

Sergio del Molino, en uno de sus acertado artículos, cita al autor Jorge Volpi, en una de sus más afinadas y atinadas frases, que da plenamente en el centro de la diana: “El problema no es la inmigración, sino quiénes afirman que la inmigración es un problema”… Puntual y cabal. Y es un gran problema porque hacen crecer y creer que sus falsas ficciones son realidades, llegando a convencer a muchos que prefieren ser pensados a pensar por sí mismos. Lo que hay una invasión en marcha, por ejemplo, que ni es así, ni por allá pasó.
Yo también llevo mucho tiempo tratando de concienciar y repitiendo lo mismo, pero, por lo que se aprecia, no sé comunicarlo, por muchos datos, fiables y concretos, que aporte. Y por mucha perífrasis que utilice, el personal no se entera, porque, simplemente, no quiere darse por enterado… Y por mucho que lo diga, que cite y que refrite, no sirve de nada. Existen una serie de embustes que ya son inamovibles; pero los inmigrantes no incrementan la delincuencia; no desplazan a los trabajadores autóctonos; hay más de los que se integran que de los que no lo hacen… pero pesan más los bulos.
Son verdades del barquero fácilmente constatables, pero da igual que se reiteren una vez más, hasta el cansancio… Quiénes han decidido que la inmigración es un problema (cuando el genuino problema sería la falta de inmigración) cerraron ojos y orejas hace ya bastante tiempo a cualquiera de estos asertos. Y mucho me temo que es una batalla perdida. Si las pruebas, datos oficiales y veracidad de los hechos no bastan para deshacer esta disparatada bola de fanatismo y racismo, habrá que pasar al tono acusatorio sin filtros ni distingos de ninguna clase, por si sirve de algo por poco que sea.
Pero declarar como enemigos fácticos a los más débiles de la sociedad, es, como poco, ruin, cobarde y canallesco… Ladrar “prioridades nacionales” ante personas que ni siquiera tienen derecho al sufragio, ni a ninguno de los recursos que justifican su condición de ciudadanos, resulta de un abominable matonismo. Es como demonizar con el acrónimo despectivo de “Menas” a zagales con vidas quebradas que malviven en esos centros de dudosa acogida, semicarcelarios, y absolutamente contrarios a toda caridad cristiana, a pesar de lo católicos que nos consideramos y llevamos como estandarte… solo procesional, por cierto.
Así que, a ver si de esta forma, señalando su miseria moral, aunque me vapuleen a su gusto, se puede conseguir lo que con los datos y la razón no se logra… Si bien ya digo por anticipado que, los que pensamos de esta manera somos de otra madera. Y lo general es lo que se vota: cada vez más escorados hacia el Ku-Klux-Klan, aunque vayamos a misa diaria. Y votamos la atrocidad de lo ultra para darle en las urnas el monopolio de lo facineroso… digo, de lo fachineroso… Está cerca que los que escribimos esto, nos tengamos que tragar nuestras palabras, que no nuestros pensamientos, y que nos las silencien. Al paso (de la oca) que vamos, no se tardará mucho en ser vetados y/o cuestionados por el Nuevo Orden.
Pero la gran derrota moral la tenemos ya, cuando la propia Unión Europea negocia con los Talibanes (Comisión Técnica, la llaman eufemísticamente) la deportación de refugiados afganos… Ésta degradación ética que comienza por lo humano. Europa quiere devolver al infierno del que huyeron a todas las personas que acogieron en su día, para que allí acaben con ellas silenciosamente. La Comisión se está reuniendo en Bruselas con representantes de un régimen criminal y al que no reconocen oficialmente, y con el que va a tratar deportaciones inhumanas… cuando no asesinas.
Cuando Europa, la garante histórica de las libertades y los derechos humanos, se vence y se vende a los peores postulados de la derecha más extrema, mal porvenir veo al invento este…El occidente garantista y humanista, nacido tras la atroz y severa II Guerra Mundial, en su lección aprendida con sangre, ha comenzado a renunciar a sus principios, a los que se consideraba irrenunciables. Precisamente. Y esto no es otra cosa que seguir los pasos nazis a los que se venció, pero que está marcando Trump en EE.UU… La gran América, cuna también de acogida y libertad, que lo mismo se está convirtiendo en todo lo contrario… Tendrán que cambiarle el nombre a su estatua, símbolo de lo que ya no es.
Lo cierto y verdad es que Bruselas ha emprendido un camino de retroceso en cuanto a derechos humanos se refiere. Un equipo de quince países, entre los que se encuentran Dinamarca, Bélgica y Suecia (España no ha asistido a la reunión, cosa que le honra) se juntaron con una legación de brutales talibanes, que, con este hecho, están legitimando su régimen de violencia y muerte de esos mismos seres humanos a los que les despojan sus derechos inalienables, que aún conservamos en las constituciones de nuestras naciones europeas. ¿No nos da vergüenza este hecho?… Berlín pacta con los verdugos de mujeres y niñas hasta tres vuelos de repatriación, por un lado; y por otro, los representantes de la milicia celebran la visita como un éxito diplomático para seguir con sus siniestros fines.
Un servidor, personalmente, lo he sufrido como una gran, enorme, decepción… Para mí, Europa se ha caído del idealizado pedestal en que la tenía entronizada, por mucho que lo sienta… Ya no es el modelo de nada ni faro para nadie. Ya no dispone de crédito moral de principio alguno. Naturalmente es lo que yo creo. Europa ha cruzado una línea roja de la que habrá de arrepentirse y rectificar, si es que quiere seguir siendo un referente (ya no) y ser respetada.
El ministro de exteriores afgano, un tal Malawi Amir-Khan Mutaqui, está que no coge en su chilaba… Han doblegado a Occidente a sacrificar sus principios fundamentales de su base moral. La indignidad servil de los países europeos es un triunfo de la barbarie en la que establecen su régimen criminal. Un espaldarazo sangriento. Europa, con estos desgraciados tratos, está normalizando el régimen talibán sin ningún escrúpulo… Dicen los vergonzosos justificadores y los “a favor” que hay que ser pragmáticos. Craso error. Estamos confundiendo pragmatismo con complicidad.
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com
