

Pocas definiciones se han desvirtuado tanto como las políticas y los políticos… Todo el mundo conoce la raíz: “polis”, del griego Ciudad, pero nadie parece querer saber la causa de su degeneración semántica. Política define la relación entre esos ciudadanos y “políticos”, cuando, en realidad, deberían de ser los propios ciudadanos; los que habitan esa “polis” o ciudad. Y así debió de ser al principio.. Hasta que esos mismos ciudadanos decidieron elegir de entre ellos a los más sabios para que dictaran las normas, o leyes, para su convivencia. De los más sabios, pasaron a los más despabilados, y de ahí a hacer una aristocracia de mandantes y mangantes, todo fue coser y cantar.
Por eso que la primera usurpación del significado de la palabra fue el invento de la “política”, pasando el poder de los ciudadanos originales a los políticos actuales… Aclarémoslo con un ejemplo: el lechero no es el que hace la leche, que la hace la vaca. El primero la ordeña de su ubre, la manipula, la agua si es menester, la mide y envasa, y la vende al consumidor (la gente). La auténtica hacedora de leche es la vaca, no el que le roba el nombre y se hace dueño de la leche, y que, si acaso, debería llamarse “ordeñador”, pero no lechero… Pues exactamente lo mismo ocurre con los políticos, que manipulan y venden la política que toman de los ciudadanos, que son los mantenedores y productores.
Lo que pasa es que, a estas alturas del cotarro, ya a nadie se le ocurre plantearse esa cuestión en puridad, ni tampoco en autoridad… La tal “Auctóritas”, que en realidad emana del latín “auctor, esto es: actor, o autor, deviene de la ciudadanía, del propio ciudadano, no de los que le dictan por delegación. Ese es el ordeñe de la leche que produce la vaca, pero que no los convierte en productores, sino en recolectores, en administradores de esa leche que no es suya, pero que han terminado por monopolizarla, acabando por vendérsela a las mismas vacas, haciendo pasar por el engaño de que ellos son los lecheros que hacen la leche, como los políticos hacen la política.
Bien se sabe que la Historia nos enseña un largo camino desde aquellas aristocracias impuestas por la fuerza de las armas, o de las quijadas, a las democracias, o pseudodemocracias, actuales, pasando por monarquías hereditarias de derechos y siervos, por la gracia de Dios, o de la costumbre, o de la tradición, de todo pelaje, compostura y condición. Luego se convirtieron en parlamentarias conservando el ordeñe en el mejor reparto de la leche…Pero siempre, siempre, bajo el batutaje de los amos de la ubre, sin que la vaca cuente en sus decisiones para nada. Lo de las polis, políticos y políticas es exactamente lo mismo a lo largo de todo el tiempo desde que el ser humano tuvo conciencia de ser hasta ahora, que sigue sin tener conciencia de lo que supone el ser humano.
Se me alegará que, hombre, sí, vale, de acuerdo… pero que, con el advenimiento de los sistemas democráticos y todo eso, lo cambia todo. Que ahora el poder emana del pueblo, igual que la leche de la vaca y el huevo de la gallina, y que ya no hay hueveros… Craso error. El único país que conozco que se acerca a esa verdad es Suiza. El resto, en mayor o menor grado, siguen dando el cambiazo, y han hecho todo un arte del tocomocho… Los que más presumen (como nosotros) le eligen por anticipado al ciudadano lo que éste ha de elegir, por – mal – ejemplo. Son democracias pre-secuestradas por oligarquías económicas de poder que hoy amenazan con expandir en todo el mundo una dictadura global; un sucedáneo de libertad del que bien nos ilustró Aldoux Huxley.
La democracia, en realidad, está tocada del ala, y han sido los mismos políticos los que se han cargado la política y confundido a la vaca de que ella no produce leche, sino que la compra. Los ciudadanos acudimos a las urnas a verificar un sistema hurtado y somatizado por nuestros cada vez más mediocres, pero tiranos, políticos… Somo como las gallinas que les ponemos el culo y los huevos, y me perdonen el escatologismo, pero es puro y duro realismo.
Hoy, el hacer política, es el arte de llenar la mochila de uno llenando los bolsillos de los de la banda. Y el político es el ciudadano que se busca una buena salida a través de la dudosa carrera de la política… Ni siquiera hace falta tener un máster, tan solo estar bien situado habiendo sabido tocar los lereles adecuados… Ni siquiera ya conservan la etiqueta de “mediadores”, puesto que ya solo son “depredadores”. Depredadores de derechas y de izquierdas, no hay diferencias notables. Incluso el cuento de las ideologías se ha convertido en el de las barrigas vacías. Solo llegan a la política para llenarlas… La corrupción no tiene patria, ni color, ni bandera; tan solo que un buen colchón.
Así las cosas en la Granja de Georges Orwel, pero sin rebelión alguna en “polis” ninguna… Vacas, cerdos, gallinas, todos alterados por unos medios desinformativos comprados, que tan solo usan para anunciarnos el forraje de los apriscos; y los pastores acusándose mutuamente de lobos sin necesidad de piel que los disimule, ya que los animales de La Granja toman partido ciegamente por cualquier zorro que asalte el gallinero sin preguntarse lo que está haciendo… lo que estamos haciendo… o deshaciendo.
Somos los teloneros de los políticos. Esos señores que se ponen detrás del robaperas de turno que perorata, con caras de sonrientes asentidores, y palmeros seguidores… A veces ponen a los del segundo o tercer escalón en línea, que son los que aspiran a sacar tajada… Y cuando no, entonces nos colocan a los representantes de los del tajo, a los valedores y avaladores de sus embusteras verdades. No solo nos han suplantado, y se han convertido en la “polis” toda, sino que se atreven a asegurar que trabajan por y para nosotros. Falso. Ellos cada vez viven mejor, y nosotros cada vez vivimos peor; a ellos les sobra todo lo que a nosotros nos falta, pero aún tienen la santa barra de robar el dinero público secándole las ubres a las vacas flacas, mientras a las gordas las engordan y le ponen música en sus establos (miren la “justicia” distribución fiscal)… Ellos son los políticos, y nosotros los piojosos crédulos…
Miguel Galindo Sánchez / www.escriburgo.com / miguel@galindofi.com
