

Hubo un tiempo en esta España mía, esta España nuestra, – lo digo más que nada a los jóvenes – en que sus ciudadanos creíamos que los políticos que nos representaban y los hacedores que nos guiaban, eran de lo mejorcico de nosotros. Pensábamos incluso (aunque fuéramos ilusos) que la ciudadanía se mejoraba a sí misma eligiendo de entre sus enjundias a personas que recibían honor por honrar (valga la redundancia) los cargos para los que se les designaba, e incluso el leal agradecimiento a los servicios prestados… Yo conocí “in person” a personajes de la transición que ganaban menos de ministros que de decano de su facultad, o, como Herrero de Miñón, como catedrático de la universidad sevillana. Por simple ejemplo. Aquella gente trabajaba para el país verdaderamente, no que el país trabajara para ellos, como es hoy.
El pensar que nuestras élites son mejores que nosotros, por su sabiduría y conocimientos, y responsabilidad para con su nación, nacía de una virtud: de creernos capaces de gobernarnos a nosotros mismos eligiendo a los más aptos y capaces (la honradez se daba por supuesta) de entre esos nosotros mismos, en aquel depurado método romano de “inter pares”… Por supuesto que no existía ninguna garantía que lo avalase; era más creencia en que el sistema democrático proveería, nos vendría por añadidura, como en el Evangelio, lo mejor para todos… Sí, vale, pura cuestión de fe, si así lo quieren. Yo también así se lo otorgo a ustedes…
Comparen a lo que hay hoy en día, pero les pido, antes de proceder a ello, que hagan un esfuerzo de objetividad, si es que son capaces, esto es: que se desprendan de todo afán (falso) ideológico; y se revistan en lo posible, si acaso, del afán (verdadero) idealista… No, no es lo mismo la ideología que el idealismo – lo segundo es muy superior a lo primero – aunque así nos lo hayan hecho creer los mercaderes de siglas, los corruptos de todos los partidos, que actualmente se han hecho con las manijas del poder y nos gobiernan con nuestros votos. Lo único que quieren es medrar y quitarse los unos a los otros de en medio, aún usando las peores y más denigrantes métodos, a fin de destronarse mutuamente. Solo para eso quieren nuestros votos.
Y, claro, han hecho de ello profesión. Todo partido tiene hoy sus insultadores y difamadores, sus mentidores y zancadilleadores, sus esquiroles y sus esquifes. Absolutamente todos… Y solo están ahí para darse bofetadas y navajazos; no es su meta el trabajar juntos para todos aquellos que los han elegido, ni hablar de eso. Solo lo hacen por y para ellos mismos. Obsérvenlos a todos, uno por uno, sean de la camarilla que sean… Tan es así la cosa – o la descosa – que hasta interiormente de cada topera tienen sus camarillas de fontaneros que se dedican a conspirar, dentro de su propia estructura, contra quién sea y a favor de los que mejor les paguen. Y sus bolsas de sanguijuelas que les hagan el trabajo sucio.
Lo mismo da que sean con favores y privilegios, que con fondos de reptiles, que con mordidas en los negocietes de las concesiones públicas a las empresas privadas, que con intercambio y uso de casas de lenocinio… De todo hay y para todos hay. Y tanto a un lado como a otro de un escenario que cada vez es más un “obscenario”. La chabacanería, ruindad y vileza de todos los que participan en este desmontaje de la Democracia, que no es otra cosa que eso mismo, no tiene límites. Y al acecho del estertor final de esta agonía andan los buitres carroñeros, ultrapopulistas de ambos extremos, para merendarse los restos que dejen e imponer su tiranía.
Sin embargo, todo esto que relato está ocurriendo por un solo y único motivo: porque esa ciudadanía que citaba al principio nos hemos dejado uncir a sus respectivos carros, como también junto a sus respectivos bueyes… Y nos hemos polarizado mansamente a su basura sin resistencia alguna, sumándonos a la misma bajeza con que ellos actúan… Hasta tal punto nos utilizan a favor de cada ideología que nos usan como ondas para tirarnos entre nosotros las pedradas del “y tú más” que tan bien nos han enseñado y nosotros hemos aprendido. En vez de unirnos y ponernos manos a la obra, todos juntos, para acabar con toda esta porquería que nos invade y nos corrompe a nosotros también.
Claro, como en un país así, a lo que menos se le dota en sus presupuestos es a la Justicia (solo les vale como tirachinas entre ambos) mientras aún sale cárcel para los del PP a elementos que trabajaban en las más inmundas cloacas del anterior gobierno, y colea en lo más vergonzoso de la Gurtel y compañía, y sale una pareja defraudante que aspira a desfenestrar a su jefe para ponerse ella, y se usa como descerebrado ariete para contentar a los más extremistas; a los del PSOE les salen golondrinos bajo los sucios sobacos, desde los atracadores al estilo “carmencollares” que barren para sí mismos, hasta los que sotanean para el gran jefe, pasando por los abalorios de Ábalos y su banda de conseguidores, y los entresijos de sus Leires tejedoras y barredoras de los bajos fondos políticos… Esto si, para cuando salga editado este artículo, no han surgido más sarpullidos en ambas partidas de ladrones, que me extrañaría que así no fuera.
Que si es el huevo el que hace a la gallina, o la gallina al huevo, no lo sé… Pero sí sé que están íntimamente relacionados. Y si tenemos un país por debajo de Uganda en el Indice Mundial de la Corrupción, dirigido por un atajo de Pepes Goteras con sus Otilios, será, digo yo, claro, porque de donde no hay no se puede sacar. Y si sacamos a mediocres y tramposos, y trileros y ambiciosos, a punta pala, puede que sea porque no hay otra cosa en aqueste asolado y desolado solar… Y si es eso, que no hay lo que debe haber, entonces tendremos que sacar el espejo de cuerpo entero y empezar a mirarnos a nosotros mismos, a ver por qué ya no engendramos personas como los que cito al principio de esta machacante y machacada crónica.
Repito: hubo un tiempo en que llovía, y nos decían que llovía; pero ahora no llueve, son ellos los que se mean sobre nosotros, y dicen que llueve, y nos lo creemos… Los “hunos” y los “hotros”, como decía mi tocayo el de Unamuno. Todos. Y todos nosotros les bailamos el agua, y les tapamos la mierda, y nos convierten en esos mismos “hunos” y en esos mismos “hotros”, ya que nos hemos contaminado de la misma peste, que es con la que ellos comercian en los idus de las urnas con nuestros ya de antemano comprados votos.
Si los que hacemos de papel moneda, no nos comportamos como ante una desgracia común, una Dana, un desastre, y actuamos dando puñetazos en la mesa, no solo pidiendo explicaciones y dimisiones, sino también exigiendo un cambio drástico en el sistema electoral, unidos todos en una causa común, y sin que nos soplen al oreaje lo que hay que hacer todos los que son culpables de esto, que ya digo, son TODOS los partidos y partidarios, dudo mucho que salgamos de ésta… Veo demasiado adocenamiento en un ganado cada vez más perdido y gentificado… En una obra de Saramago, en unas elecciones de un país imaginario, no apareció ni un votante: faltaron hasta los de las mesas como faltaron a las misas. No apareció ni el tato… Y cagados “”patabajo” todos se pusieron al tajo…
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / www.escribirgo.com / miguel@galindofi.com
