CORRUPTELAS

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La corrupción no está solo en llevarse las perras del contribuyente a saco… La corrupción también reside en la falta de leyes que la prevengan, así como en la ausencia de otros puntos por el que se reconoce a una Democracia asentada. España adolece de bastantes de ellos. Por ejemplo, la Onu se ha cansado de llamar la atención a España en sus carencias por abordar la Memoria Histórica; por instar a revisión el juicio a Baltasar Garzón; por su “no despego” de la dictadura franquista, etc… Naturalmente, nosotros no nos enteramos de la misa la media, porque el gobierno de guardia se encarga de establecer un bien medido colador a través de los medios de comunicación.

Por ejemplo, hace apenas un año, relativo al perdón que se aplica a los delatores “arrepentidos”, en vez de aplicar penas “blandas”, se ofrecen premios, y el Comité de Derechos Humanos de la Onu, instó a España a “revisar, mejorar y aplicar el marco legal para garantizar la libertad de expresión y protección real a los alertadores”… Eso mismo dice, literalmente. Yo entiendo lo de los “alertadores” como que no hay que matar al mensajero, y que la libertad de expresión está en función de sus propios límites, como puede ser la mentira, la difamación, o los insultos vejatorios. Si hemos de ser sinceros, yo no veo en España que se haya hecho caso a tal advertencia.

Y todo eso, también forma arte y parte de la corrupción… Transparencia Internacional, a través de su Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), ha mostrado continuamente que, si bien ningún país está absolutamente a salvo, incluso democracias ya consolidadas, “pueden experimentar retrocesos cuando se debilitan los controles institucionales”, y eso lo dice en su Informe poniendo de ejemplo a España, a la que, mirándola de reojo, aún se permite añadir “la experiencia demuestra que muchos de los grandes casos de corrupción solo salen a la luz gracias a quiénes se atreven a denunciar desde dentro”.

Aquí, desde luego, no suele ser el caso. Si algún funcionario denuncia desde dentro, lo primero es que se la acosa y se le avisa, se le amenaza y chantajea desde el propio partido correspondiente, o desde la administración, para que no cante las cuarenta. Y, si lo hace, se le persigue, se le hace “bulling” o se le expedienta. Lo peor es cuando se utiliza la judicatura (nadie es perfecto) para acoquinar al personal o al personaje… La legislación europea reconoce a los informantes “como auténticos garantes del interés público, piezas clave para la transparencia, la rendición de cuentas, y la integridad institucional”… Esto es lo que se dice en la Corte Europea, pero este humilde servidor del convento no lo huele ni a su izquierda ni a su derecha. Más bien todo lo contrario. Aquí se machaca hasta sin pruebas concluyentes, y ese principio de la Justiciade que “Ha de considerarse la inocencia hasta que se DEMUESTRE la culpabilidad”, al menos en altas instancias, donde el poder judicial está intervenido por la política, es una pura entelequia. Y esto se transmite fuera de nuestro corral.

Según Worldwide Governance Indicators, el Banco Mundial constata que España ha experimentado un deterioro más significativo en el control de la corrupción en las últimas dos décadas: “los datos muestran una caída continuada desde comienzos de los 2000 hasta el 2023, pasando de niveles claramente altos, a valores que hoy se sitúan en mínimos históricos” (se refiere a los niveles de confianza), y añade más adelante, para que no quepan lugar a dudas: “en términos técnicos, el indicador de control de la corrupción se ha reducido prácticamente a la mitad en ese mismo período”.

Fíjense que no dice que el nivel de corrupción haya bajado; lo que ha bajado, y mucho, es el “control de la corrupción”… Es lógico que, si no se controla la corrupción, ésta suba. Y es, en definitiva, lo que está ocurriendo. Uno de los problemas, quizá que el principal de ellos, es que los políticos corruptos que anidan, cada vez más, en una política que favorece la corrupción, nos están acostumbrando a la ciudadanía a aceptarla como algo consustancial en el normal funcionamiento de una democracia, cuando, en modo alguno, esto es así. Más bien todo lo contrario. Una Democracia que se corrompe deja de ser una Democracia, y su ciudadanía es, en gran parte, responsable de ello.

En los informes anuales sobre el Estado de Derecho en la Unión Europea, también se ha señalado de “acusadas debilidades persistentes en España, relacionadas con la corrupción”.  En el informe sobre el 2025 señala que la percepción de expertos, ciudadanía y empresas, sitúa la corrupción en el nivel público en cotas bastante elevadas, lo que evidencia un problema estructural de confianza institucional. Así, tal cual, lo dice. Y eso es así. Preguntémonos entre nosotros mismos nuestro propio nivel de confianza en las instituciones, a ver qué nos respondemos… El informe de la UE remata con un “así mismo, se constata que no se ha iniciado la estrategia nacional contra la corrupción que debía haberse aprobado antes del 2024”.

O sea, que teníamos cita con el médico, y ni siquiera hemos acudido a la consulta… ¿Por qué, en el fondo, no queremos la lacra de la corrupción?.. Tan solo hay una respuesta: porque, en mayor o menor grado, está tan extendida en la clase política, que no van a tirarse piedras sobre su propio tejado. “En países donde los ciudadanos perciben que las denuncias no sirven para nada, e implica riesgos altos a nivel personal, la corrupción tiende a enquistarse”, acusa Garzón en su libro “La Democracia amenazada”… Y, mira por dónde, va a tener más razón que un santo. Por eso mismo me atrevo a recomendárselo a ustedes con toda mi proverbial mala intención.

“El primer signo de la corrupción en una sociedad que todavía está viva, es creer que el fin justifica los medios”. (George Bernanos).

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com /   www.escriburgo.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.