SENSACIONES

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En un artículo que leo por ahí, me encuentro con una pregunta que anda suelta en el trajín de su texto, como desubicada, como un algo caído de un cielo de letras: “¿Somos autores de nuestra vida, o solo somos sus observadores?”.. Pienso: si somos lo primero, es que somos conscientes de nuestro rol en este mundo; de alguna manera, mejor o peor, tomamos nuestras propias riendas, y nos las vemos con el resultado de nuestros propios actos, cara a cara, sin paliativos… Y si somos lo segundo, entonces es que algo “nos vive” en vez de vivirnos nosotros, que solo miramos a nuestro propio ombligo, que es el “ourobouros” de nosotros mismos.

Se puede ser un observador pacífico de sí mismo. De hecho, algunos guías de la meditación lo aconsejan. Es el externalizarse de uno, el salirse de nuestro ego-centrismo y mirarnos desde fuera, como desde una ajenidad terapeuta… Sin embargo, yo me pregunto: ¿y eso qué mérito tiene?.. aún a riesgo de estar diciendo una tontería, que seguro que sí. Me supongo que es más responsable firmar los actos, bueno o malos, de nuestra autoría, que mirarlos en la distancia, como si uno no fuera con ellos. No sé si habré sabido explicarme. Yo pienso que la lejanía puede ser un lenitivo que te relativiza, y es cierto, pero también es verdad que te puedes perder por el camino, ¿no?.. ¿Hasta qué punto somos responsables de nuestros propios actos si nos sentimos ajenos a nosotros mismos?.

Esa, y no otra, es mi duda razonable. ¿Cómo se puede adquirir la experiencia?, ¿obrando u observando?.. Es como convertir a tu “yo” en un tercero, o algo parecido. Sin embargo, llegado el caso, resulta más cómoda y gratificante la observación que la acción, pues te parece que estás protegido, que no arriesgas nada mirando, aunque sí actuando… Así que mejor me quedo en el camino de en medio, al menos de momento, y hasta más ver. Pongo un ejemplo práctico: voy conduciendo en suelo urbano buscando dónde aparcar. Delante llevo una persona que me va a pisar el que hay libre, pues ha parado y puesto el intermitente derecho. Efectivamente, pero no se mueve, pero está parado, sin hacer nada, y empiezo a inquietarme, o mejor, a cabrearme. Me bajo del coche visiblemente enfadado…” ¡Qué pasa!”, “Que voy a aparcar”, me contesta tranquilo… “¿Dónde, en mitad de la calle?”, le suelto exasperado.

El hombre aparca con lentitud, con parsimonia; le miro al pasarle con visos de querer cargármelo, y él junta las palmas de las manos en un gesto de pedir disculpas… El procesado interno posterior, ya calmado, tras eliminar el veneno acumulado, visualizado por repetición, revivo mis sensaciones de frustración y los sentimientos negativos que me producen, pero también mi apaciguamiento tras el gesto, y de inmediato, el arrepentimiento íntimo de sentir lo sentido, y el reflujo amargo deja en mi ánimo… Si todo el proceso lo hubiera vivido en modo visualización externa, no habría experimentado la rabia, el apaciguamiento ni el arrepentimiento; todas ellas emociones necesarias para analizar los propios sentimientos, a los que estamos sometidos todos los humanos en esa nuestra vida del párrafo inicial en la que se preguntaba si somos actores o espectadores de ella. Es una reflexión que deberíamos hacernos todos y cada uno de nosotros.

Aunque hay un matiz que me gustaría añadir a ese planteamiento: dice textualmente: “…de nuestra vida”, en singular, y yo me planteo otra pregunta complementaria a esa: ¿por qué no “nuestras” vidas?, o nuestras muchas, muchísimas e incontables vidas.. Es que, visto lo visto, si nosotros venimos a ella (la vida) a sacarnos punta a nosotros mismos, a perfeccionarnos, y “a ser como Dios manda”, está muy claro que, con una sola, ni con algunas más, tenemos tiempo para lograr semejante hazaña. Se nos quedan más cortas que las mangas de un chaleco. Yo me moriré y seguiré queriendo estrangular al que habla en alaridos por el móvil cosas que ni me importan ni quiero escuchar. No, no tenemos bastante, se nos queda escasa.

Así que me pregunto qué entendemos por Vida… Mi creencia personal – es tan solo que una opinión, no un dogma – y es que supone una pequeña, puede que minúscula, parte de la Existencia, y que esas existencias, que yo las pienso como eternas, pueden albergar un número infinito de vidas, que se apagan y se encienden, corrigiéndose a sí mismas, incesantemente, como las estrellas del cielo… Solo así podemos llegar a abarcar la perfección humana dentro de la divina. Soy consciente que esto, dicho así, en corto, requiere un laaargo recorrido, y el espacio es escaso. Tan escueto como el tiempo que dura una vida, en realidad, y dicho sea de paso y porque viene a cuento…

…Y porque viene a ese mismo cuento, se me preguntará, ¿porqué las vidas, entonces, no duran más tiempo?.. Pues quizá sea porque no sepamos administrarnos ese tiempo, o puede que sea porque no soportamos más del que nos tomamos. Es que esa es otra, amigos míos. El tiempo no existe como tal en sí mismos, tan solo existe porque nosotros así lo queremos porque lo necesitamos… y mientras, así mismo también lo creamos. Por lo tanto, esa vida que decíamos al empezar, es apenas que un chispazo en un tiempo sin tiempo, que eso es la eternidad, aunque no nos lo creamos, o aunque no queramos creérnoslo.

La diferencia en el concepto es que los que dicen no creer en ello, lo suponen una oscuridad, un abismo, un caos, una nada… Y otros lo suponemos conocimiento, porque nada puede nacer de la nada (es un principio físico, no filosofía barata)… Y eso es todo. Tampoco hay más. Vivir, en definitiva, es la oportunidad que se nos da para darnos cuenta de esto mismo. La chispa nos viene incorporada, pero la forma nos la moldeamos nosotros. Hay quién lo hace a través de la religión, o de la filosofía, o de la ética, o de la lógica, o de la observación de la naturaleza, o de la ciencia, o del gnosticismo… y no es otra cosa que encontrar lo que habíamos perdido.

He titulado este artículo como Sensaciones, porque la sensación es lo previo al sentimiento; como el sentimiento es lo que nos empuja al conocimiento… Así, en grandes rasgos, y sin más florituras. La sensación que a mí me produjo el leer esa corta frase es la que ha desarrollado todo lo demás escrito aquí… Así es como funciona. Por transmisión, más que por iluminación; por evolución, porque una cosa lleva a la otra, y porque no podemos, no debemos, abandonar el rastro una vez encontrado el camino; un camino que desemboca en muchos caminos.

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.