FILOSOFIAS

PARA HEY!:

Antes, cuando miraba el futuro, veía proyectos, planes, ideas, imaginación; ahora, cuando miro el futuro, solo veo el resultado de aquel pasado… Me pregunto a mí mismo la causa, el motivo de tamaño opacidad, y la única respuesta que obtengo del espejo, espejito mágico, es que, a lo mejor, es posible, puede ser, que sea porque no tengo futuro, ninguno, y entonces, lo que era un cristal translúcido, la pátina del tiempo lo ha convertido en ese mismo espejo, que ya solo refleja cosas pasadas y paseadas por la vida… Es posible, entonces, que esa sensación sea normal.

Y si eso es normal (cosa que me gustaría evaluar con ustedes, los que me leen), entonces me gustaría sacarle el sentido que eso tiene, su propósito, su objetivo, si es que es por algo o sirve para algo… Lo que pasa es que dudo sobre el motivo del tal caso. Entiéndanme: si el reflejo que recibo es retrovisorio, me veo a mí mismo examinando las posibilidades que no fueron y lo que hubieran podido ser, como universos paralelos, imaginados e inútiles; y si busco lo contrario – que, dicho sea de paso, no me gusta nada – también veo que no voy a ver nada. Así que…

Tengo a unos pocos de este lado del charco y a unos bastantes del otro lado del mismo charco, a los que les gusta que me pierda en estos comentarios filosóficos (“filosofía práctica”, lo llama mi amiga Gladys), y es la primera vez, a mis años, que me planteo la practicidad que puede tener la filosofía… pero, efectivamente, algo de práctico debe llevar si eso ayuda a manejar la vida diaria y a poner un poco de salsa a la existencia que resulta de vivir tales vidas. Lo cierto y verdad es que he tenido pocos, muy pocos, amigos que hayan hecho nómina de la filosofía; pero muchos, muchísimos, de los que he podido leer, tanto clásicos como modernos. De hecho, apenas he conocido a ninguno, pero tengo estantes repletos de libros y obras a los que leo y releo sin cansarme…

…Aunque soy consciente de que yo sí me puedo cansar… “Ya estás con tus filosofías baratas”, se me suele decir con cierta frecuencia. Y es verdad. No sé si son baratas o caras, supongo que ese valor no está en el costo ni en la calidad, ni siquiera en la cualidad, sino en el calor con que se reciben, o el frio con que se rechazan. Por eso que prefiero escribirlo a decirlo. El anonimato con que se reciben, o se leen, es más caritativo que el rechazo de su escucha… La duda siempre es preferible a la certeza muchas veces, y en otras tantas el silencio resulta más cogedor que ciertos comentarios, que, cuando no son forzosos, sí que son forzados. Ya me entienden ustedes.

Sin embargo, y esto es una certeza, la filosofía es inevitable. Tan inevitable como el ser humano. En realidad, lo que llamamos Filosofía se genera de la facultad de pensamiento que tenemos las personas. Es un producto intelectual nuestro, propio, intransferible e irrenunciable… Por muy poco que recapaciten se darán cuenta que la filosofía no nace DEL hombre, sino que nace CON el hombre. Digo más: con el primer hombre pensante que comienza a comunicar su pensamiento experiencial y hacerlo participativo a los demás. El intercambio de conocimientos intelectuales es el núcleo de toda filosofía.

El mismo significado semántico de su nombre lo define: Sofía = sabiduría, y Filo = hijo, seguidor, descendiente… Puede decirse que somos producto y productores a la vez de lo que llamamos Filosofía; hacedores de pensamientos e hijos a la vez del pensamiento; nuestro intelecto humano es (y está hecho) de pura y dura filosofía; no podemos evitar ser herederos de nuestras propias corrientes filosóficas, o escuelas de pensamiento, si así lo prefieren.

A lo que estamos asistiendo, precisamente, es a un intento global de destrucción total de ello. Los planes de estudio están enfocados a la desaparición de tal filosofía, de la ética, de las humanidades… de cualquier cosa que estimule el librepensamiento de las personas; y eso encaminado a que se enfoque un pensamiento único y dirigido. En una entrevista reciente a J.J. Cercás, decía éste que “la sociedad está degenerando a seres que son pensados por otros, que no saben pensar por sí mismo, aunque crean que sí”… Palabras éstas que yo suelo repetir en mis escritos y por las que me llaman cansino.

Pero prefiero ser un cansino a convertirme en un pollino, (en un consumidor de pienso, en un “piensador”). Y no otro más, de los cada vez muchos, muchísimos más, de los que van del abrevadero al matadero, pasando por el hacinadero… Como contaba al principio de éste, cuando antes miraba al futuro, lo que veía era un “constructo” de futuro, y ahora veo un pasado: mi pasado. Pero es que, si mi hoy fuera mi ayer, lo que vería sería un “destructo”, pues el tal futuro ya no existe, como tampoco puede existir un futuro donde no haya libertad de pensamiento; donde “se nos piense” por anticipado aquello que nosotros debemos pensar, según un interés ajeno al nuestro propio.

La máxima culmen filosófica es el “pienso, luego existo” cartesiano… Hoy nos han hecho confundir el término ser por el de estar para así esconder el hecho de que ya no pensamos por nosotros mismos… Cada vez más tan solo estamos, apenas existimos, y mucho menos somos. Se nos hace pensar que pensamos… ¿Qué no?.. Piénselo, aunque le cueste un esfuerzo. 

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ  /  info@escriburgo.com / www.escriburgo.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.

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