
Cuando los físicos quánticos empezaron a examinar los elementos que conforman el átomo, descubrieron que el 99, 99% del mismo está vacío, y que solo una muy minúscula parte del mismo es materia… Bueno, definirlo como vacío tampoco es correcto. Lo que se define como vacío es pura energía que se mantiene en contínuo movimiento, aparentemente de una forma caótica e imprevisible, y que interacciona de manera constante con esa ínfima parte de masa, como en una especie de flujo de información entre la poca materia y la mucha energía. Calcularon que esa especie de “movimiento” lo hace alrededor de ocho veces por segundo. Resulta mareante tan solo que pensarlo…
Pero lo que acojonó a los investigadores científicos es que esa escasísima materia subatómica es un fenómeno momentáneo que surgía y desaparecía aleatoriamente, que no parece existir de forma absoluta, e incluso que parece cambiar de conducta sin saber el motivo ni la causa… Hasta que descubrieron que cambiaba de lugar y estado (de energía a materia) cuando, precisamente, se ponía la atención en estudiar su comportamiento. Esto es: esos electrones solo aparecen en un lugar cuando se observaba fija la atención en ellos. Si el investigador aparta la vista, esa materia desaparece, convirtiéndose de nuevo en energía… Como por pura mágia. Así que lo llamaron “el efecto observador”.
Por lo que, blanco y en botella: este “efecto observador” hace que la materia exista hasta tan solo que es observada, e incluso parece obedecer a lo que ese observador “espera” de ella; algo así como si actuase a voluntad de la creencia del tal observador. Acojonante. Nada apor aquí, nada por allá… Otra forma científica de decirlo sería que en el universo quántico subatómico, la mente subjetiva afecta a la realidad objetiva; y eso, en román paladino, sería que solo se hace realidad tangible aquello que pensamos… Esto, practicamente, se ha convertido en una ley física, por mucho que nos cueste creerlo.
Porque esa es otra, amigos míos: el pensamiento nos viene de la mente, no del cerebro, que es solo el órgano material por el que se manifiesta la tal mente. Así que, por tal regla de tres, la mente transforma contínuamente nuestra realidad, el mundo en que vivimos, e incluso a nosotros mismos incluídos en el lote. Tal cual… Lo que nos lleva a ser co-creadores (aún sin saber ni reconocer que lo somos) con lo que entendemos por Dios. Utilizamos SU energía primigenia, que es la semejanza que tenemos con Él, puesto que lo de la “imagen” nos la fabricamos nosotros mismos… Por cierto, observen que la tal “imagen” viene de “imaginación”, y la imaginación es hija de la mente, así que, ya saben: nosotros imaginamos el “Fiat”, y éste se realiza.
Otra cosa son los resultados, claro… Si los resultados no son lo que debieran ser es porque fallamos, más que menos estrepitosamente, en algo. Y muy bien puede ser que ese algo sea la intención con que imaginamos lo que expresamos a través de nuestra (torcida) voluntad. Es una concatenación de hechos desde que nuestra mente comienza a secuenciar cualquier idea que nos nace (o se nos hace nacer) del magín. Quizá la secuencia sea: Idea > Pensamiento > Sentimiento > Comportamiento… No lo sé, pero lo único cierto (probado y comprobado) es que todo arranca con un simple acto de voluntad que obedece a algún propósito concreto. Lo demás, es una cadena regida por la también ley de causa y efecto. Esa sería la buena noticia; la mala es que no somos conscientes de ello. O no queremos serlo. De lo que se aprovechan algunos álguienes.
Y este es nuestro pecado y nuestro castigo. Precisamente. Tenemos la capacidad de sanarnos a nosotros mismos; de hacer un paraíso de nuestro mundo; de ser cuasi dioses en nuestra creación… Potencialmente estamos dotados para ello. No es ningún cuento ni invento, pues científicamente está demostrado por la Física Quántica. Pero, sin embargo, nosotros mismos arruinamos esas posibilidades que se nos ha garantizado dentro de la llamada Creación. ¿Por qué?.. yo creo que es porque nosotros no nos lo creemos. Incluso voy más allá: por que a algunos (los poderosos de entre nosotros) les interesa que creamos lo que ellos quieren para su único y exclusivo beneficio… Pero métanse este principio en la cabeza: El que cree, crea.
¿Qué quiénes son esos tales?.. pues las iglesias, las oligarquías económicas, los trusts ideológicos, los políticos, las tradiciones, los manipuladores sociales… Todo aquello a lo que nos sometemos porque nos convencen de seguir un concreto y determinado camino de interesado aborregamiento, y que nos hace pendientes y dependientes de determinados comportamientos. De hecho, se nos condiciona desde que nacemos, con una educación limitadora y controladora; se nos hace ser esclavos de unas creencias falsas y erróneas, para que no creamos en nuestro propio potencial, ni desarrollemos nuestro auténtico, verdadero, y legítimo, poder de ser nosotros mismos… El liberarse de ello puede costar toda una vida, o hasta varias vidas, o parte de la existencia.
Por el contrario, si desde que nacemos, en una civilización avanzada en cultura, se nos educa para desarrollar nuestro genuíno potencial, en vez de para enterrarlo, seríamos verdaderos creadores conscientes de nuestra propia realidad, con todo el conocimiento de causa… Pero, desde el principio de nuestra conciencia, se nos ha convencido de todo lo opuesto: de que somos seres limitados y limitadores, y que solo podemos subsistir integrándonos en el sistema de ganado guiado… Y como así lo hemos creído, admitido y asumido, nos hemos forjado nuestras propias cadenas; y nos hemos hecho esclavos de nuestras propias – erradas y herradas – creencias.
Lo demás es pura consecuencia de nuestro secuestrado pensamiento… Que ahora la ciencia venga a decirnos que si desmontamos los ladrillos de nuestra propia cárcel podemos hacer un mundo nuevo e infinitamente mejor, empezando por nosotros mismos, resulta liberador, pero nuestros propios pensamientos nos traicionan no creyendo aquello que es la verdadera realidad posible, en vez de empeñarnos en seguir apoyando y practicando lo que nos hace esclavos en vez de libres.
Sin embargo, sea como fuere, la responsabilidad es solo y exclusivamente nuestra, ya que la posibilidad tan solo reside en nosotros. En todos y cada uno de nosotros… El problema, en mi caso al menos, es que me he pasado toda una vida haciendo el gilipollas, y ahora ya no me queda tiempo ni fuerza (de hecho,cada vez se me limita más dentro del propio sistema) para cambiar nada… Solo se queda en el intento, y en los que puedan escucharme en tal intento… Por ejemplo.
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com
