

Me fijo en lo que dice Sandra Barneda, socióloga, comunicadora y politóloga, y no sé cuántas cosas más: “Eso de las izquierdas y las derechas, ya es algo arcaico”… Y creo que lleva más razón que Santa Catalina de Siena, que escuchó del mismo Jesús – o eso afirman sus panegiristas – aquello de “si tú te ocupas de mis cosas, yo me ocuparé de las tuyas”; un revival de aquél viejo dicho de “ayúdate a ti mismo y Dios te ayudará”, al fin y al cabo… O una inventada por mí: no te embarques sin antes aprender a nadar, que también sirve para lo que estamos. Lo cierto es que nos embarcamos en la nao de la Democracia fiando todo a los remos de babor y estribor, pero sin aprender a nadar.
En un principio pudo valer: los brazos manejaban los remos; pero hoy, a poco que nos fijemos, son los remos los que manejan a los brazos… Y resulta que han ido mimetizándose hasta resultar que lo importante para los políticos es que no falten remeros, que la proa ya la ponen ellos con la bandera que haya que enarbolar, o a quiénes haya que abordar, en cada momento de la travesía, por atravesada que ésta sea. La cuestión es hacer lo que sea para no perder el timón.
Históricamente era relativamente fácil: la nobleza a la derecha de Luis XVI, que eran los que tenían derechos, claro; y a la izquierda la plebe, que no los tenían pero procuraban que los tuvieran los nobles, que, cambiando lo que haya que cambiar, es algo muy parecido a lo de hoy, en que, a los nobles se les llama políticos, y a la plebe se les llama votantes… Pero, aparte la forma y la manera, lo que los segundos siguen sosteniendo son las prerrogativas, gabelas y nóminas de los primeros, a las que se agarran como perro al hueso. El detalle es que ese hueso es el que nos dejan lamer tras que ellos se coman la carne. Igual que en la edad media.
La cuestión es que la jauría que cazaba las buenas piezas que la nobleza comía, se iba percatando, aunque solo fuera por el olfato, que sus amos engordaban mientras ellos adelgazaban… Y los lebreles aquellos empezaron a ladrarles a sus señores lo de que “a otro perro con ese hueso” o dejo de cazar para vos. Y la sociedad comenzó a tomar conciencia de clase, o de clases… y se empezó a protestar (Revolución Francesa). A raíz de ahí vino el cambalache de destetar monarquías que no fueran parlamentarias, cambiar nombres y enseñas, y cortes por cámaras…
Ahora a nosotros nos representan, y parece que los elegimos, pero, claro, previamente se han elegido “entredellos mismos” y se nos ponen en una papeleta para que los volvamos a elegir, lo cual no deja de ser más que una burda ilusión; y en lugar de ser condes, duques o marqueses, se les llama ministros de… Pero la carnaza sigue siendo para ellos, y bien que se la disputan entre los de diferente collar, mientras los ciudadanos, convertidos en burgueses (las dos palabras quieren decir lo mismo) somos los pulgones obreros de una colmena llena de zánganos. El salto fue de la edad media a la clase media, pero el sistema poco ha cambiado del original.
El cebo en la caña para que todos pasemos por el sedal no ha sido otro que lo de las ideologías… Nos han hecho creer que servimos a un ideal, cuando solo servimos para engordar partidos que se ceban de sus seguidores ideológicos, ordeñando sus votos cada cuatro años… Perdonen que me ría de lo de las “bases” y lo de las cuotas, y toda esa mandanga, pero los partidos, todos ellos, absolutamente todos, se financian ilegal e irregularmente; un engañabobos más entre muchos, para tener entretenida a la jauría.
Por eso dice Berneda lo que lo de izquierdas y derechas es algo arcaico que ya no representa a nada que no sea que cada perro guarde su finca, esto es, la de sus amos… La prueba del algodón, y que nos resistimos a reconocer, como los regulares mastines que somos, es cómo ellos, nuestros politicamos, cambian con tanta facilidad de bando y bandera, cuando les interesa. Porque lo de ellos es la nómina, la ficha, el pesebre, no las ideas. Para eso se han ido inventando los partidos intermediarios y los extremos incendiarios; para cada cual poder justificar así su propia deserción. Lo que importa es el pienso y la calidad del forraje.
Tan solo hay que pararse a meditar. Izquierda y derecha, una vez sentadas en el trono, desarrollan ambas una política muy similar, más aún hoy, que los dos están vendidas a las oligarquías financieras y a los trusts económicos que las manejan como títeres… A Ambos dos se les están perfilando unos solos y únicos amos. La diferencia a la hora de gobernar es simbólica, como nuestro Cid, que cambiaba de bando habiendo buena soldada… que así en verdad fue, y no como nos lo cuentan.
Porque a nosotros se nos sigue contando un cuento de Calleja que es cada día más falso. El problema para cuando se descubra su falsedad y doblez, es que ya nos tienen dispuesta la salida: cambiar democracia, o pseudodemocracia, por dictadura… Directamente. Fuera caretas: partido único, gobierno único, representación única. Todo a su tiempo y con la cocción debida. Tan es así, que hasta el nueviejo orden nos lo están inyectando a través de la propia democracia, o semidemocracia, Y eso es porque los uniformes ideológicos ya no creen ni en ellos mismos. Todo es un montaje se mantenga. Un camuflaje.
Pero, en el fondo, un nazismo de Hitler y un comunismo de Stalin, fueron, y son, y serán siempre lo mismo. Rojos, azules, blancos o negros, son siempre el mismo perro (ya que estamos en el camino de lo canino) pero con collares distintos… Los que pagamos, la plebe, el vulgo, los villanos o ciudadanos, siempre seremos nosotros, los mantenedores; y ellos, los que nos mandan, los mantenidos. Llámense como se llamen… Y aún podemos poner las cosas aún peor de lo que ya están.
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ // www.escriburgo.com // miguel@galindofi.com
