran saber.

La cuestión es – al menos yo lo aprecio cada día que pasa más – que las personas que aún somos, nos estamos (nos están) gentificando y radicalizando en posturas extremas, incluso llegando a la violencia verbal o de hechos… El otro día se atacó, acosó, e insultó, en Ceuta, a una chica que, por el color de su piel, se le aplicó la etiqueta de inmigrante, cuando era una residente española. Tan irracionalmente se ha fomentado el odio allí, que ya no distinguen una realidad de la otra; que más de la mitad de la población ceutí española es árabe; y que el 85% de los mismos son de origen familiar marroquí. Pero, ahora mismo, intentar mantener una posición centrada y equilibrada allí, es como jugarse el pellejo en manos de los patrioteros patriotas.

Por supuesto, está clarísimo (salvo los ciegos voluntarios que no quieren ver) que entre migrantes y “patriotas”, operan infiltrados agentes que agitan la provocación, la inestabilidad, e, incluso si así se tercia, utilizando el miedo, el chantaje y la violencia… Unos, sostenidos por agencias que se dedican al alquiler de sicarios; otros, usados por asociaciones ultras; y otros, introducidos por gobiernos sátrapas e incluso por partidos extremistas. Tanto a la derecha como a la izquierda del espectro. Esto resulta innegable para cualquier analista independiente, no dirigido. Estos profesionales de la desestabilización  influyen en mentes débiles y elementales para provocar altercados, o incluso delitos…

Lo que resulta inconcebible es que los políticos de la oposición, u otros, no quieran ver y reconocer estos hechos palpables y evidentes, sino que se valgan cobarde y solapadamente de ellos para sus intereses partidistas en lugar de velar por los intereses generales del país del que viven tan ricamente… Esa es una de las causas, puede que la principal, del cerrilismo campante e imperante. Somos agnósticos integrales de la peor especie. No solo en ilustración, educación, conocimientos o cultura, sino también en lo social y en lo político. Estamos abducidos por la ambición desmedida de los que nos gobiernan y de los que esperan gobernar. Y les bailamos el agua, que es lo peor.

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com www.escriburgo.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.