

Vivimos una época de «tonto el que no se tatúe», con personas que se ocultan casi totalmente bajo la capa de mil y un dibujos. Se ha hecho viral en muy poco tiempo. Tan poco, que no ha dado márgen a que se compruebe científicamente si su uso masivo y exagerado puede tener resultados en el organismo físico.
He aquí un reportaje que define a lo que nos arriesgamos con el exceso… La tinta grabada en la epidermis va más allá que de propia piel, según esos estudios. Creo que deberíamos hacérnoslo mirar.
«Es que antes se tatuaba la gente», se dice muy ligeramente… Sí, los marineros y los legionarios, y un solo símbolo, no toda una pinacoteca repartida por todo el cuerpo. Parecemos una exposición con piernas.
Miguel Galindo Sánchez / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com

