

No hace mucho que a Mario Draghi le concedieron el premio Carlomagno en Aquisgrán. Galardón que se otorga a todos los estadistas que se han consagrado a hacer Europa… En su discurso soltó algo que no debería pasar desapercibido: “Europa corre un gran riesgo, y es el de acabar convertida en un simple espectador” (o espectadora, no sea que me corrijan). Europa es el nombre de una diosa, por lo tanto, femenino; pero no deja de ser un continente, masculino también por lo tanto.
Pero aparte de esa chorrada – a mí me da igual lo uno que lo otro – un hombre de su talla, que la conoce muchísimo mejor que muchos políticos, cuando dice que “corre el riesgo”, es que el riesgo, como el Logos de San Juan, se ha hecho carne y ya habita entre nosotros… Esto es, que ya se ha convertido en un simple y anodino espectador. O espectadora. Abandonada y atacada por Trump, amenazada por Putin, y traicionada por una parte de sus países miembros, parece más la desunión europea que la U.E.
Sin embargo, aún podría ser peor… Ser espectador, aparte su inanidad, por supuesto, no deja de ser una postura un tanto cómoda, pues se limita a ver el espectáculo y aplaudir o abuchear a los que cardan la lana, que son los actores reales… Pero eso tiene un peligro más que real, y es que, en su debilidad, sea fagocitada por los bloques que se perfilan como de mucho cuidado: EE.UU., China o Rusia, si bien esta última, es tan solo que una intuición, la veo más débil que la otra pareja.
En su alocución, también dijo que “Europa está cada vez más sola”, y, para mi gusto, tendría que haber rematado la jugada con un añadido: “…de sí misma y en sí misma”. Su pasado glorioso lo defendían y mantenían tres países poderosos: Alemania, Francia y Gran Bretaña. Ésta última se hizo el hara kiry con el Bréxit, y desde entonces no levanta cabeza, con un Starmer ya dimitido, de un laborismo hundido, también su economía, y los fantasmas del pasado renaciendo en una ciudadanía decepcionada. Tampoco Francia levanta su cresta de gallo, con un Macron que va como un pollo sin cabeza, de palo en palo del gallinero, y que ni siquiera ha podido sacar adelante su único de la reforma de las pensiones… Y Alemania, con el motor de su economía gripado, ya no es la locomotora europea, pues ha triplicado su gasto en defensa, porque se huele la mascada que nos viene, empezando por su patio; y a un Mertz que le crecen los enanos del viejo nazismo.
Así está Europa en la actualidad. Antes había un trimotor y una serie de comparsas a su rebufo, pero ahora ya todos somos comparsas en manos de un ruso que nos odia, un americano loco, y un taimado chino… Y lo que es peor, mucho peor, que no está cohesionada, ni fiscalmente, ni culturalmente, ni defensivamente, porque la Otan está hipotecada a Trump, y, políticamente, cada vez le aparecen más Orbans que los que desaparecen; los peores sucedáneos de un populismo nacionalista y disgregador… No es pesimismo, no, es como pinta la cosa, salvo, claro, que empiecen a producirse milagros gracias a San Pedro en Roma y a Santiago en Compostela.
Ahora mismo Bruselas apenas mantiene el tipo, cierta capacidad – poca – de dignidad ante los ladridos de los perros rabiosos, pero también se notan sus descosturas y debilidades (véase la vergonzosa y humillante bajada de bragas ante los afganos); y cada vez tiene menos poder para afrontar las dificultades geopolíticas del mundo actual… Y yo me barrunto que eso mismo puede ser la causa de las enormes cantidades de ciudadanos que, en sus respectivos países, están cada día más y más captados por la extrema derecha más meinkampfista. O así me lo parece a mí.
Mientras tanto, al mismo tiempo que esa todavía U.E. explica que quiere sumar e incorporar a nuevos socios, que debería ser como un mensaje de esperanza, se afana en encontrar un mecanismo de cohesión que le permita transitar hacia un modelo que, fuera de lideratos, las decisiones puedan tomarse colegiadamente desde una mayoría cualificada… Eso suena bien, pero es como la orquesta del Titánic: que siga el baile mientras queden músicos. La dificultad estriba en que no hay entre los veintisiete, pilotos capaces de llevar el barco a buen puerto en tiempos tormentosos como estos.
Y en el camarote España de ese trasatlántico europeo, con el Estado del Bienestar crujiendo en sus cuadernas, como también en muchos países de Europa, tampoco es ajeno a las llamadas de las sirenas gamadas, susurrando al oído de la gente lo que la gente quiere oír, aún a sabiendas que no lo van a hacer – tan solo tomar el poder para no soltarlo, tal cual hizo Hitler – y a otra cosa, mariposa…El panorama no es muy estimulante que digamos: un Psoe que va de tropezón en tropezón, que si llega a las generales del próximo año será un portento de la naturaleza, paralizado por un cesarismo sanchista que le impide una regeneración natural y la emancipación de sus rémoras… Y un PP descentrado, inmoderado, desquiciado, y sin un discurso diferenciador de las hordas de su extrema ultra, dejándose fagocitar por ella.
Y todo por la ceguera suicida de no formar una coalición de los dos principales partidos, que los libere a ambos de sus cadenas cainitas, y le den al país el impulso que tanto necesita… Es tal su odio mutuo, que les impide ser mínimamente racionales. Es más en lo que coinciden que en lo que no (de hecho se diferencian mucho más con sus extremos), pero, en su ciega ruindad, son capaces de perjudicar gravemente a ese mismo país de cuyas ubres maman, con el fin de no ver lo que tienen tan claro ante sus ojos… Antes de ser víctima el uno del otro (que tampoco sería positivo) prefieren ser verdugos del pueblo que los padece. Por muy merecido que sea tener los políticos que tenemos… Que eso también.
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com
