LIBERTAD DE…

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Una conocida cabecera digital me envía una invitación para colaborar en su espacio de opinión. Le contesto que bueno, que sí, que vale, pero les digo que antes vean mi perfil y contenidos en mi web – www.escriburgo.com – por si estiman sugerirme algo sobre el particular… Pasan unas cuantas fechas antes de recibir una contestación: me agradecen la buena disposición que muestro al respecto, y lamentan no poder atender mi oferta, dado que tienen el cupo de colaboradores completo (¿?)… Les digo que son ellos los que me han ofrecido tal posibilidad, no yo, pero ya no me contestan, y me quedo con las ganas de saber los motivos reales de tal “misterio de la cripta”.

Pueden ser por varias razones: bien que no doy el nivel requerido; bien porque los temas que toco (son variados, como ustedes saben) no son de (su) interés; bien porque ha habido un error por parte de algún departamento de comunicación; bien porque no encajo en la línea de la cabecera… Les ruego me faciliten los motivos de su retracto, por si me fuera dado tomar nota de algo. Pero, nada, no hay respuesta a la llamada. Ignoro qué les habrá podido espantar, si es que llego a tanto… o a tan poco.

No es la primera vez que me pasa. Hay ocasiones que te cortan el resuello sin darte la más mínima explicación; como hay otras en que tienen la amabilidad de soltarte el consabido “no se ajusta a la línea editorial del periódico”, tras haberte sacado el jugo durante décadas, como haciéndote un favor… También los hay que te someten a una especie de test técnico, en realidad un tercer grado, a ver por dónde largas; como igual los hay que te apagan la luz sin ni siquiera agradecerte los servicios prestados. Hay de todo, como en botica.

Antes, cuando Franco, a los cesados “se les mandaba al motorista” con el punto y final. Pero lo cierto es que vuelve a haber – y eso se nota cada vez más – una censura que hacía muchos lustros que, a los que escribimos, pensábamos que se había acabado con la dictadura, y que había madurado con la democracia… Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Quizá ya no la llamen Censura, y la llamen Línea Editorial, o le pongan otras etiquetas menos comprometidas pero más comprometredoras, sin embargo, lentamente, poco a poco, gradualmente, la mordaza, si bien que sutilmente y a modo de mascarilla sanitaria, vuelve a por sus fueros; vuelve a casa, sea o no Navidad… Lo que cambia, al menos de momento, es la forma, la manera de aplicarla.

Es como más sutil y quirúrgica, pero, si cabe, más dañina que las que te prohíben opinar de esto o aquello a trancazo limpio… Hoy, simplemente. Meten el bisturí y extirpan esto, o eliminan aquello, o dirigen la opinión pública en base a digerirla, tapando ciertas vías de expresión que no convienen a determinados intereses. Sin más… El mercado siempre ha mandado, ya saben aquello de “el que paga manda”, pero hoy son las oligarquías financieras, la mundialización económica, las que sufragan ideologías concretas; las que financias gobiernos y desgobiernos; las que buscan imponer el Gran Hermano que hay más a mano… Y son esos poderes, y no otros, los que actúan sobre toda democracia o dictadura. Hasta que la tal “globalización” sea una realidad.

Por supuesto, hay atajos para conseguir antes el cometido del “prohibido pensar”, y es el que empieza por “prohibido opinar”… Temas condenados al silencio, al ostracismo, a que no pueden divulgarse para que el invento de la masificación de personas no se detenga y siga adelante, según lo previsto… Para eso están los partidos y políticos populistas, para imponerlo por el engaño o por las malas, llegado el caso. Aunque lo más efectivo, a la larga, no sea el perseguir y prohibir, que está aún un poco mal visto, sino enseñar a la gente a dejar de pensar por sí misma… Los modernos sistemas des-educativos están orientados a ello, precisamente: a hacer creer que la libertad reside en elegir no ser libres.

De ahí que se financien y apoyen todas las políticas – sociales y económicas – que conduzcan a convertirnos en un ganado consumista, narcisista y hedonista, y panycirquista, eliminando de raíz la cultura basada en la filosofía, la ética, los valores humanos y el conocimiento transcendente… Todo eso se está poniendo en práctica en la actualidad, y una de las pistas que se dan a los buenos observadores es con lo que abría al principio el contenido de este mismo artículo: con refinadas y reconducidas prácticas inquisitoriales, reconstruyendo la ignorancia en el género humano, y tapiando los canales por los que les puede llegar un mínimo de cultura e instrucción.

La estrategia es simple: “formémosles como buenos técnicos, pero no en valores”… ¿Se han fijado, por ejemplo, cómo las cadenas de televisión financian con dinero público todo espectáculo?.. Propaganda gratuita a empresas del artisteo.  El fin que se busca es que seamos meros productores y consumidores, pero nunca, jamás, pensadores… El único equilibrio en el que se trabaja no es otro que produzcamos barato lo que luego hemos de consumir caro. En el intermedio se ceban a lo que nos mandan, y por eso el índice de desigualdad crece en el mundo entero, y en mi casa (España) a carretás

Es la perfecta definición entre el matarife y el cordero… Me niego a admitir la marca de “revolucionario” que ya algunos empiezan a grabarme en la pelleja… Si acaso, solo admito la de “evolucionario”, sin la erre delante, y si así me lo permiten. Por favor. Un revolucionario también puede ser involucionario, y en esa trampa lingüista ya soy mayor como para caer en ella… A los revolucionarios siempre les han puesto una etiqueta romántica, muchas veces más falsa que lo que ya de por sí somos; y no va por ahí la cosa en ningún caso… Ni mucho menos.

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ // www.escriburgo.com // miguel@galindofi.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.