

He leído en El País un artículo de Marta Peirano que me ha puesto las orejas tiesas, como a los galgos… Dice que existe un colectivo, italiano, que ofrece servicios de comunicación electrónicos (redes). Ya saben: alojamiento de webs y dominios, e-mails, listas de correos, plataformas de blogs, etc… Se llama A/I (no confundan con I.A.) y tiene una particularidad que lo diferencia de los demás sistemas de Google, Apple, Meta, Microsoft, o lo que se llamen los que sean, y no es otra cosa que negarse a hacer telemetría – telemarketing – con sus datos personales; ni perfil del usuario, ni registro de metadatos, ni algoritmos predictorios de mercado, ni sus preferencias y gustos como ser humano. Las siglas pertenecen a Autistici Inventati. Así, tal cual.
Tentador, ¿verdad?.. El servicio está dirigido a proteger la identidad y actividad de quién lo utilice. Todo está encriptado para no ser descifrado, ni vendido, ni comercializado, ni cedido para uso publicitario, ni nada. Tan solo puede ser intervenido si es por orden judicial… Es todo como muy artesanal: las solicitudes de entrada se evalúan individualmente para acomodar tan solo a aquellos que lo puedan necesitar, como investigadores independientes, cierto activismo de tipo positivo, abogados, filtradores, y otros “objetivos probables de gobiernos representativos”… Así lo dice. Una vez que se autoriza la cuenta, todos los datos son destruidos. No cobra por sus servicios ni recibe ayuda del Estado para pagar servidores exclusivos dentro de la U.E. u otros países dentro del marco jurídico del Reglamento de Protección de Datos. Se financia a través de donaciones.
Demasiado bonito para ser cierto, se me podría decir, e incluso decir yo también… Pues sí, es verdad. Al igual se me podrá preguntar qué tipo de garantías existen de tal certeza. Pues tampoco lo sé. Solo hay un dato que me inspira confianza, y es el que Trump lo ha declarado como “terrorista”. Su administración de tahúres los acusa de “asociación con células de Antifa y otros grupos violentos de extrema izquierda”… Para quiénes no lo sepan, “Antifa” es la denominación que se le da a los movimientos políticos o sociales, descentralizados e independientes, que se oponen al avance del fascismo, el racismo, el negacionismo, y a la extrema derecha violenta.
Es, por lo tanto, de toda lógica que Trump y sus secuaces le hayan declarado la guerra e intenten cargárselo por todos los medios. Ya están los carteles del “Wanted” puestos en las oficinas de sus sheriffs. Es normal que le hayan colgado la diana y sea uno de sus objetivos… Y por eso resulta normal igualmente que a un servidor le haga “tilín”, “dentro de un orden”, como decía y repetía mi añorado amigo Rafa Baeza. No tanto por la tendencia como por la sensación de libertad que un territorio así te puede brindar en aquello que haces, sin que tú, tus datos, tus gustos y tendencias, tus fortalezas y debilidades, sean vendidas al mejor postor de las multinacionales y oligarquías económicas y de medios que ya nos controlan; esos Grandes Hermanos que ya saben quiénes somos, dónde estamos y cuántas veces defecamos… Así que, ustedes hagan lo que quieran, son libres de no ser libres, pero yo voy a investigar esa posibilidad. Ya les digo: el mejor certificado (para mí, claro) es que el mayor amoenemigo de la humanidad, Trump, no le guste un pelo de panocha, como es el suyo. Con eso me basta y me sobra. Ya veremos…
Una de las muchas cosas delirantes de las que se le acusa, entre otras alucinaciones y barbaridades, es que están en connivencia con el “grupo antifascista de Portland”, que difundió “nombres de agentes del Cei” (su grupo paramilitar de camisas pardas)… Pues, óigan, ¿qué quieren que les diga?.. Eso es como si en la Alemania de Hitler, un movimiento ciudadano se encargará de quitar el antifaz a sus asesinos callejeros de las SS… Para el régimen nazi, claro, sería una ilegalidad, pero yo lo veo como un acto de resistencia a la brutalidad protegida y amparada por la injusticia de la tal “legalidad”. Precisamente. Así que…
Hay otro detalle que me hace pensar en su favor… y es que esta nueva denominación congela toda infraestructura económica, incluyendo vías de acceso a sus propios fondos y donaciones que provengan de Visa y Master Card (la American Express ya no es lo que era)… Eso mismo hizo el gobierno de Clinton, como también el de Obama, por cierto, contra Julien Assange y en el caso de Wikileaks… Toda otra información, ya digo, está sacada de la fuente citada al principio de este artículo, y lo único que me permito hacer – tampoco puedo otra cosa – es compartirla con los que me siguen, por si igual participan de mi gusanillo. Nada más.
Sin embargo, reconozcámoslo, tiene su cosa… Si, a un suponer, este humilde escribidor que les cuenta, se adscribe a esa plataforma, y, claro, fuera admitido… de momento me convierte en “terrorista” a los ojos de los verdaderos, auténticos y genuinos terroristas de pata negra. Imagínense. Como aquél viejo y franquista T.O.P. (Tribunal del Órden Público), que te metían en la trona por tan solo expresar lo que opinabas o pensabas en voz alta. En el momento en que Vox acabe de deglutirse al PP, y acceda al poder, es muy posible que ese Cie de Trump se exporte a España, con ese u otro nombre. Son los hechos lo que importan, no las etiquetas.
Los frascos así etiquetados son los que compramos tan irresponsablemente sin fijarnos en la ponzoña que contienen… O a lo peor sí que la vemos, y lo que queremos es suicidarnos dándole matute a la Democracia, e inaugurando una nueva Dictadura, quién sabe… Yo, a veces, lo pienso, aunque no quiera creerlo. Y veo que la gente, como cuando el nazismo, jalea y apoya su advenimiento con una ignorancia patológica. Y parece no importarnos un jodido rábano. Pero, bueno, ya nos importará, o les importará, a los que nos vengan detrás, y se sabrá lo que vale un peine. Yo tan solo espero y confío en no tener que verlo.
Hoy solo dejo en el aire una posibilidad que desconocía, con sus probables implicaciones y/o complicaciones, pues puede que también… Y esto me recuerda a una frase, no estoy seguro si de Hemmingway, en la que expresaba algo así como “los grandes cambios de la Historia se producen por multitud de decisiones personales”… Una gran, enorme, verdad, que no terminamos de ver ni de creer, porque nos cuesta mucho valorar; y es que para eso hay que pensar. Y las sociedades actuales que formamos todas las personas ya estamos pensadas por ellos. Y se nos ha colocado en el camino de la dehesa en la que pastamos el forraje con que nos alimentan. Lo demás, ya es coser y cantar.
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com www.escriburgo.com
