VIVASPAÑAS

Soy iberista. Pienso que la península es una totalidad, y no veo por qué las regiones no podrían unirse fraternalmente en una relación federal” (Ian Gibson). Este pensamiento de tan eminente hispanista no es suyo solo. Consagrados autores como Pessoa, Lobo Antunes, Saramago, Unamuno, y muchos, muchísimos otros, comparten el mismo deseo y pensamiento… Hispania y Lusitania conforman una sola realidad física, social, económica e histórica, y eso resulta innegable, se mire como se mire. De hecho, formaría uno de las entidades más importantes de Europa, y casi seguro que se constituiría en el motor de la UE.

¿Porqué, entonces, no se logra tan factible milagro, si sería bueno para todos?.. Quizá que la respuesta esté en la misma pregunta: porque los milagros no existen; y precisamente por eso mismo: porque sería bueno para todos, y nosotros solo queremos lo bueno para cada corral y que se apañen los demás… Va en nuestra genética, y conste, es un hecho científico probado, que es la mente lo que construye y modifica la genética. Por lo tanto, podríamos convenir que es nuestra mentalidad la que hace imposible lo que bien podría ser muy posible.

La Historia escrita y descrita entre Portugal y España no es otra cosa que un rosario de encuentros y desencuentros que siempre ha terminado como el de la Aurora… Nuestras hispánicas diecisiete comunidades, aún artificiales y falsas como en realidad son, es uno de los más palpables ejemplos de lo que somos: pura asincronía. Queremos ser todas y cada una más autónomas que las demás. Somos de los que preferimos la ceguera si otras se quedan tuertas. Lo que en la letra se escribe solidaridad, en los hechos es pura insolidaridad… Salvo en las catástrofes – justo es reconocerlo – que sabemos acudir a remendar el roto del retal ajeno, lo demás es pura zancadilla. Ni siquiera con el pegote, impertinente y descalificador, de “Históricas”, nos mostramos conformes con respecto al país que entre todas formamos… o deformamos.

Dicen los que dicen saber, que la primera tribu que pisó esta península intercontinental cuando el ser humano se expandió por la tierra, fue la de Jubal Caín, uno de los descendientes directos de la raza cainita, el del fratricidio bíblico… Eso quizá tenga algo que ver con que los de esta península seamos así por definición, y lo único que hemos hecho en nuestra existencia ha sido guerrear los unos contra los otros, navajearnos y zancadillearnos como imbéciles… Salvo unirnos para ir contra los de fuera (sean franceses o tarifeños), lo que hacemos aquí es practicar lo de la quijada del burro entre nosotros, y hacernos la vida imposible en un todos contra todos.

Por todo eso digo que, si no somos proclives a llevarnos bien entre nosotros, mucho menos lo haremos con los que – a pesar de ser de los mismos – nos han hecho creer que son extranjeros sin haberlo sido nunca… Sigo diciendo, porque así mismo lo creo y estoy convencido de ello, que tal incuria reside en nuestra muy soberana incultura, en nuestra muy patriotera ignorancia, y en el pelo de la dehesa que arrastramos desde el día que nos fundaron (o nos fundieron) en este bendita tierra. Pero de la que no pasamos del concepto de tribu así nos aspen el lomo…

Sin embargo, lo reconozcamos o no, Portugal (para mí es un nombre apócrifo, pues son lusos, y lo son por Lusitania) ha sido siempre un familiar tan cercano como un hermano, y en verdad más a mano que a trasmano: un pariente con referencias gallegas que siempre nos guarda un lugar de querencia cercana, donde sentirnos en casa… Nadie, por ejemplo de vida, que haya visitado Francia, se ha sentido como en nuestro mirador atlántico. Nunca. Jamás… Y eso es porque, por encima de todo, ambos pueblos, lusitano e hispánico, somos iberos.

Y no quiero meterme con unos vascos que, en nuestra última guerra, quisieron ser ingleses; ni con unos catalanes que tampoco supieron ser franceses… Son gentes siempre descontentas hasta de sí mismas. Tanto, que a mí me parece que son españoles al cubo, tal es el nivel de división hasta para con ellos mismos, y que solo encuentran su identidad en la separación de su propia realidad… Esquinismo en estado puro, es lo que se me ocurre calificar el cromo cuando veo la mezquindad de sus más ilustres politicaires, o políticos de aire, que es lo suyo, como también son de los suyos.

No sé si fue José Saramago, en sus últimos años, creo que desde Canarias, que montó una iniciativa personal, particular y privada, naturalmente, como suelen ser estas cosas entre intelectuales, en que, a través de sus contactos con literatos, economistas, sociólogos, filósofos, y ciudadanaje a su alcance, llegó a firmar y afirmar notarialmente (según su esposa) que más del 80% de la ciudadanía de ambos países ven la unión, no solo aconsejable, sino también necesaria y deseable… Murió antes de poder ver el referéndum con que retó a la politiquería de dichos países, que no sé yo si ya nunca jamás se llevará a cabo. Es posible que descubriríamos que son los intereses espuriamente políticos los que boicotean continuamente, desde dentro, en su culpable opacidad, oscuridad y silencio, tal iniciativa.

Hubo una oportunidad a punto de cuajar: cuando ambos estados era repúblicas; incluso cuando también en ambos coincidieron una dictadura, que se fué al traste por puros personalismos de los capalibertades de siempre… Hoy son dos modelos políticos distintos, pero sigue existiendo lo del bien y el interés común, si eso es lo que vale y debería ser. Pero me temo que esa, precisamente, sería la principal excusa a utilizar por los pocos a los que no les conviene, incluso pasándose por el arco del triunfo una posible consulta a la propia Corona, llegado el caso, y que, tal y como están las cosas, no creo que llegue al tal caso.

Los vivaspañas de siempre, igual siempre han estado en contra de Iberia y de los iberos; de los hispanos y de los lusitanos; y hasta de Europa si me apuran, pues nos ciega el patrioterismo y el arribismo… Y siguen aún aquí, enredados en las tripas de su víctima como una tenia parásita; la solitaria a la que damos vida, de nuestros ancestros, y la que portamos nosotros mismos, chupando de cuentos como una rémora, que no podemos desarraigar de nuestra Historia… Son (somos) tantos los parasitados y los arribaspañas que ni nos damos cuenta que sanguijuelean de todos nosotros.

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / www.escribirgo.com / miguel@galindofi.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.

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