A MÍ ME DA MIEDO

Vuelvo a darle una vuelta de tuerca a la Inteligencia Artificial, , pero esta vez, en cuanto a relaciones afectivas (no sé si efectivas) con la misma…Leo a Carmen Posadas, que ha conocido algunas experiencias de su entorno próximo, y que está casi convencida de que se pueden llegar a tener experiencias emocionales muy próximas al sentimiento humano de atracción e incluso enamoramiento. Y me dan escalofríos. Pero dada la naturaleza de la I.A., que es como un guante que se adapta a cualquier necesidad, y que se adopta con la mayor frialdad, lo veo perfectamente posible.

De hecho, en EE.UU. en tan solo un año, ha subido más de un 300%, que ya es mucho por ciento, por cierto, las personas que están utilizándola para mejorar su vida afectiva. Y con resultados positivos, según dicen y cuentan… De ahí a quedar enganchado de un consultor/consultora sentimental tipo Elena Francis, tan comprensivo, afectivo y acogedor como ese espacio creado para tu exclusivo servicio y/o necesidad, tan solo hay un paso. Atracción fatal… No digo tontería alguna. De esos, casi un 20% de los encuestados reconocen haber desarrollado un Chat-Box interactuando con él a modo de pareja sentimental.

No resulta extraño cuando se está dando ese fenómeno por redes, sin más contacto que los whatshaps. Es más, casi que resulta más inócuo, puesto que en las redes se enmascaran auténticos depredadores, y en la I.A. es tan solo que una “inteligencia ideogemelar”, al decir de los expertos… Pues, aún y así, me da repelús. Aunque reconozco que puede llegar a ser una trampa cibernética con todo el atractivo del mundo, ni bien ni mal intencionada, pero que sigue siendo un mal reflejo de nosotros mismos, y podemos dar a ese reflejo carácter de identidad ajena (este es el peligro que veo).

Ya existen aplicaciones como Replika, o Character AI, que permiten crearte compañeros virtualísimos a medida y necesidad, diseñando su aspecto físico, su carácter o personalidad, su timbre de voz, sus cualidades, etc… Más de la tercera parte de los usuarios llegó a decir que esa pareja virtual le procuraba más satisfacciones (y aquí entra todo) que una de carne y hueso. A mí, qué quieren que les diga, me alarma enormemente. Dicen esas personas encuestadas que su “amor virtual” les brinda más apoyo emocional que las demás de la vida real. Acojonante… ¿se acuerdan de aquella película de J.Luís López Vázquez, “No es bueno que el hombre esté solo”, de su relación con una muñeca hinchable?..

Bueno, pues hoy ya es perfectamente posible fabricarse ese “avatar” efectivo e inteligente a través de la I.A.; diseñarle un cuerpo físico, de látex u otro material avanzado, en una superimpresora de 3D, y luego, robotizarlo inyectándole la personalidad creada a su gusto en esa jodida I.A… La técnica de hoy hace factible todos esos pasos a quiénes puedan permitírselo. La cuestión está en si existe dilema moral, o no, en estas prácticas… Al fin y al cabo, se deducirá, ¿qué hay de malo en que esas personas se procuren su felicidad por la técnica y sin hacer daño a nadie?.. No sufrir ni hacer sufrir, al fin y al cabo.

Desde luego, éticamente parece irreprochable, pero aún y así, yo tengo un par de posibles inconvenientes, que me impiden el sentirme convencido por tales encantadores cantos de sirena… Una es que podemos crear un mundo absolutamente narcisista – y ya lo está siendo en cierta medida – enamorado de su propio reflejo; una sociedad prendada de sí misma, enganchado cada individuo a un superego volcado en su ineludible espejo… Ya somos lo bastantes hedonistas, que solo sabemos satisfacer a nuestro Narciso interior, como para convertirnos en clones de nuestros propios deseos y de nosotros mismos… Es justo el mito de Pigmalión, pero sin esfuerzo, como comprado en un supermercado.

Y la otra es que interrumpiríamos el proceso evolutivo humano, que está diseñado para lograrlo en la interrelación entre personas únicas en sí mismas, unos con otros; entrando y saliendo, y luchando, y experimentando el campo de la satisfacción y el sufrimiento; el del placer y el dolor; en el de la venganza y la templanza; en la lucha continua entre la sangre y el espíritu… Es el camino que lleva al conocimiento; y el otro es la senda que lleva a la ignorancia de mirarnos nuestro propio ombligo, y parar el mecanismo de la evolución natural, que es pararnos a nosotros mismos.

Naturalmente, esa es mi reflexión personal, mi muy humilde opinión… Pienso que, llegados a estos extremos, no se tardará mucho de que algunos álguienes aseguren haber contactado con Jesucristo, o con Mahoma, o con Buda, o el mismísimo Dios… ¿por qué no si es con la misma regla de tres?.. La I.A. lo permite, ya que nos devuelve a nuestras propias creencias y querencias, con el traje hecho a nuestra propia medida… Y lo contrario, la I.A. puede orientarnos a las guerras sagradas, a los asesinatos por la iluminación, a nuevos y sofisticados fanatismos…

Es de nuevo, otra vez más, el confundir la herramienta por la ortodoxia… Nunca negaré que la I.A. es un nuevo escalón de la técnica… antes fue Internet, luego vinieron las Redes, ahora se destapa la I.A… Magnífico si sabemos usarlas para madurar; pero fatídico si lo convertimos en un nuevo tótem ante el que postrarnos. En vez de ser nosotros sus amos, muy bien podemos convertirnos en sus esclavos… Un amigo al que hecho mucho de menos, me anticipó hace tiempo que todo esto iba a constituir la nueva religión del futuro. Y, el caso es que, hasta el momento, parecen estar andándose esos pasos. Una religión universal que nos promete el cielo en la tierra, cuando aún no sabemos si lo podemos convertir en el auténtico, verdadero y genuino infierno.

Miguel Galindo Sánchez / www.escriburgo.com / miguel@galindofi.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.

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