
Hay una conocida frase que aparece en Blad Runner, en la que el replicante dice “todo esto, tanto lo bueno como lo malo, desaparecerá como lágrimas en la lluvia”… Es muy cierto. Todo pasará, aunque quizá no de una forma tan poética como lo describe. Me ha venido a la memoria la tal frase porque acabo de enterarme que nuestro sol tiene fecha de caducidad, y con él, toda vida incluida la raza humana, claro, pues la vida en nuestro planeta depende de esa estrella. Pero es una ley universal irreversible: “todo lo que tiene un principio, igual debe tener un final”. Esa es la mala (¿?) noticia. La buena, si es que lo es: que se prevé que ocurra dentro de cinco mil millones de años, esto es, que le pillará a otros…
…O no. Puede que seamos nosotros mismos con otra pelleja sobre nuestros trillados lomos. No se puede descartar. A pesar de eso, puede parecer que aún nos queda margen… pero, ¿para qué?, ¿para cargárnoslo nosotros antes de que le llegue la fecha del remate?.. Y, aún con eso, tampoco es tanto, si tenemos en cuenta que este mecano se montó hace 14.000 millones de años, calendario arriba, calendario abajo. Si lo pensamos bien, tan solo nos queda un tercio de la batería, con suerte, claro.
Dentro de esa magnífica estructura, el ser humano, como factor determinante, apareció hace la pizca de 300.000 años… Esto es, matemáticamente hablando, un 0,00002% de su tiempo total. Una insignificante ridiculez. Si aún le añadimos los cinco mil millones de la prórroga prevista, aún sería muchísimo menos. Y si le sumamos la nadería de nuestra vida personal sobre sobre este artefacto, pongámosle un siglo siendo optimistas y por redondear, nuestra inanidad resulta espantosa. Naturalmente, el increyente (no creo en los ateos) se preguntan a qué viene tan desproporcionada parafernalia para un insignificante y efímero insecto pensante.
Y no les faltaría razón del todo, en modo alguno… Pero es posible que sea esa aparente paradoja la que encierre la clave de bóveda. En la creación (cada cual lo llame como quiera) todo, absolutamente todo, tiene un propósito, un objetivo, un porqué, y esto que digo no precisa de fe alguna, tan solo lógica, puesto que se demuestra a través de la física quántica. En consecuencia, nosotros también lo tenemos, y más cuándo, para ser el fugaz escarabajo que somos, se nos ha dotado de consciencia y personalidad propia. La única criatura que tiene conciencia de sí misma, y que por eso utiliza su libre albedrío… Y digo yo, no sé, que eso tiene que ser por algo y valer para algo, que se deberá a algún motivo, a alguna causa que se nos escapa.
Por supuesto, yo no puedo precisarle a los que me leen los objetivos de ese… llamémosle “protocolo”, para entendernos… Me barrunto que tenemos un par de vías: la personal y la colectiva. Cada uno se arrima al tajo (mejor definido es se baja al destajo), con un fin y objetivo, con un propósito personal. Y todos como comunidad humana, con uno en general. Y creo, por puro sentido lógico, que el segundo no se logra si no se consigue el primero. Esta es la base de todo. Las naciones, religiones, sociedades, culturas y corporaciones colectivas se levantan con los ladrillos individuales que somos. Por eso que sigo repitiendo lo mismo de siempre:
Mientras no mejoremos nosotros, todos y cada uno de nosotros, como personas, no mejoraremos la sociedad ni el mundo en el que vivimos. Y lo que es aún peor: empobreceremos el planeta en el que habitamos… El estado de las cosas hoy no es más que el reflejo de lo que somos. De lo que cada cual es. Si existe la pobreza es porque somos mezquinos con el prójimo. Si hoy existe desigualdad, es porque somos más ruines que generosos en nuestros planteamientos. Si existe la injusticia es porque solo la entendemos para con nosotros mismos, no para los demás. Si aún existen los genocidios es porque aún somos más Caín que Abel. Si no hacemos la paz es porque somos ambiciosos y belicosos: nos ponen una bandera ante los morros y compramos patrioterismo por patriotismo.
“La vid es mucha, pero los obreros son pocos”, dijo crísticamente aquel palestino asesinado hace más de dos mil años (el que sepa entender, que entienda)… No es que falte la mano de obra, es que falta la honestidad y actitud en la mano de obra, que no es igual. Y el tiempo de la madurez de la uva se acaba: cinco mil millones de años, o sea, un par de días en el reloj cósmico. Y nosotros, los recolectores, no terminamos de aprender nuestro oficio aquí. Venimos a la viña cada vez más obtusos y cerriles. Y así nos va… Un sabio me dijo un vez: “el alumno tiene infinitas posibilidades, pero el aula tiene fecha de caducidad”.
Tengo buenos amigos que me dicen que puedo llegar a deprimirlos… Bueno, eso es una postura del ánimo, nada más. Pero es tan solo que una exposición de unos hechos concretos; si no son tan positivos como uno querría, tampoco es culpa del relator. En un muy antiguo cursillo de corresponsal de prensa que hice, hace la caterva de años, se me indicaba: “que el optimismo no te tape la realidad”, y no era una oda al pesimismo, si no que el segundo solía disfrazarse el primero, y había que saber distinguir al realista de entre esos dos falsos acompañantes, no sé si me explico…
También he accedido a un dato verídico: “más de la mitad de lo que vemos en Internet está producido, en parte o en su totalidad, por la IA. Se le conoce por AI Slop”. Lo espeluznante es que el origen de “cuidar” lo humano se debe a razones perversas, a saber: por un problema que las empresas tecnológicas han bautizado como “colapso del modelo”, y consiste en que estaban alimentando sus IA con material producido por otras IA, lo que no solo aumentan los sesgos, si no que, encima, las hacen repetitivas, ecos de sí mismas, como en un juego de espejos… Así que las grandes tecnológicas, que nos hacen orbitar alrededor de ellas, se han puesto a “preservar” lo humano, para así, de esa forma, seguir alimentando a sus monstruos. Nosotros somos su comida, para que lo entiendan.
Por lo tanto, y a lo tonto, una vez que acabe el ciclo del que hablaba al principio, si el Hacedor no dispone otra cosa, ese homínido que tanto prometía cuando empezó su curso, va a terminar perdiendo su inteligencia natural porque se está transfiriendo a una que es ajena, y puede llegar a ser su competidora, y hasta su enemiga: la artificial… Alguien que no recuerdo escribió: “Nadie se acordará de nosotros cuando hayamos muerto”.. ¿Y para qué?.. mientras nos acordemos nosotros allí dónde estemos…

Miguel Galindo Sánchez / info@escriburgo.com / www.escriburgo.com
