

Pobreza y riqueza no dejan de ser conceptos… Yo mismo soy rico o pobre según con quiénes me compare, por lo que, encima tales conceptos no dejan de ser relativos. El problema no está en eso, sino en la distribución de ambos, en la desigualdad. A mayor diferencia, mayor distancia la una de la otra, mayor pobreza integral (mental y material) entre unos y otros. Un mundo, una sociedad en que los ricos son cada vez más ricos a costa de que los pobres sean cada vez más pobres, no deja de ser un lugar de cada vez mayor injusticia social, puesto que la justicia se basa en la igualdad, en el equilibrio del reparto de esa misma riqueza para combatir la pobreza. Lo demás son cuentos chinos que nos montamos para engañarnos a nosotros mismos entre nosotros mismos.
Tenemos como ejemplo mismo el doble y polarizado escenario que se montó en este país el pasado 18/4, en Madrid y Barcelona respectivamente, entre la derecha ultramontana y la izquierda perdida en su templo, personificados por Ayuso y Sánchez, a la vez que atropelladamente, puesto que no se quitaron el ojo el uno del otro mientras se lanzaban invectivas mutuas sacándose el pellejo. Fue la escenificación de la división. Pero, sobre todo, la constatación de que nadie quiere la paz, sino la guerra, por mucho que ambos hablen de la primera escondiendo en la recámara la segunda.
En Madrid, PP y Vox montaron un escaparate que se quiso internacionalizar, dando un homenaje a Corina Machado, en nombre de la libertad, la paz y la justicia, cuando existe la irracionalidad manifiesta de que esta mujer ha vendido a Trump su Nóbel para que éste tenga a bien subirla al trono de Venezuela a cambio del monopolio de su petróleo. Esa es la liberación. Un manifiesto contrasentido. Ahí no hay paz, ni justicia, y mucho menos libertad, como ahora con la marioneta Delcy tampoco las hay… El ejemplo de esas formaciones políticas es el pacto, entre otros vergonzosos, que han firmado en Extremadura: acabar con las subvenciones a Cáritas y otras Ong´s que ayuden a los inmigrantes… y eso, considerándose ambas de confesión cristiana. Toda una sangrante declaración de intenciones de inhumanidad manifiesta. Trump también está metiendo en campos de concentración a los suyos en nombre de Cristo.
En Barcelona, por otro lado, se explotó lo virtualmente contrario: una loa al progresismo de las izquierdas, en un escogido grupo de dirigentes y exdirigentes, sobre todo hispanoamericanos, que quieren salvar su redentora misión en el mundo, bajo el lema “En Defensa de la Democracia”… Cojonudo, me apunto a ello. Pero es que, hasta ahora, el actual izquierdismo político solo se queda en el discurso, y en el repartimiento de puestos de poder, incluso con dictaduras de su signo en esa misma hispanoamérica. Pero que, a la hora de reducir las distancias entre pobreza y riqueza, apenas es un barniz donde venir a pegar sus cromos… Es posible que cuando la izquierda de nómina y etiqueta recupere su papel de verdadera izquierda, su rol original, entonces pueda renacer. No digo yo que no, pero lo perdido en el camino aún no ha sido recuperado ni demostrado… Simplemente, se hizo casta, y habitó entre nosotros.
Lo que sí es cierto, y esto es innegable, es que el astuto Sánchez, últimamente castigado y minado por la corrupción y el personalismo, ha dado un golpe de efecto en el que la izquierda internacional lo consagra como figura insustituible… El mero hecho de hacer frente a Trump y no doblegarse le ha conseguido un reconocimiento global que lo ha oleado para lo que le viene encima (yo también le hago el chapeau). Y el problema de la derecha española es que le han regalado ese triunfo al apostar ellos por el servilismo sectario y contrario. Hasta el mismísimo Papa se ha alineado – no alienado – con él. Salvo, claro, que León XIV sea un traidor comunista como el tal perrosánchez.
Pero creo que estábamos hablando de la riqueza y la pobreza, ¿no?.. Es que todo va engatillado; todo está relacionado; todo anda el mismo camino, queramos o no queramos verlo. Y estas escenificaciones no son otra cosa que revivales montados para recordar a la gente antiguos valores perdidos entre las ideologías que aún viven de recuerdos… Y digo “perdidos”, aunque mejor debería decir “vendidos”. Porque, engañémonos si así lo queremos, pero todos esos “valores”, igual de izquierdas que de derechas, han sido comprados, a tocateja, por las oligarquías financieras, que son las que, de facto, nos gobiernan a precio de saldo. Y tanto los unos como los otros son propiedad de la Multinacional del Dinero.
Y es ese monstruo global el que establece que los gobiernos de guardia, por muy progresistas o liberales que se etiqueten a sí mismos, establezcan una política social… hasta cierto punto, o hasta que se establezca una marcha atrás. Mientras tanto, nosotros creamos y creemos en lo que dicen los partidos; ellos nos darán a ver esas peleas de gayos que tanto gustan a sus cada cuales, y nos miramos en la sangre que se arrancan los unos a los otros… ¿Por qué no dar al pueblo lo que quiere ver, aunque todo sea más falso que el cartón/piedra?.. Y en esas mismas estamos… Y lo que te rondaré, morena…
Esto que voy a largar aquí puede ser un oxímoron, pero es la puñetera realidad: la riqueza se basa en la existencia de la pobreza, tanto como la pobreza se justifica por la existencia de la riqueza… Son necesarias la una a la otra porque se juegan ambas la misma subsistencia. Lo que resulta abominable es que tenga que ser a costa de adelgazar a los flacos para engordar a los ya gordos. Entonces se convierte en la explotación de muchos seres humanos por otros pocos. Y aquí, izquierdas y derechas juegan a lo mismo porque el fiel de la balanza está trucado, y encima, la balanza tiene dueño e impone sus propias pesas y medidas.
Esa balanza, manejada por una dama con los ojos tapados, es el símbolo de la Justicia. Y vamos y nos lo creemos… Pero lo cierto es que lo que representa de verdad es una dama ciega que no ve lo que está pasando, porque solo está posando. Es un remedo de justicia para pobres y ricos, según lo que cada cual valga para lo que valga, entre productores y ladrones. Pero, como dice Manuel Vincent, “los ricos pueden plantarse una flor en el ojal, mientras los pobres solo aspiran, con suerte, a tenerla en el culo”… Pues eso mismo pienso y digo yo.
Miguel Galindo Sánchez / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com
