LA GRANJA

En mi edad de chiquillo, cuando enfermaba, igual daba que me doliera la barriga o que tuviera fiebre por algo, invariablemente, lo primero que hacía el médico al verte era pedirte: “A ver, saca la lengua”… Luego, venía lo demás, si es que venía, porque la mayoría de las veces, hasta ahí llegaba el examen clínico, o cualquier otro tipo de auscultación… “A este zagal hay que purgarlo”, y se mandaba a la abuela a la botica a por Aceite de Ricino, o a por Agua de Carabaña (el Té Pujol, era demasiado refinado).

Y me ha venido todo esto a la cabeza pensando en nuestros políticos actuales, fíjense qué cosas – relación de ideas, creo que se le llama a esto -, más que nada por su comportamiento… Cualquier galeno de entonces que entrara en el Congreso, o en el Senado, o en los trullos autonómicos, es lo mismo, para hacerles una revisión de rutina a la antigua usanza, no sería necesario obligarlos s sacar la lengua, no sé si oliéndoles el aliento… Bastaría con oírlos hablar. No iban a tener las farmacias suficientes existencias de Ricino para purgarles desde sus estómagos hasta sus conciencias.

Lo que pasa es que, a diferencia de nuestros casos de cuando críos, estos próceres de hoy tienen todo el organismo sucio, si no podrido. Y no sé si también el alma. Y me temo que eso no lo arregle el Agua de Carabaña, así se la inyecten por vía intravenosa… La mentira y el insulto se han instalado en todos los hemiciclos y audiencias políticas de España, como un pestilente virus de la mayor antieducación. Y lo peor es que se está convirtiendo en un mal endémico. Se nota en un par de preocupantes síntomas: en que ya lo aceptamos como comportamiento normal; y en que se está propagando a la gente común, igual que la peste aviar, o la porcina que es más cochina.

Y lo malo es que pase a ser como la rabia, en que perdamos el norte de todo, y hasta el oremus, llegado el caso… De momento, solo se construyen embustes y se lanzan insultos, como ladridos amenazantes, no desprovistos de chantajes, por cierto. Pero estos perros que ladran, al contrario que el refrán, acabarán mordiéndose y despedazándose entre sí, alimentando su rabia de la carnaza que nosotros mismos les suministramos, como alimentadores fieles de su odio enfermizo… El mundo al revés: los mastines mandando en sus amos, convirtiendo las urnas en cebaderos, y a nosotros, sus votantes, en animales de su granja, sin rebelión alguna (Georges Orwel) por nuestra parte.

Tan solo hay que echar un vistazo al corral: un gobierno en desgobierno y una oposición en descomposición; y ambos dos, enzarzados en una guerra civil de lo más incivil – como decía mi padre de la que le tocó a él – y con los extremos alborotando el gallinero… El primero, acosado por la corrupción, los trileros y ganapanes que le comen las asaduras; y los segundos, que han renunciado a la cordura, entregados y rendidos a las huestes del neofascismo más ortodoxo y falaz, en que no son capaces de nombrar a un presidente de comunidad, rastrero como Mazón, sin que les imponga Vox un títere igual y duplicado… Ese es el panorama que tenemos en un país como el nuestro, donde cada vez estamos más, pero somos menos, pues no nos encontramos a nosotros mismos nada más que en las procesiones y charangas.

Mientras llega el futuro del ya mismo, nuestros relevos generacionales, sin apenas horizonte estable y económico, sin empleo seguro, sin casa, y con cada vez menos perspectivas, se entrega a los cada vez más cantos de sirena de lo más burdo, y soez, y violento, y patético: Regresión al nazismo de nueva tranca…. Me cabrea, sí, pero hasta puedo llegar a entenderlo. Los hemos desculturizado en la Historia y los hemos deseducado en Humanidades; y les hemos fabricado un futuro que no es el que le prometimos… Ni zorra idea en asumir responsabilidades, y ni p… ídem en enseñarles que de lo que se hace se nace (Ley de Causa y Efecto).

Así que siguen como ovejas al matadero a los que les dicen lo que quieren oír… Pero es que, fuera de esta piara, tampoco hay lecciones que aprender. Una Europa medrosa, rendida a cualquier sátrapa que le levante la voz; regresando a posiciones militaristas (la “mili” regresando a Francia, Bélgica, Alemania…) y con la amenaza de Putin aliada al beneplácito de Trump; y con los mismos protonazismos naciendo de sus propios fundamentos de defensora de unos ya derechos humanos casi desaparecidos, y con una libertad de expresión tan solo que para los nuevos bárbaros… Eso es lo que se está imponiendo.

Ya… por supuesto, claro, doy por sentado, y por sentido, que muchos de los que me lean, me achacarán mi visión pesimista de las cosas… Me gustaría, y mucho, no crean, que algún alguien pudiera decirme que algo de lo dicho no es verdad. Digo más: que algún otro alguien pudiera señalarme algún contraindicador que pueda restablecer el equilibrio en tal desequilibrio. Yo, la verdad, no veo ninguno. Al exponerlo en sus casos, tal cual, creo que estoy haciendo un ejercicio de realismo… Si el realismo de hoy no es optimista no es mía la culpa, salvo lo que me toque de responsabilidad como individuo de la especie humana, naturalmente. Pero tal que así están las cosas.

Y, aunque no lo crean, tras esa visión, actual y real, soy positivista: primero, porque estoy cuasi-convencido de que, tras esta debacle de principios humanos (es lo que es, en definitiva) habrá de surgir un nuevo paradigma con nuevos valores igual de humanos – lo fío a la esperanza -. Y segundo, porque, por edad, quizá pueda tener la suerte de ahorrarme lo peor del tránsito… Sin embargo, aún que sea por contradecir a los que me tachan de pesimista, en el fondo soy optimista. No creo en milagros, pero sí creo en las utopías.

Y miren: “Apocalipsis”  no significa, como muchos creen, erróneamente, un Final, si no, todo lo contrario, quiere decir un Principio. Un cambio drástico de lo viejo a lo nuevo, si bien, puede ser, más deprisa de lo que consideremos como normal… Ninguna regeneración es fácil, y todas tienen un precio que pagar. Nosotros también, por supuesto, todos y cada uno de nosotros, también.

      Miguel Galindo Sánchez / info@escriburgo.com / www.escriburgo.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.

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