LA OTRA CARA

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Llevo escrito tres o cuatro artículos sobre el asunto de Ceuta, y quizá deba ser el momento de parar… Todo tsunami, al final, tiene sus secuelas, y éste traerá su cola también. Ya lo veremos. Sin embargo, tanto los medios como los comentaristas de mesatertulianos, tantos como cadenas de televisión hay, se han (nos hemos) cebado con la cuestión sociopolítica, y con todos y cada uno de los que conforman esa triste, e infausta por impotente, fauna de políticos en activo, pero hemos ido dejando de lado, deliberadamente o no, el aspecto humanitario de la cuestión.

Porque humanidad es tanto los que allí residen como los que por allí vagan errantes, o están confinados en improvisados campamentos insalubres, en situación de ser devueltos… Los segundos, aún sin proponérselo, aportan miedo e inseguridad a los primeros, y eso se puede llegar a entender. Ni yo, ni nadie de los que hurgamos en esto, podríamos asegurar lo que haríamos cada cual si nos viéramos con hambre y rechazados, y perseguidos como animales. Lo que pasa es que no nos ponemos en ningún pellejo más desgraciado que el nuestro; como tampoco en los motivos que les empujan a hacer lo que han hecho. Ese es el aspecto humano al que me refiero, y que no deberíamos pasar por alto ante nuestra indignación por lo que menos dignidad tiene.

Pero nadie habla de los 141 muertos constatados entre la avalancha y los ahogados (se saben que son más, pero desconocidos a la vez que ignorados). Sí de un chaval de 16 años que ya estaba allí y que ha muerto por ser diabético y falta de atención médica, y algún medio hay que lo ha citado como “un asaltante menos, muerto por hipoglucemia”… Nadie habla de los muertos que no son españoles, como si los muertos no fueran todos iguales; como si un residente no fuese tan ser humano como los desesperados que intentan escapar de una vida de horror y escasez. Ni queremos saber los porqués tampoco..

Entre ellos se encuentras niños y muchachas jóvenes y de corta edad; gente que, por su debilidad, son las víctimas más proclives a pagar el pato, incluso entre sus mismos paisanos, por querer vivir privados de una familia que no los puede alimentar. Muchos también mueren en ese intento… “Para comprender la muerte, habría que padecerla, y luego, cuando se ha padecido, volver a la vida para contarlo”, escribe Elías Canetti en su “Libro de los Muertos”. Cierto. Pero yo iría más allá: la frustración por una muerte inútil, por el sentimiento de no valer nada para nadie, por la indiferencia y hostilidad con que los demás nos acogen, debe ser pavorosa para los que la sufren. Nadie los va a reivindicar, ni vivos ni muertos… A mí me queda el consuelo – quizá sea solo ilusión – de que tales almas han encontrado, aún sin saberlo ni quererlo, una existencia mejor, y más justa y digna, que lo que este mundo y esta sociedad iba a brindarles, por mucho que lo buscaran tan desesperadamente. No obstante, es triste, muy triste, el desapego que nuestras conciencias aplican a esa clase de muertes, y a ese tipo de dramas.

En esas mismas fechas, al sur de Canarias, apareció un cayuco con 40 supervivientes a bordo. Murieron en la travesía 80 seres humanos, incluyendo un bebé.  A esa trágica noticia se la recibió con un mal disimulado gesto, y poca, muy poca, empatía… “Más a los que acoger y alimentar”; “éramos pocos y parió la abuela”; “hay que empezar a rechazarlos en el mar”; incluso comentarios en redes a tenor de “Ochenta menos. Pocos me parecen”, o el de “que no hubieran venido, anda y que se j…”, cargados de odio y mala voluntad. La deshumanización gana terreno.

El Día de Ceuta, España entera salió a la calle en apoyo de la ciudad autónoma. Me parece bien, muy bien. Pero me parecería mejor, mucho mejor, si hubieran sido manifestaciones espontáneas y no dirigidas y digeridas por una determinada franquicia política (me da igual la que sea) con unos determinados fines políticos que la utilizan como excusa, y no humanos… La masa siempre responde a las manos que la amasan. Sin embargo, no pude ver, entre tanto fárrago, una sola pancarta que recordara esos los muertos, a las víctimas, a los desaparecidos, a los que están pasando hambre y calamidades porque son menos malas que volver a su tierra. Esos solo cuentan como amenaza, no como amenazados.

Incluso, en el paroxismo de la pérdida de papeles, el ya malconocido Arzobispo de Oviedo, lanzó una de sus soflamas llenas de odio y violencia, llamando a las armas para una nueva Reconquista. Lo de Ceuta es tan solo que una excusa para vomitar su veneno xenófobo. Este prelado proclama la limpieza étnica sin contemplaciones ni tapujos… Y, sin embargo, ni la Conferencia Episcopal Española, ni el Vaticano, lo deponen de un cargo en una Iglesia que se supone de principios cristianos. Como siempre digo, y perdonen mi repetición, tan solo es católica, no cristiana.

Pero lo que más me aterroriza es que, como ese pésimo arzobispo, opinan millones de ciudadanos, tanto creyentes (no sé en qué) como increyentes… Hay quiénes lo dicen y lo gritan a los cuatro vientos, como los hay que lo piensan y participan de ello pero lo callan, como los hay que prefieren no pensarlo y mirar para otro lado por pura comodidad o cobardía… Esta es la otra cara de la moneda ceutí, a la que no se quiere mirar de frente. Y afecta, no solo a España, sino a toda Europa, y en especial a los países mediterráneos. Un mar cerrado que se ha convertido en un inmenso cementerio para decenas, quizá centenas de miles de estas personas; una gigantesca fosa de seres humanos que constituye una pavorosa tapadera bajo la que esconder nuestra vergüenza e indignidad colectiva… Y es hasta tal punto, que nos comemos a los peces que se alimentan de sus cadáveres. Literalmente. A ver cuándo salimos a la calle para ventilar todo esto. Ya va siendo hora.

Miguel Galindo Sánchez / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com

Escriburgo

Durante 30 años fue vicepresidente de C.O.E.C.; durante 20 años Juez de paz; durante 15, Director de Caritas... Es autor de cinco libros. - Ha fundado varias ONG's, y actualmente es diplomado en RSC para empresas; patrón de la Fundación Entorno Slow, y Mediador Profesional.