
Cuentan las crónicas que, un día, Dios quiso mostrarse al mundo, y entonces bajó poniéndose el disfraz de la Casualidad, y mostrándose a la gente, les iba preguntando…
Unos agradecían los casuales favores que les deparaba la vida; otros se quejaban de las desgracias y su mala sombra; los que sabían achacaban cuánto existe al azar; los que no sabían, hablaban de suerte, buena o mala.
Así que Dios se mostró tal cual era, despojándose de su ropaje, y diciéndoles: “Yo soy la Causalidad, no la casualidad, y me conocéis por el falso ropaje con el que me vestís. Pero yo soy la causa de todo lo que vosotros vivís por vuestros propios efectos”…

Miguel Galindo Sánchez / www.galindofi.com / miguel@galindofi.com
