

Me alegro de que llegue la paz a Gaza, pero no me alegro de cómo le llega. Es la paz del cementerio, del silencio de los muertos, del agotamiento… Tan solo hay que ver la foto que se está perfilando cuando escribo esto. Apenas han empezado a imponerse las propuestas en veinte puntos de Trump, el asentimiento parcial de Hamás, y el sospechoso sí condicionado de Netanyahu. Antes de que sigan los pasos – no sé si acertaré o no – y tras los artificiales fastos montados, yo lo veo como cuando en la cubeta de revelado clásica de las fotografías antiguas, comienzan a salir y distinguirse los perfiles y las figuras de la composición.
Y no veo la paz EN Gaza por ningún lado. Lo que veo es la paz PARA Gaza, que no es igual. Una paz fabricada y condicionada para que todos los involucrados saquen tajada a costa de los palestinos y gazatíes masacrados en genocidio. Con sus decenas de miles de niños muertos que ya no serán hombres ni mujeres… Es la paz de los exhaustos, que ya no pueden defender otra cosa que su dudoso derecho a seguir respirando, y que nadie en el mundo les va a defender tampoco otro derecho que ese. El único derecho es el de los más fuertes, y su desgracia, la de la cobardía del resto del mundo.
La “lógica” impuesta por Trump es tan irrespetuosa como despiadada: empujar a los restos de los palestinos a una zona del desierto del Néguev, y encima no dejarlos gobernarse por sí mismos, si no que les impone una administración tutelada sin derecho a autodeterminación alguna, solo de gestión, y poca; sin justicia ni legitimación democrática; sin instituciones formales ni legales, y sin rendir cuentas a nadie… Tan solo habrá un Consejo de Paz presidido por el propio Trump, con la presencia del enemigo declarado, Israel, y a cuya monstruosidad se añade a Tony Blair como una especie de virrey en la zona.
Sí, ese mismo Tony Blair que llevó al Reino Unido a la guerra de Irak, mintiendo sobre las armas de destrucción masiva; uno de los artífices de la catástrofe de Oriente Próximo, y que ahora actúa como “consultor” a sueldo de las dictaduras ricas, como la propia Arabia Saudí, que también actuará de tapada en los intereses de la futura reconstrucción de la Franja de Gaza… Pues en esa foto empieza a salir un invitado que está dejando de ser de piedra, y que igual formará parte de tal execrable Consejo: se trata de Jared Kushner, yernísimo de Trump y gigantesco promotor y constructor, y financiador, con fondos de inversión provenientes de Riad… Así que, blanco y en botella.
Todo obedece a un plan muy bien diseñado y medido, y ensangrentado, para repartirse la zona estratégica de Gaza (corredor comercial que conecta India y Europa, de nombre IMEC, y que se proyectó hace un par de años), y en el que le ha tocado el papel de carnicero y de limpieza étnica a Netanyahu, a cambio de permitirle que sus colonos ortodoxos e ilegales monten sus asentamientos, entre otras barbaridades. El malo de la película. A Trump, el papel de pacificador en busca de ese Nóbel de la Paz ensangrentada; y a sus negocios de albañil representados por su yerno, más el cacho de rentabilidad para el capital saudí…
Esta es la trama del negocio: arrasar Gaza, arrinconar a los palestinos, y reconstruir un Las Vegas en el Oriente Medio. La corrupción al poder… De momento, si todo sigue su curso, Trump amortiguará las protestas que la tardía conciencia ciudadana está provocando en todo el mundo; le dará a Europa el lenitivo que ésta necesita para seguir tragando; y apagará la fogata (no llegó a fuego) con que la Onu escenificó el malestar general, que aparentando ser mucho, en realidad quedó en nada. Una foto a la que el monstruo ya se va acostumbrando. Solo son poses – se dice a sí mismo – y acierta.
Lo inteligente del satánico plan reside en desarticular las críticas antes de que pasen la línea de simple “pose”, precisamente… No es una paz justa, vale, dirán, ¿pero no es eso mejor que la matanza genocida?.. Se perpetúa la ocupación, bueno, pero ¿hay alguna posibilidad más realista?.. Ese amargo y crudo realismo se presenta ahora como moralmente mejor al idealismo de los que pensamos con principios de justicia. Pero es profundamente pavoroso, porque naturaliza las relaciones de un poder naziaautoritario existente hoy, como lo único posible. Se tolera y justifica todo abuso dentro del marco de la dominación; y se califica de irreal cualquier cuestión moral y de mínima honestidad… Ese es, en definitiva, el “Realismo” que se nos quiere imponer.
Y estos son los cánones por lo que funciona esta diabólica operación: la administración “eficiente” de los vilmente derrotados, de las víctimas, ejercida por sus asesinos y verdugos… Mientras Blayr y Kushner diseñan el futuro en los márgenes de un “orden” impuesto por la brutalidad y el cinismo… Mientras, Europa y el resto del mundo se lame las heridas de su orgullo, replantea un nuevo supuesto de los Derechos Humanos, por lo criminal, claro, y se rinde al nacimiento del nuevo fascismo internacional.
La aparente incongruencia está, precisamente, en las calles: mientras, por un lado, se las invade masivamente protestando por esos derechos palestinos pisoteados y masacrados, por el otro lado, cada vez más se vota a los políticos aliados y socios de tales criminales… O sea, no es que esos sanguinarios estaban ahí, es que los hemos puesto nosotros ahí. Y vale más que seamos coherentes con nosotros mismos antes de ser vestidos por una pancarta o asimilarse a una bandera con la kibuya en el cuello… Es más práctico combatirlos desde las urnas que fotografiarnos de tournée por los medios de comunicación. Es más efectivo no votarlos que luego quejarse de las consecuencias… La batalla todavía está en las urnas de todo el mundo.
Miguel Galindo Sánchez / www.escriburgo.com / miguel@galindofi.com
