

El moderado Moreno andaluz, uno de los últimos bastiones de un civilizado centrismo, se modera – cede – ante Vox. Pero se atreve a decir en su toma de posesión que “la vía andaluza es contraria a los órdagos sanitarios”… No se refiere a la sanidad, donde el cordón cederá de la pública a la privada, como es costumbre en las alianzas entre derechas, sino que se refiere a los cordones sanitarios políticos. Una falsedad absoluta, puesto que él mismo, que dijo que “de una coalición con Vox resultaría un gobierno imposible«, ahora viene y dice con toda su jeta absolutamente lo contrario. Esa es la honorabilidad de sus siglas.
J. Moreno promete en su discurso “la igualdad y cubrir las necesidades de las personas y mujeres (¿es que las mujeres no son personas?) que son protagonistas indiscutibles e indispensables en el avance de esta tierra”. Hermosas palabras, a fe mía… Pero absolutamente vacías por lo opuestas y contrarias a una “prioridad nacional” que le han metido de supositorio y que discrimina a los inmigrantes (aunque produzcan y trabajen); la exclusión de las personas en situación irregular (racismo); derogación de las prestaciones sociales a los excluidos (desigualdad); cualquier otra dirigida a combatir el calentamiento global por el cambio climático (negacionismo); derogación de las Leyes de Memoria Histórica (injusticia); o intervención de la censura en cualquier expresión cultural (fascismo)… Igual ha ocurrido en Aragón, Castilla-León o en su vecina Extremadura.
Y luego vuelve a repetir el ya embustero mantra: “Los valores no cambian, la vía andaluza sigue vigente, es inclusiva y no excluyente”… Los valores no cambian, se venden. Pues menos mal, porque, para empezar, comienza a excluir a los más necesitados. Se ve que cuando decía lo del principio, lo de “la igualdad y cubrir las necesidades de las personas”, pensaba que toda esa gente que se va a ver excluida tampoco son personas… Así que, ha de tener razón Nicolás Sartorius, cuando hace poco declaró que “la derecha no es la de siempre, pues este PP no es heredero de la Transición”. Y va a ser verdad.. Como también es una verdad como la Giralda el hecho indiscutible que, por primera vez desde el franquismo, la ultraderecha forma parte de esa “moderada” Junta, cuyo vicepresidente será un extremista.
He aquí otro hombre de la fauna política, que, al igual que su jefe de filas, el gallego, empezó su andadura como conservador honrado y moderado, razonable y honesto, de correctos principios y todo lo que usted quiera, pero que, en el momento de catar el poder, no le importa mentir y corromper todos esos principios, y vestir al lobo de Caperucita, aunque no sea Roja, claro… No quiero que esta observación se tome como crítica exclusiva a la derecha, que puede tener una Azul, naturalmente. Exactamente lo mismo ocurre en la izquierda del espectro político, no nos engañemos. De ahí que, en el último barómetro sobre intención de voto, se recoja la observación de que “un 13,4% de los votantes socialistas de 2023 están indecisos y desencantados”. Un comentario que refleja cómo nos sentimos los tontos de la urna: decepcionados por una democracia que no ha querido completarse por la desmedida ambición de sus políticos y gobernantes.
Los clásicos griegos cuentan que Zeus, en su Olimpo, empezó a ver que del género humano nacían personas de gran valía y condición; esforzados y de demostrado valor; honestos y prudentes; y sabios en sus decisiones, y que entonces, les otorgó la oportunidad de promocionar en la escala de los héroes y semidioses, a fin de que educaran y gobernaran sabiamente al resto de los mortales que aún no habían llegado a su desarrollo moral… Y se sigue contando en sus crónicas que el Dios de los dioses, vió cómo iba cambiando su carácter honrado. Se volvieron ambiciosos, y desearon destronarlo del Olimpo en competencia entre ellos mismos.
Entonces Zeus los maldijo y los condenó a soportar y superar una especie de “mal de altura” que los enloquecía, y a lo que llamó “Hybris”… Desde entonces, el ser humano sigue andando los mismos caminos que conducen a los mismos errores. Poco o nada ha avanzado, según las muestras. Todos aquellos políticos que, en sus inicios, nos parecían prudentes, justos y centrados en sus juicios y comportamientos, conforme iban tocando y escalando Olimpo, han ido convirtiéndose en marrulleros y embusteros, en tramposos y ambiciosos, en tahúres del poder, que solo ambicionan servirse a sí mismos usando el piolet de las siglas para escalar en sus partidos, y no, como prometieron al principio, el servir a su país. Si no lo vemos, es porque estamos ciegos.
No me acuerdo quién lo dijo, pero sí recuerdo lo que dijo: “Los fascismos se nutren del instinto de venganza de los ciudadanos”… Y es cierto. Igual podía haber dicho de los comunismos. Todos los “ísmos” (extremos de sí mismos) producen en la ciudadanía desencanto que degenera en odios y venganzas. Está descrito y demostrado en todos los libros de Historia… Y cualquiera de ambos extremos, cuando tocan poder, se produce esa “Hybris”, que Churchill traducía en su conocida frase de que “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Solo las democracias bien entendidas medio se libran.
Yo mismo – y es verdad – soy puesto a parir tanto por los de un talego como por los del otro. Sin distinciones. Mis ideales (que no ideología) son los que son y creo que siempre – con matices – fueron. Pero eso, a estas alturas del puñetero cotarro, no me implica fidelidad absoluta ni ninguna lealtad hacia los sinvergüenzas que los aparentan representar. Procuro quedarme en el fiel de la balanza, por incómodo que sea y lo fácil que se lo pongo a los que tiran a mi blanco desde los dos platillos de la misma, desde esas redes de Dios y de su Diablo… Ayer mismo coseché el calificativo de IDIOTA… Puede ser, pero, si ustedes me lo permiten, claro, me aplico el árnica de la frase que soltó en su día Mark Twain: “Ser odiado por idiotas es el precio que se paga por no ser uno de ellos”.
Y déjenme terminar con un titular de portada en letras gordas de El País, por la encuesta de 40DB: “El 65% de los ciudadanos cree que en España hay “lafware” (acoso al poder)… Pues yo solo he escrito un único artículo sobre eso y se me ha sacudido la pelleja. A ver si nos vamos aclarando de una vez por todas, que falta hace…
Miguel Galindo Sánchez / info@escriburgo.com / www.escriburgo.com
