Torre-Pacheco, AYER Y HOY.

Hace 25 años que ocurrieron los desgraciados hechos de El Ejido… De inmediato, los medios de información de toda España se desplazaron a Torre-Pacheco, y pusieron su foco de interés malsano en el paralelismo social de ambos pueblos. Así que lo invadieron calentando el ambiente y esperando que saltara el chispazo, para vestir las primeras planas de los periódicos e informativos… Los ánimos empezaron a caldearse, y a mí, como Juez de Paz entonces del lugar, me pilló en aquel epicentro en que se fabricaban sin pudor hasta falsos motivos.

En la plaza del pueblo, una mañana en que tomaba café en uno de los bares, un árabe, borracho como una cuba, empezó a orinar en el centro de esa plaza y ante toda la gente, gritando incoherencias, mientras otro árabe amigo suyo intentaba frenarlo y doblegarlo… Los viandantes, alterados, empezaron a abrigar lo que pudo acabar en linchamiento, así que llamé al concejal encargado de seguridad – que acudió de inmediato – y a la policía para que lo retiraran de circulación de la vía pública hasta que se le pasara la melopea…

Al día siguiente, en primera página de una destacada cabecera regional, aparecimos el amigo concejal y yo junto al magrebí, y como pié de foto: “El Concejal de Interior y el Juez de Paz de T.P. increpando a un inmigrante”… Una funcionaria del ayuntamiento nos confesó haber visto desde una ventana del mismo a un par de reporteros esquinados y escondidos, a la espera del momento oportuno. Si no fué preparado, fue casi casi…

Entonces, la extrema derecha apenas era perceptible: restos de una Fuerza Nueva y una Falange Española en plena descomposición; pero lo suficiente como para que sus fanáticos efectivos callejeros citaran a toda su ralea de descerebrados para citarse en el pueblo a fin de “dar un escarmiento a los moros”… Entonces hubo suerte, se cogió a tiempo, sin montar provocaciones ni manifestaciones multitudinarias, se avisó a la Comunidad Autónoma y a la Delegación del Gobierno, y el día previsto Torre-Pacheco amaneció con todos sus accesos por carretera controlados, deteniendo a todos los sospechosos – sus pintas no los despintan – a los que se les encautaron bates de beisbol, cuchillos, navajas, palos y demás batería y armería. Apenas un par de docenas burlaron el cerco, y una vez dentro se encontraron solos, sin personal en la calle, y ante la policía municipal… Nos pasamos el día, D.C. y yo, patrullando los dispositivos de control y respirando a pulmón libre conforme pasaban las horas de la jornada.

Lo de ahora no ha sido igual en las formas, si bien el fondo tampoco ha cambiado mucho… Hoy la ultraderecha está en el parlamento, gobiernos autónomos y ayuntamientos… y subiendo, y con el PP besándole la hebilla de la correa. Y sus comandos son más numerosos, efectivos y organizados. Esta vez, a Torre-Pacheco le entraron tras que su líder tocara la trompeta. Los tenía dentro tras la llamada a la cruzada de Vox… Hay quién me pregunta si yo vi a Antelo ordenarles a sus facinerosos que pasaran a la acción. Claro que no. Como tampoco vi a Eta señalar a sus secuaces lo que tenían que hacer; pero hay que ser muy lerdos, o muy interesados, como para no ver cómo se lanzan las consignas y se cuelgan las dianas en las espaldas de las víctimas. El método sigue siendo el mismo.

Tras la visita de los violentos (a mí me recordó la “noche de los cristales rotos”, cambiando judíos por moros, Alemania 1.938) el discurso del ciudadano cambió el matiz de su tono.. Pasó del parlamento de la indignación al de la pacificación; los mensajes de “estamos hartos”, “esto no puede seguir así”, “no hay derecho”, cambió sutilmente a los de “solo queremos convivir en paz”, “deseamos respeto y buenas relaciones”, “nos llevamos, bien”… Desde luego, el odio tan solo engendra más odio; y la violencia solo atrae más violencia. Deberíamos de haberlo aprendido para no olvidarlo.

Los políticos, una vez ocurrido uno de estos episodios, solo saben venir a hacerse la foto con esas mismas buenas palabricas en sus bocas, pero no han hecho nada – ni lo van a hacer tampoco – para evitarlo… Apenas diez días antes de lo de Torre-Pacheco, se produjo un brote muy similar en Salt (Girona), y no será tampoco el último, desgraciadamente… La estrategia filo-nazi de la expulsión general de inmigrantes sin papeles (con una mano criminalizándolos de toda fechoría – falsas la mayoría – y con la otra oponiéndose a una regularización necesaria para el mantenimiento de los servicios del Estado y del régimen de pensiones y de la Seguridad Social) alimenta el odio por la falta de trabajo y el empobrecimiento así logrado. El objetivo es patente y obvio: producir el efecto en el que luego basar su excusa. La ignorancia del personal hace el resto.

Pero de ese cuarto de siglo acá, se ha producido y desarrollado un factor nuevo y cierto: a aquellos primeros inmigrantes que venían a cubrir los puestos que nosotros no queríamos trabajar en nuestra principal industria productiva, la agricultura, les nacieron hijos, que ya son españoles, y se enviaron a nuestros colegios e institutos, pero se han desarrollado en una marginalidad propia, si bien que alimentada por nosotros mismos; en un rechazo a su status y la negación a un futuro al que no tienen derecho alguno… Si nuestros hijos y nietos tienen dificultad para encontrar trabajo digno en el mercado laboral, ellos lo tienen cuadruplicadamente peor. Y ese es el segmento de rebelión y rechazo del que se nutre esa misma delincuencia.

Mas la culpa ha sido – y sigue siendo – de políticos de un lado y otro del espectro, que han escatimado medios en educación, en integración y hasta en justicia, para evitar lo que hoy tenemos quemándonos las manos y la conciencia… Cuando todo esto explota, el manipular a la gente resulta muy sencillo desde la incultura con la que se nos ha provisto, y de la que se ha previsto. Se nos mueve y se nos atiza según convenga, y cuando vienen mal dadas, se entierra el hacha de la guerra y se saca la pipa de la paz, engañándonos como a indios. Sacan la armonía y convivencia (y conveniencia y connivencia) del falso predicador, y a lavarse las manos…La solución no es poner más policía, sino reducir las causas de la delincuencia; y eso se logra educando en vez de castigando.

En veinticinco años no se han desarrollado políticas educativas integradoras, ni siquiera culturales, mucho menos laborales; ni nada que no sea vivir del cuento mientras rula el invento… Y éste es el resultado. Luego, o se le carga la culpa al moro, o se le carga al camisa parda, y ellos, nuestros politicastres de cajón de sastre, escapándose por los pliegues de sus buenas y falsas palabricas pero malos, muy malos, hechos.

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / www.escriburgo.com / miguel@galindofi.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.

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