

No sé si se acordarán de Jean-Claude Trénchef, aquél francés que fué uno de los padres de la U.E., y que, entre 2003 y 2011, presidió el Banco Central Europeo… Todo un referente en economía, y toda una autoridad en materia política… Pues, en una entrevista concedida al diario El País, publicada el 21/06, dice sin dudarlo un momento que su “visión de una España realmente próspera sería gracias, en una gran parte, a la aportación de la inmigración”, y eso, a pesar de que “Dónald Trump es un elemento añadido de incertidumbre monumental”.
Sin embargo, esta halagüeña visión con respecto a nuestro país no tiene en cuenta algo importantísimo en tal caso: y son nuestros políticos… El riesgo de hacer saltar la estabilidad social por los aires es mayor que la influencia arancelaria de Trump en lo que respecta a España, que es de las menores afectadas de Europa. Sin embargo, el cariz de nuestra clase política es verdaderamente bochornoso, a la par, claro, que peligroso. Un gobierno socavado por sus propias lacras de corrupción, envuelta encima en el celofán de una prostitución organizada por personajes de la cúpula, en la que las profesionales de ello son mucho, pero muchísimo, más honradas y fiables que los elementos que las manejan y propician.
Y una oposición en manos de una no menos corrupta Díaz Ayuso, que cada vez tiene más comido el tarro a un Feijóo errático, cuyos bandazos tienen refugio en el extremismo más ultrafanático, el de Vox, que ya no disimula su Mein Kampf de catecismo que sacan a relucir sus camisas pardas en sus manifestaciones; al igual que aquellos Libros Rojos que se imponían en la China de Mao-Tse-Tung… Un panorama pavoroso del que, si salimos, desde luego será porque Dios existe y nos asiste. Quizá sea por eso mismo por lo que nuestra Conferencia Episcopal Española ande procesionando pidiendo también elecciones generales.
Sabido es que nuestros obispos siempre han sido muy de Franco, al que llevaban bajo palio cada vez que salía del Pardo, por si llovía que no se mojara… Por eso mismo me atrevo a aconsejarles, ¡cuán inaudita osadía la mía!, que hagan caso a aquel Caudillo en su muy conocido consejo de “hagan como yo, y no se metan en política”… Pero ni por esas. Concordato obliga. Eso lo hacen cuando el apestoso hedor pudre la esquiva derecha, no así cuando las ratas salen de la cloaca de la izquierda. Nunca será igual la santa basura que la demoníaca porquería, claro. Sin embargo, sepan sus tonsurados que la basura es basura venga de donde venga, y la porquería tiene la misma naturaleza vomitiva salga de dónde salga…Eso no llegan a metérselo en sus venerables y tonsuradas cabezas.
Y aquí, en esto tan de humana naturaleza, quiero hacer constar que no hago distingos entre ambas orillas de la ciénaga… No creo que la derecha sea más corrupta que la izquierda, no, pero sí creo que la disimula más, que sabe manejarla mucho mejor, y taparla bajo las alfombras… vamos, me parece a mí. Y no lo digo ni como virtud ni como pecado, sino como un hecho constatado; y palpable a lo largo de toda la Historia. A partir de ahí, damas y caballeros, ñoras y ñores, a estas alturas del cotarro, y vivido lo vivido, me paso por debajo del arco del triunfo – dicho sea con todos los respetos – el negocio y negociado de las ideologías, de las que ya solo existen las etiquetas, y el esqueleto mondo y lirondo.
Solo la cáscara, que recuerda por sus siglas lo que un día fueron y lo que no han podido ser ante el vacío que hoy ofrecen… En una comida de prójimos próximos, en que se hablaba de ese ahuecamiento que hoy son los partidos, surgía algo curioso, si bien intrascendente, o eso creo yo: mientras los derechas lo reconocían, si bien que con cierto rentintín hacia los suyos; los izquierdas lo reconocían de todas, todas, sin disimulos ni subterfugios, ni refugios, y la pérdida de credibilidad para con los propios… Todo patéticamente humano, al fin y al cabo… Pero el socialismo que yo conocí no es el “sucialismo” de hoy en día…
…Y cada cual saque sus propias conclusiones, según el verdadero, auténtico y genuino Dios le dé a entender, si es que aún entendemos algo, naturalmente… Porque esa es otra: tampoco es el mismo Dios se mire por dónde se mire; quizá sea una perspectiva que nos viene de fábrica, no sé, pero el dios de la derecha es más verdadero y severo que el dios de la izquierda, que es más incierto y menos despierto. De ahí que los del gremio de la sotana sepan muy bien a qué cirio agarrarse, llegado el caso… Tampoco esto es una crítica, sino fruto de la observación, porrón, pon, pon.
Y es más que posible que todos, sin distinción, estemos equivocados… Lo único cierto y real, si por realidad entendemos tanto el mundo ideal como el material, es que lo de fuera no existe por sí mismo, que nos lo construimos nosotros. Que es nuestra actitud la que formatea nuestra aptitud (es posible que sea al revés, a la postre es igual), pero lo exterior responde a nuestra propia valoración interior, y de ahí nos viene nuestro acierto o desacierto.
Yo no creo en las fes ni las ideologías ciegas; mucho menos en las inamovibles… Los que así se califican a sí mismos de tenerlas se están esclavizando a sus propias cadenas, y no saben (tampoco quieren) relativizar y mirar un paisaje desde diferentes cotas y alturas, desde otros ángulos, bajo distintos puntos de vista… Se empobrecen a sí mismos hasta la extenuación de sus propias ideas. Por eso el idealismo superará siempre a la ideología. El primero vive porque nunca se logra la última meta; y la segunda muere porque sus metas se enredan en lo corruptible (la ideología tiene su principio y su final; el idealismo no tiene naturaleza ideológica alguna). “It est the question” que dijo aquel inglés.
Miguel Galindo Sánchez / www.escriburgo.com / miguel@galindofi.com
