
El otro día me tropecé el chorrón de voz de Jimmy Fontana contando “Il Mondo”… Era mi canción icónica de joven. Por eso fué inevitable un aluvión de recuerdos que invadió mi ánimo, y que quedaron en mí grabados, a la espera de que fueran reviviendo en mí a lo largo de la vida que vendría después… No es una balada de amor al uso, si acaso una balada de amor a ese mundo que, desde entonces, se fue abriendo en mí de manera universal, abarcante y holística, como yo siempre he pensado que es. Me atrevo a compartirlo con todos aquellos que suelen seguirme.
“No, sta notte amore non ho piú pensate a te / Ho aperto gli occhi per guardare in torno a me / Giraba il mondo come sempre”… Hay una ruptura de vida que transciende de lo personal al entorno del ser, como humano; y de su entorno a un mundo que, aparentemente ajeno, gira alrededor inmutablemente. Él canta a esa misma sensación.
“Gira il mondo gira, nello spazio senza fine / Con gli amori appena nati, con gli amore giá finiti / con la gioia e con dolore de la gente come me”… Canta a un espacio infinito con infinidad de amores nacidos e infinidad de amores acabados; dentro de la alegría y el dolor de la gente como nosotros. No canta a un amor determinado si no al hecho solo del amor.
“Oh mondo, soltante adesso ío ti guardo / nel tuo silenzo ío mi perdo / E sono niente accanto a te”… Se pierde en su silencio, dándose cuenta que es alguien, sí, pero no es nada a su lado. Mira el silencio, lo escucha y lo siente, y lo sobrepasa, pero, sin embargo, nota, de alguna manera, que forma parte de él.
“Il mondo, no si é formato may un momento / La notte in segue sempre il giorno / ed il giorno verrá”… La noche siempre sigue ala día, por eso cualquier día, todos los días, todos nuestros días, llegarán irremisiblemente hasta el final; pues el mundo nunca, jamás, se ha detenido por un solo momento. Somos nosotros los que llegamos, andamos, corremos… y nos detendremos.
Ahora, sesenta años después, en una retrospección brutal, miro a ese mundo que reconocía su autor, pero ya me cuesta reconocerlo yo, aunque, claro que lo conozco… Es el mismo mundo amoroso e impasible entonces, pero rabioso hoy y perdido hoy entre odios y siniestras ambiciones…. Aquél era un mundo de esperanzas e ilusiones (o acaso solo era el factor de nuestra juventud, no lo sé), pero que hoy me parece tenebroso y oscuro. Sin embargo, como cantaba – y aún canta desde su más allá – Fontana, sigue siendo el mismo mundo que gira y gira por su espacio infinito entre amores y dolores, aunque yo vea más de los segundos que de los primeros. Ayer parecía lo que hoy no es… O bien es que hoy nos parece un mal sueño de lo que fue ayer.
Naturalmente, no es ese mundo el responsable del cambio que me parece notar; somos los que vamos encaramados a su vieja pelleja, los que, de alguna forma y manera, hemos cambiado para bien o para mal… o para peor. Aunque, cuando los de mi edad volvemos a oír aquellas antiguas baladas que a los de hoy pueda parecer cursiladas, se nos haga un nudo en las tripas, y se nos humedezcan los ojos con lágrimas de pérdida y desconcierto… En mi caso personal no son las mismas sensaciones, aunque sí sean los mismos sentimientos. Esa es la diferencia que hace que se nos encoja el ombligo.
Porque sigo diciendo y repitiendo que no es el mundo el que nos cambia a nosotros, somos nosotros los que cambiamos el mundo…Que si ahora las cosas son de otra manera, es porque las hemos hecho de esas otras maneras; que somos nosotros mismos, y no otros, los agentes del cambio; que Il Mondo que se cantaba no es responsable de haber cambiado nada. Sin embargo, seguimos con el tole-tole de que la vida está así, cuando somos nosotros los que queremos es estar así. Quizá entonces estábamos de otra manera, y, si eso es así, es porque puede que fuéramos de otra manera… Aunque sea la misma madera.
Y por eso sigo creyendo que, en algún recodo del camino, cometimos algún error, cuando hemos cambiado ese mundo a peor (al menos, ética y moralmente peor)… En aquel tiempo de aquella canción estábamos a tres años del famoso Mayo del 68, donde el personal joven, en las calles de Paris, iban a llevar “la imaginación al poder”. Aquello se vendió muy bien, pero se compró muy mal… Tan mal se compró (se entendió) que hoy tenemos lo que tenemos en nuestras sociedades: una especie de deshecho de lo que fuimos. Naturalmente, estoy hablando de valores, de derechos humanos, de principios, ya saben…
Y conste que no estoy poniendo el típico tópico aquél de “cualquier tiempo pasado fue mejor” en bandeja de plata, no, ni mucho menos… Si acaso, cualquier tiempo pasado fue anterior, eso sí. O no todo tiempo pasado fue peor, eso tampoco. La evolución funciona mejorando lo que hay, no empeorándolo, sobre todo a nivel de valores humanos y de principios éticos. No hablo, claro, de ciencia ni de técnica, ni tampoco de ir a la Luna, sino de vivir en paz ayudándonos y compartiendo, no esquilmando esta tierra que se nos dio en algún momento… No me distraigan el blanco de la diana, por favor…
Pero ya que hoy me he levantado con el nuevamente recordado tema de Il Mondo rondándome la cabeza, y como que la música y el sentimiento que acompaña el mensaje es la parte más emotiva del mismo, pues es el alma de la letra, les recomiendo muy encarecidamente que cierren los ojos, respiren profundamente, y lo escuchen de su original:
Lo que sientan, si es que sienten algo, guárdenlo para ustedes. Considérenlo como un regalo.
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com

