

Lo más ajustado a la realidad del “caso Zapatero”, como aquél famoso “Así hablaba Zaratrustra”, de Nieschtze, y salvando las distancias, claro, lo soltó en el Congreso el catalán Rufián: “Es una mierda”, dijo… Yo no sé si lo será, aunque huela a eso, sobre todo por unas joyas valoradas en más de un millón de euros, de las que no ha querido – o sabido – informar de su origen (de momento el origen es su caja fuerte), y ese simple reparo apesta a que aún tiene que aquilatar y pensarse la trola para que cuele por las tragaderos de la justicia, que haberlos háylos, por desgracia para el resto de los mortales que votamos. Un origen limpio y diáfano se suelta a la primera pregunta, no hay porqué prepararlo o negarlo. Y esa es mi principal y personal duda. Todo lo demás viene detrás…
Sin embargo, yo no creo que la mierda rufianesca sea porque Zapatero fuese un referente moral de la política de izquierdas, o un padre custodio de una ideología que ha dejado huérfanos a sus acólitos y catecúmenos; ni por otras cursilerías parecidas que están diciendo sus fans… De hecho, a mí, de ideales proclives, me pareció desde el principio un tipo con sonrisa del payaso Jócker y cejas circunflejas, que podía esconder cualquier cosa en cualquier casa… En realidad, la ambición por presidir un gobierno encierra más de ambiciones personales de servirse a sí mismo, que de servir a los demás. Y esto es un hecho demostrado.
Pero, como decía, la cosa es que fué elegido presidente por los españoles un par de veces, y que aún creamos en las personas que utilizan las siglas para encaramarse a un poder que solo les supone beneficios personales, ya es tener fe… Esa, y no otra, es lo que quiso decir Gabriel Rufián con su enfadada y escatológica salida de tono. Hace ocho años fue un gobierno del PP el que cayó envuelto por casos de corrupción en cadena que aún se están juzgando (Gürtel), y otros por juzgar, como Montoro, el señor novio de Ayuso, etc., y que ahora intentan tapar con el aluvión de los que afectan al Psoe… Y, como antes decía, esto no es un argumento equidistante, sino hechos constatables. Castillos de naipes que se derrumban de todos los lados y colores.
La verdad es que ahora mismo no resulta fácil explicar todo esto en el extranjero, a menos que se recurra a la teoría de la conspiración, claro, que Sánchez siga teniendo imputado a su hermano (aún por ver); a su esposa (aún por desliar la inobjetividad de un juez); un grupo de su propio partido y gobierno que montaron un chiringuito de comisiones para fundar casas de alterne (ya con una condena de escándalo); el extraño viaje por las alcantarillas de una no menos extraña fontanera Leire (por ver); a lo que se le suma la guinda zapatera.
Guinda que es más importante que el propio pastel, al menos para Sánchez, pues José Luís el inefable fué el que pactó, en 2023, con Puigdemont el fugado, el acuerdo donde el Psoe suscribía todos los embustes del secesionismo, y que hizo posible la amnistía y segunda legislatura, la actual, del presidente… ¿Cómo extrañarse, entonces, de que exista gente desencantada con un sistema corrompido, que, asqueada, piense dejar de votar a toda esta morralla?.. Resulta perfectamente normal que así sea. Por eso que no resulta extraño tampoco que toda esa gente deprimida fomente la antipolítica ante unos políticos… ¿rapaces, o incapaces?.. que no quiere frenar la generalizada corrupción. No los podemos criticar, y cada vez hay más personas defraudadas. Tan solo saquen el tema en sus cenáculos, y verán…
Pero no nos engañemos. La cuestión no es cambiar los malos gobernantes por buenos, que no sabemos si existen ni dónde están, y que pueden convertirse en malos al cuarto de vuelta. No… Lo que se necesita es una regeneración total e integral del sistema político. Cambiarlo desde las leyes y sistemas electorales hasta el funcionamiento global de gobernación, incluyendo… mejor dicho, excluyendo, la politización de la justicia. Y aquí nos vienen los típicos tópicos en que nos decimos que es imposible. No lo es. En Finlandia, Dinamarca, Bélgica, etc. la corrupción es irrelevante. Y no son por las personas, sino por las leyes. Debemos de abandonar el cuento chino de que los españoles somos como somos. También existen otras razones.
En este medio siglo de democracia, nuestros partidos políticos (principalmente Psoe y PP) han dejado de cumplir ambos con su obligación de crear un sistema lo más invulnerable posible a cualquier forma de corrupción. Y nosotros, a base de la dieta de pan y circo, se lo hemos permitido. Esa, y no otra, es la verdadera verdad… Esa, y no otra, es la verdadera “mierda” de Rufián. Que es una responsabilidad que nos atañe a todos, tanto a gobernantes como a gobernados. Los primeros no lo han hecho por propia conveniencia, y los segundos los hemos dejado hacer por desidia general ciudadana… bueno, y también por ignorancia.
Y encima de eso, además, esos mismos políticos de uno y el otro lado del Mississipi, con sus malas pero arteras artes, nos han inoculado a los ciudadanos un veneno casi mayor que el fútbol. Y más letal. Y que va contra todo principio de justicia: cualquier pueblo civilizado basa sus principios en saber que, sea la persona que sea, desde el presidente de gobierno al último sacamantecas, sea de derechas o de izquierdas,, rece de cara a Roma o a Moscú, se considera inocente hasta que se demuestre que no lo es. La presunción de inocencia es de educación general básica; la culpabilidad hay que demostrarla. Es la diferencia entre un salvaje y un ser formado y formal.
Sin embargo, a nosotros nos han amaestrado a tomar al investigado por ya condenado. Y el ser imputado, o acusado, no es ser condenado… Aquí se practica el linchamiento previo y mediático a modo de cómo en el Oeste colgaban a los cuatreros sin aún ser demostrada su culpabilidad. Y todos somos sheriffs. Carne para los leones, como en el circo romano… Zapatero, como otros y otras, no parece inocente del todo, pero ya hemos fallado que es culpable de todo. Lo hemos ejecutado estando pendiente de posible ejecución. Cuando venga el juez que pregunte al marshall…Pues vale…
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com
