ESPAÑOLICIDAD

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ESPAÑOLICIDAD

En las exageraciones se notan las justificaciones”… No sé quién dijo esta frase, pero alguien tuvo que decirla. Hasta cambiando justificación por falsificación puede tener validez. Margarita Robles habló de lo “españolísimas” que son Ceuta y Melilla, para intentar destintar la africanidad por geografía de las mismas, y responder a lo que se está poniendo en duda con el chantaje “mohammedí”. Si esas ciudades del continente africano son superespañolas, ¿qué dirá entonces de Teruel, por ejemplo?.. Además, no nos damos cuenta que justificamos lo que, por otro lado, atacamos; pues, por esa misma regla de tres, Gibraltar es britanísimamente superbritánico.

Y no es así… El Peñón es tan territorialmente español como las dos plazas norteafricanas son marroquís. Lo demás es trompeteo vacuo, faranduleo y patrioterismo político sobre “lo nuestro es muy nuestro”, que es lo que siempre se ha esgrimido para satisfacer ciertos intereses, más bien espurios… Por supuesto que allí viven “españoles todos”, como amagaba Franco; pero la justa realidad es que la inmensa mayoría son árabes de nacionalidad española (como lo fueron todos los saharauis, a los que abandonamos y traicionamos, por cierto). Lo de la “integridad” nacional es una excusa igual de patética que la “prioridad” nacional de los ultraderechas.

Y porque sale al paso: que esos elementos estuvieron allí con todos sus efectivos, francotiradores y agitadores, y los corrieron a gorrazos… Lo que demuestra que tales extremistas tienen mejor acogida aquí, en la península, que en aquellas plazas. Y es lógico y sensato que allí no quieran “antimoros” violentos y camisas pardas por sus calles. Aún hay clases… Y clases de ceutíes/israelíes que les queman los campamentos e impiden que les lleguen los alimentos. Además, si ese facherío de odio y violencia es considerarse a sí mismos “españolísimos” de pura cepa y trepa, es el mismo superlativo que usó la ministra de Defensa en su arranque patriótico, apañados vamos.

Es la similar “metedura” que protagonizaron en Europa las ínclitas presidentas Meloni y Frederiksen, que igual han montado cruzada contra los inmigrantes “para preservar el patrimonio cultural cristiano”… Así, tal y como suena, con todo el cinismo de lo que es capaz la clase política que nos gobierna. Para tales elementas, es cristiano todo lo anticristiano por excelencia… y por excedencia. Eso que dijo Cristo de “dad de beber al sediento, y de comer al hambriento, y vestid al desnudo, y acoged en mi Nombre”, se lo pasan por debajo de su iniquidad… “Lo que hagáis con ellos, conmigo lo hacéis”, claveteó el nazareno, por si acaso. Si es cierto que quieren preservar esa extraña y más que dudosa “cultura cristiana”, que se atengan al Evangelio. Pero todo es una monumental mentira mientras llenamos las iglesias de santos imposibles y los sacamos en procesión. La verdad es que estamos ahogando repetidamente a Jesús en el Mediterráneo, y rechazándolo y matándolo continuamente en nuestras fronteras.

Nuestros “ísimos” e “ísimas” son de la misma calaña. Intentamos justificar lo que no tiene justificación alguna… La realidad cierta es que nuestras fronteras del sur no son nuestras fronteras. Es un embuste, por mucho españolismo que le pongamos encima como mantequilla… Nuestras fronteras del sur son de Marruecos por el simple hecho que están en Marruecos. Y la llave de esa puerta la tiene Mohammed VI bajo su vil chilaba. No la tenemos nosotros, en modo alguno. Y con ella abre y cierra “su” frontera cuando a él le interesa, no a nosotros. Realmente aplica la política chantajista que nosotros aplicábamos con Gibraltar-español. La diferencia está en que él sí sabe y puede, y nosotros no supimos ni pudimos. Eso es todo.

Nosotros tenemos esa debilidad con Ceuta y Melilla. Pero, en vez de reconocerse, se transfigura, se sublima, se superetiqueta, nos purifica como “víctimas de una invasión” externa e injusta, justo después de cada desbordamiento, provocado y permitido, de los acumulados humanos (ojo: digo y repito: humanos) tras la valla del Tarajal; o cuando se tiran al mar para, tan solo unos pocos, poder llegar a nado… Esos son los momentos calculados, si no organizados, por el régimen marroquí, para, acto seguido, hacernos una demostración potencial de fuerza en sentido contrario, y así, de ese modo, encarecernos su “protección”, mientras en su Gurugú administra sus efectivos de hambrientos.

Esa es la debilidad que no queremos admitir, y mucho menos reconocer… Y lo hacemos para no tener que mirar de frente aquello que volvería insostenible el hacerse el inocente dentro de la relación enfermiza que España y Europa han tejido con Marruecos (la segunda a rastras de la primera), haciéndose dependientes de un miserable sátrapa… Hemos subcontratado el cierre y apertura de la vergüenza al sinvergüenza del dueño del patio de la finca… Luego, pasa lo que pasa, y nos encontramos con el ridículo de un problema irresoluble: por un lado, no podemos culpar a nuestras Fuerzas de Seguridad, vendidas y condicionadas en un solar compartido; y por otro, no podemos culpar al vecino por si se nos enfada. Así que, entonces, a él lo justificamos, pasándole la mano por el lomo, y nosotros nos justificamos con palabras grandilocuentes que siguen engañando a las gentes.

Lo de suspender el espacio Shengen, como quieren la italiana y la danesa, es el mayor disparate que puede parir ignorancia alguna… Supone volver a levantar las fronteras internas por no ser capaces de gestionar las externas. Anular uno de los mayores y más importantes logros  de la UE… Dar un montón de pasos  atrás; en pocas palabras: destruir el proyecto europeo. Estos son nuestros líderes, y esta es nuestra desgracia. Aunque, lo cierto es que no es tal desgracia cuando a esos nefastos líderes, o lo que sean, los elegimos nosotros, pues entonces nos convertimos en los desgraciados de nosotros mismos por propia voluntad. No hace falta que Trump, o Putin, o quién sea, nos amenace; somos nuestros propios y peores enemigos… Tendremos muchas de éstas, así que vayámonos acostumbrando, y que nos aproveche.

Miguel Galindo Sánchez / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.