RESPONSABILIDADES

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Con lo de la tragedia ferroviaria de Adamuz, el ministro Puente se ha lucido con todos sus entorchados. No voy a hablar aquí de las tragedias humanas que tanto se han repetido en unos medios de comunicación convertidos en casquería de ocasión… Voy a tratar de la tragedia de tener políticos como él. En un principio, este responsable (¿?) de la cosa, comenzó diciendo que ninguna alarma había saltado ni avisado de nada – las alarmas de los maquinistas de toda España denunciando del mal estado de las vías en docenas de tramos, no le sirven a este señor – aunque luego reconoció una “posible” fractura en un rail; después, que si fué una soldadura que saltó; más tarde, habló de la “fatiga de los materiales”; y hasta que se publique este artículo, a saber lo que aún podrá salir… o se le ocurrirá.

Pero eso sí, él se exime a sí mismo de toda culpa y responsabilidad, aunque su muy jugosa nómina la cobre por tenerla; y con ello justifica su no-dimisión… Sin embargo, anunció pocas fechas antes de que “en España, el ferrocarril vivía el mejor momento de su historia, y la velocidad alcanzará los 350 km/hora”, con lo que entonces ya le estaba cayendo en roturas, demoras, anomalías e incidencias negativas en ese transporte, y si eso no es una negligente temeridad e irresponsabilidad por su parte, ya me dirán Vds… No, claro que no. Inmediatamente después de sucedido lo de Ademuz, en Cataluña se cayó un muro de contención; en Cartagena, el Feve se topó con una grúa; En Asturias se desplomó parte de un túnel a su paso… y no sé si, a la hora que esto salga a la luz, habrá ocurrido algo más digno de mención.

Mas eso no es de su responsabilidad, según sus propias declaraciones… Claro que no. Esos son los Idus de Marzo que se han adelantado. No sé que entiende este sujeto por RESPONSABILIDAD… Porque lo que sí funciona es el mínimo mantenimiento; la externalización de servicios públicos a empresas privadas; la falta de voluntad a la hora de atender las quejas de sus profesionales, y, sobre todo, el desvío de fondos públicos a las actividades delictivas de sus anteriores responsables políticos, hoy en la cárcel; y todas las mordidas asociadas a la concesión de infraestructuras en este país entre empresarios y políticos.

A todo esto, que no es moco de pavo, podemos añadir otro mal endémico que padecemos, y es que gastamos el dinero en grandes infraestructuras, con dinero público propio o europeo, para sacar barriga y obtener votos, entre otras regalías, y “selfiarse” a tropel en todo medio de comunicación, para luego quedar abandonados por su falta de empleabilidad o rentabilidad, o porque no hay dinero para poder mantenerlos… España está plagada de aeropuertos, auditorios y obras megalómanas cerradas e infrautilizadas en cada pueblo o ciudad, que no pueden abrir o mantener. En mi pueblo, por no irme más lejos, hay un museo sin acabar, y un palacio acabado pero cerrado, sin saber qué hacer con ellos.

El por qué ocurre este tipo de casos y de cosas, puede ser que sea por el negocio que irradia alrededor de sí cada Proyecto, con porcentajes, pellizcos y comisiones por aquí y por allá y acullá, que sirven para engrasar bolsillos y voluntades, y para la financiación ilegal de los partidos políticos, muy en particular… En esto participan tanto derechas como izquierdas con toda la fruición que ambas son capaces; y las ideologías políticas se convierten en ideologías financieras y monetarias… El agarrar hoy en día una concejalía, una consejería, una dirección general, o cualquier otro chollo político, es una salida con grandes posibilidades económicas. No se trata de servir, se trata de servirse bien servido. Y las grandes infraestructuras albergan grandes oportunidades.

Sin embargo, podríamos trazar un paralelismo entre el aspecto material de los accidentes que se provocan como consecuencia de tales motivos, con el aspecto moral de los responsables políticos que hay detrás de ellos: lo que los técnicos llaman “fatiga de los materiales”, el sobreuso de los mismos, que, encima, suelen ser de baja calidad, porque hay que sobredimensionar los costes para sacar los “sobres” que viajan a determinados despachos de la Administración… Nuestros políticos son “material fatigado”, muy dado y propenso a la corrupción. De ahí que esté generalizada en nuestra política administrativa… Son material de deshecho que utilizamos una, y otra, y otra vez, sin cambiarlo, ni renovarlo, aún siendo material ya viciado.

Convendría dejar de usarlo hasta dar con gentes capaces de cambiar los sistemas de gobernación del Estado: empezando por el aparato electoral y terminando por el legal y judicial; que engendre nuevas expectativas a la hora de elegir lo mejor, o lo menos malo, y no siempre lo mismo y a los mismos, que no quieren cambiar las reglas del juego, como elecciones de listas abiertas, por ejemplo… O un replanteamiento de las Autonomías, que son en sí mismas madrigueras de cuentistas y robapanes; y nidos generadores de despilfarro y repartos bajo mesa, como otros ejemplo.

Tenemos partidos presidencialistas, partidos vendidos, partidos oportunistas, partidos nacionalistas y partidos nazionanistas… Unos quieren cargarse la democracia de raíz; y otros quieren secuestrarla para su exclusivo uso e interés… Y los que las sirven solo están en sus respectivas cloacas para servirse a sí mismos, con la falsa excusa de servir a la ciudadanía… Y los votamos una, y otra, y otra vez más, porque nos creemos sus mentiras y sus condicionadas promesas; pero no cambian nada porque no les interesa que nada cambie… Un auditorio, un aeropuerto, un cuentacuentos de obras públicas, puede que no provoque víctimas mortales, aunque sí económicas y morales, pero un Alta Velocidad…

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ // www.escriburgo.com // miguel@galindofi.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.